Tuesday, June 17, 2014

Los caminos de las vidas

Y si algunos individuos de esta sociedad evolucionaran de esa forma? Al llegar a los, digamos 35 o 40 anos, sufrieran lentamente una metamorfosis a lo largo de un par de semanas hasta convertirse en algo completamente opuesto a lo que eran. Así, un hombre mujeriego y parrandero, un motociclista desenfrenado, un alcohólico degenerado, un perro negro, aceitoso y callejero de pronto un día, sin previo aviso, aunque programado genéticamente desde su nacimiento, se sentiria algo mareado y caería, incapaz de sostenerse en pie, en cama, sabría que su tiempo le ha llegado, no se lo creería, intentaría convencerse de que es cualquier otra aflicción, pero por pena o sufrimiento dejaría de contestar las llamadas de su tropa alcoholisaurica y de sus múltiples amantes y se refugiaría en el silencio y en la autocompasión. Llanto convulsivo, Pechos grandes, desparramados y algo arrugados le crecerían caídos y con los pezones apuntando al ombligo y unas caderas anchas y pesadas formando varios pliegues en su orografía le saldrían a los costados, Vómito nasal, Piernas con varices incipientes y dolores estomacales cada mes, ahora tendría que usar lentes de fondo de botella, -Lero lero, vieja gorda le gritarían los niños a los que algún día les pateo intencionalmente el balón de fútbol al terreno baldío protegido por cinco Rottweilers, También cambiarían sus motivos, sus objetivos, sus aficiones, una irremediable atracción por telenovelas y chismes del corazón se apoderarian de él (de ella?) y le dejaría de gustar la salsa picante y la cerveza que sustituiría por galletitas de mantequilla espolvoreadas con azúcar y leche. Fútbol, The Ultimate Fighter, qué diablos es eso? -Te lo advirtieron y a ti te valió madres- Ella misma se lo recordaría, -Serás completamente diferente, y aunque no lo creas te gustará-. Convertirse en el enemigo, por lo menos en lo que más se despreciaba. En ese entonces se cagaba de risa, -Esas son mamadas, no conozco a nadie que…- se abotonaba los pantalones y salia sin remordimientos del apartamento de una chica llorando de rabia, esquivaba alegremente los objetos que ella le lanzaba. Pero ahora, y de hacer de esta suposición una realidad, ya transformada por completo en otra persona verá en su ropero los sucios atuendos de aquel motociclista del infierno y no le causará nostalgia sino una fuerte sensación de extrañeza, como la de haberse despertado de un incongruente sueño, tirara el 80 por ciento de sus posesiones, desde el principio ya eran basura, conservará la crema de afeitar y los rastrillos, antes para la cara ahora para las piernas, otros artículos como cajas de cigarros, 35 litros de alcohol, paquetes de condones, discos de heavy metal y una colección de ropa interior femenina usada (de talla microscópica y demasiado reveladora para su gusto) serán donados, buscará un gato en donación para hacerse compañía y se aficionará por la cocina y los juegos de lotería los domingos en la tarde en la plaza del barrio. Los mismos niños le apedrearán las ventanas y tendrá que llamar a la policía, –Ahora es una vieja barrigona, ahora corre como niña y no nos alcanza- quien entre risitas y bromitas burlonas le ayudaran a apaciguar a los mocosos. Venderá la moto por una miseria y borrará del celular 239 contactos de mujeres jovenes, cachondas y rebeldes con todo y decenas de fotos y videos de ellas chupándole la verija. Se tocará la entrepierna y solo encontrará una superficie plana y ensortijadamente peluda, se sentirá esterilmente contenta. Volverá a visitar a su mama y hasta le pedirá perdón. Le llevará una canasta llena de pan de dulce que devorarán las dos juntas. La mamá la abrazará y le comenzará a enseñar a tejer. Con un poco mas de confianza en su nueva e inofensiva naturaleza confesará: Inconscientemente estuve deseando que te tocara la metamorfosis, esperé este día por mucho tiempo Rigo, Amanda mamá, ahora soy Amanda Gobea, Y las dos morirán de risa y seguirán tragando pan mientras tejen. Caminará por la calle por la tarde en una falda larga de patrones florales y una blusa morada que le estrangulará los senos cada vez más grandes, La gente se dirá “Ahí va ese desgraciado, el que emborrachó y se cogió a tus primas la Eloisa y la Eugenia te acuerdas” y las mamás le advertirán a sus hijos señalándola furtivamente que de portarse mal la metamorfosis les tocará y los condenará a cambios drásticos y difíciles de conllevar. Les dará una lección como a ese patan borracho del Rigoberto. Y los niños asustados intentarán portarse bien y hacer sus tareas. Sus amigos le dejarán por completo de hablar, menos el Cucaracha y el Moribundo que ahora se la querrán coger y le pellizcarán las nalgas en el mercado de la plaza (actividad vagamente familiar para ella), otros miembros de la tropa alcoholisáurica también cambiarán de la noche a la mañana, no por la metamorfosis sino por miedo de ella, así la sociedad se reciclará y se llenará de nuevos cristianos y deportistas, hombres amables y atentos con las mujeres, considerados con su prójimo, compasivos con otros seres vivos, primero por miedo, luego por convicción, todo con el fin de revertir las severas lecciones de una posible metamorfosis. Sin embargo no todo habrá cambiado para Amanda (antes Rigoberto), quedará el aprendizaje de lo que fue, las lecciones de la experiencia pasada, un punto de vista que entiende e incluye al punto de vista ajeno. Cambiará sus identificaciones personales y a base de continuas reflexiones se volverá tolerante y un poco más sabia. Y ahí va por la calle la chica de la que un día él se burló, ahora ella la mira con mueca llena de malicia e hipócritamente se persigna. Un tiempo después la gente chismorreará, La muchachita esa, la que se la pasaba en la iglesia disque rezando, la muy hipócrita y resbalosa esa que le encantaba que él Rigoberto se la echara al plato, -cuando se juntaban esos dos no me dejaban dormir- se quejará una viejita, Le tocó la metamorfosis y se acaba de convertir en un viejo calvo y panzón que gusta de toquetear a los muchachos del barrio. Los caminos del señor son misteriosos y no están pavimentados.

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