Sunday, March 15, 2015
A sus 55 años
El incesante goteo de una llave imposible de cerrar, donde cada gota compromete su individualidad para convertirse en una encharcada colectividad, sobre la tierra que implora su cese pero que secretamente añora su continuación. Es la única fuente que da de beber a una pequeña población en las faldas de la sierra. Un anciano ciego sentado en la banca de un parque que golpea sin parar, medio loco medio cuerdo, el suelo con su bastón. Que marca el tempo a una orquesta inexistente que con su música menea las hojas de un peral que lo cobija con su sombra y que lo hace mover los labios siguiendo la letra de una canción distante y muy antigua. Los sordos gemidos de una adolescente que hace por primera vez el amor. Gemidos fabricados de tibio aliento frutal, la dulce esencia que se desprende de un chicle de fresa masacrado por los pequeños y blancos dientes de una joven princesa. Su mano cerrada sobre un pilar de la cabecera, el borde de la cama que choca con el buró. El primer obrero en la construcción, el que llegó temprano y se ha puesto ya a martillar, metal sobre metal para clavar una cuña en la roca y para sembrar de ecos metálicos las calles empedradas de un pequeño barrio que aún no ha despertado. La marcha así avanza constante, los sonidos de las gotas al caer, el bastón del ciego al golpear el suelo, los gemidos de la adolescente y los martillazos del obrero, así quiso quizá una aburrida voluntad cósmica reunirlos en una efímera sesión parlamentaria, para hacerlos coincidir en un sólo sonido constante, un sólo batir intermitente, constituir deliberadamente el sonido de un corazón que late. Nunca nadie sabrá que fueron éstos los elementos que se tuvieron que juntar, y no el desfibrilador que usan los doctores sobre su pecho, para que a sus 55 años, el corazón de Alejandro González volviera a latir.
-epílogo- La efímera sesión llegó a su fin, el ritmo se rompió. Un niño abrió la llave para llenar una cubeta, al ciego le cayó una pera en el hombro que lo hizo interrumpir su melodía, la adolescente llegó al orgasmo, la cama no chocó más contra el buró, el obrero decidió que era tiempo de comenzar a preparar la mezcla, pero a Alejandro, en una cama de hospital, lo acompaña su familia y sus amigos, que entre bromas lo ayudan a tomar agua.
Saturday, August 16, 2014
Simplemente Nigel o El árbol de la vida
Nigel no se suicidó, ni desapareció, no sufrió ningún accidente ni se escondió, tampoco modificó su personalidad o alteró su apariencia física o su vestido de ninguna forma, tan sólo un día se transformó en un árbol. Fue a propósito, fue la forma más coherente que encontró para cumplir su cometido: no sufrir y desaparecer tajantemente de la escena social, tan aburrida y superficial, tan hipócrita y hostil, pero sin rendirse, sin mortificarse a él o a alguien más, o haciéndolo lo menos posible. Suicidio: vulgar y doloroso, hasta cierto punto macabro. Desaparición: triste, traumática, obsesiva. Modificación alguna de su persona: ridículo e ineficaz. Convertirse en un árbol: que forma más original y constructiva de decirle al mundo que se vaya al diablo. Evolucionar, transformarse de pronto en un ser superior, que no anhela nada y que lo tiene todo. Que tan sólo tiene que “estar” para ser feliz. Un día decidió no ir a trabajar, se quedó de pié en el centro del jardín mientras nadie estaba en casa y poco a poco sus pies se enraizaron tierra dentro, cuando sus hijos y esposa llegaron del colegio la transformación ya iba a la mitad. Ellos lloraron pero él alcanzó a decir que no tuvieran miedo, que estaba experimentando una sensación hermosa, más allá de sus expectativas, que había encontrado la respuesta que todos habían perdido, felicidad indescriptible, establa ciego pero ahora podía ver, estaba encadenado pero ahora era libre; sus brazos se volvieron ramas con hojas y hasta flores de diversos colores y su cuerpo entero se volvió un tronco áspero, rugoso y resistente. Al caer la noche la transformación terminó ante la vista asombrada de familiares, amigos y vecinos. Nigel está plantado en el jardín principal de su casa, da sombra diaria a la morada donde vivió, donde pasó su vida de humano. Su esposa e hijos lo extrañan en su formato original, el de padre humano muy cariñoso, aunque estresado y muchas veces depresivo, pero saben que él está ahí y que está mejor que como estaba, aunque de otra forma, en su jardín, y lo aprecian, y lo veneran, y lo celebran, y lo adornan con luces de colores, y están orgullosos de él. Nigel es feliz.
-Epílogo-
Muchos otros han intentado hacer lo mismo, pasan horas eternas de pie en los jardines de sus casas, parques y en los bosques, beben líquidos hechos con clorofila y comen mezclas de resinas con cortezas. Nadie más se ha convertido en un árbol, Nigel lo hizo sin revelar a nadie su secreto.
-Epílogo-
Muchos otros han intentado hacer lo mismo, pasan horas eternas de pie en los jardines de sus casas, parques y en los bosques, beben líquidos hechos con clorofila y comen mezclas de resinas con cortezas. Nadie más se ha convertido en un árbol, Nigel lo hizo sin revelar a nadie su secreto.
Sunday, August 3, 2014
Venerea realidad
Él sabía que las mujeres lo evitaban como a un hongo vaginal; aunque si fuera un hongo vaginal por lo menos estaría pegado a una vagina, así que al parecer ni a hongo vaginal llegaba. Sin embargo y por las dudas decidió un día untarse todo el cuerpo con Canestén.
Sunday, July 27, 2014
Googling God
He surprised himself by realizing that for the first time the adjectives “omnipresent” and “omnipotent” didn't trigger in his mind the concept “God” but the concept “Google”. He then wondered if eventually the same would happen with words like “holy” or “divine”. It was like that, with an uncomfortable feeling of doubt, that he opened his laptop and Googled “God”. He was looking for the “omnipresence” inside even a bigger omnipresence. Replacing an old and ambiguous concept with a new and technologic one, proving that this one swallows the other. Google explains “God”, can God explain “Google”?
Friday, July 11, 2014
Así en la tierra como en el cielo
A los Estados Unidos no les gustó que una aerolínea extranjera comenzara a tener mucho más auge que las líneas domésticas, TACA (Transportes Aéreos del Continente Americano) responsable de un decremento excesivo en las ventas de las compañías nacionales, fue de pronto arteramente atacada por los consorcios norteamericanos legales y corporativos. Que más impuestos para TACA que es una aerolínea extranjera, que más formas legales e impedimentos jurídicos, que sanciones sacadas de la manga aplicadas directamente a la aerolínea latina, que condiciones, excepciones y límites impuestos sin razón. Cancelaciones, prohibiciones y degradaciones. Todo con el fin de crear un ambiente nocivo para el consorcio latino y mandar al carajo la idea de la libre competencia. Y así muchas aeronaves fueron enviadas a la cárcel, hangares repletos de presos metálicos tatuados en la cola con el logo de TACA, culpables de haber sido demasiado exitosos, en poco tiempo sin mantenimiento ni cuidados mínimos chorreando sangre viscosa de sus motores en plena descomposición. Oxido, gangrena metálica, algunos intestinos pudriéndose y los tejidos desgajándose. Que los reparen! Pero si no hay vuelos no hay ingresos, y si no hay ingresos no hay recursos. Estas líneas (aéreas) fueron retorcidas hasta hacerlas divergentes y no paralelas, zigzagueantes y no rectas, convertidas pues las líneas en un nudo meticulosamente constituido. Los Estados Unidos, Los Establos Hundidos, Los establos undidos, y a la (H) también la encerraron en un paréntesis y nadie escuchó sus quejas y lamentos (es muda la pobre). Y en dichos establos, donde es costumbre llevar todo al extremo, también comenzó la planificación para encontrar un antídoto legal a esta injusticia. Así en la tierra como en el cielo. El editor de la primera plana de un importante periódico latino internacional encabezó la historia de esta desventura con este título, Muy creativo Fernández, muy creativo: "El imperio contra TACA".
Tuesday, June 17, 2014
Los caminos de las vidas
Y si algunos individuos de esta sociedad evolucionaran de esa forma? Al llegar a los, digamos 35 o 40 anos, sufrieran lentamente una metamorfosis a lo largo de un par de semanas hasta convertirse en algo completamente opuesto a lo que eran. Así, un hombre mujeriego y parrandero, un motociclista desenfrenado, un alcohólico degenerado, un perro negro, aceitoso y callejero de pronto un día, sin previo aviso, aunque programado genéticamente desde su nacimiento, se sentiria algo mareado y caería, incapaz de sostenerse en pie, en cama, sabría que su tiempo le ha llegado, no se lo creería, intentaría convencerse de que es cualquier otra aflicción, pero por pena o sufrimiento dejaría de contestar las llamadas de su tropa alcoholisaurica y de sus múltiples amantes y se refugiaría en el silencio y en la autocompasión. Llanto convulsivo, Pechos grandes, desparramados y algo arrugados le crecerían caídos y con los pezones apuntando al ombligo y unas caderas anchas y pesadas formando varios pliegues en su orografía le saldrían a los costados, Vómito nasal, Piernas con varices incipientes y dolores estomacales cada mes, ahora tendría que usar lentes de fondo de botella, -Lero lero, vieja gorda le gritarían los niños a los que algún día les pateo intencionalmente el balón de fútbol al terreno baldío protegido por cinco Rottweilers, También cambiarían sus motivos, sus objetivos, sus aficiones, una irremediable atracción por telenovelas y chismes del corazón se apoderarian de él (de ella?) y le dejaría de gustar la salsa picante y la cerveza que sustituiría por galletitas de mantequilla espolvoreadas con azúcar y leche. Fútbol, The Ultimate Fighter, qué diablos es eso? -Te lo advirtieron y a ti te valió madres- Ella misma se lo recordaría, -Serás completamente diferente, y aunque no lo creas te gustará-. Convertirse en el enemigo, por lo menos en lo que más se despreciaba. En ese entonces se cagaba de risa, -Esas son mamadas, no conozco a nadie que…- se abotonaba los pantalones y salia sin remordimientos del apartamento de una chica llorando de rabia, esquivaba alegremente los objetos que ella le lanzaba. Pero ahora, y de hacer de esta suposición una realidad, ya transformada por completo en otra persona verá en su ropero los sucios atuendos de aquel motociclista del infierno y no le causará nostalgia sino una fuerte sensación de extrañeza, como la de haberse despertado de un incongruente sueño, tirara el 80 por ciento de sus posesiones, desde el principio ya eran basura, conservará la crema de afeitar y los rastrillos, antes para la cara ahora para las piernas, otros artículos como cajas de cigarros, 35 litros de alcohol, paquetes de condones, discos de heavy metal y una colección de ropa interior femenina usada (de talla microscópica y demasiado reveladora para su gusto) serán donados, buscará un gato en donación para hacerse compañía y se aficionará por la cocina y los juegos de lotería los domingos en la tarde en la plaza del barrio. Los mismos niños le apedrearán las ventanas y tendrá que llamar a la policía, –Ahora es una vieja barrigona, ahora corre como niña y no nos alcanza- quien entre risitas y bromitas burlonas le ayudaran a apaciguar a los mocosos. Venderá la moto por una miseria y borrará del celular 239 contactos de mujeres jovenes, cachondas y rebeldes con todo y decenas de fotos y videos de ellas chupándole la verija. Se tocará la entrepierna y solo encontrará una superficie plana y ensortijadamente peluda, se sentirá esterilmente contenta. Volverá a visitar a su mama y hasta le pedirá perdón. Le llevará una canasta llena de pan de dulce que devorarán las dos juntas. La mamá la abrazará y le comenzará a enseñar a tejer. Con un poco mas de confianza en su nueva e inofensiva naturaleza confesará: Inconscientemente estuve deseando que te tocara la metamorfosis, esperé este día por mucho tiempo Rigo, Amanda mamá, ahora soy Amanda Gobea, Y las dos morirán de risa y seguirán tragando pan mientras tejen. Caminará por la calle por la tarde en una falda larga de patrones florales y una blusa morada que le estrangulará los senos cada vez más grandes, La gente se dirá “Ahí va ese desgraciado, el que emborrachó y se cogió a tus primas la Eloisa y la Eugenia te acuerdas” y las mamás le advertirán a sus hijos señalándola furtivamente que de portarse mal la metamorfosis les tocará y los condenará a cambios drásticos y difíciles de conllevar. Les dará una lección como a ese patan borracho del Rigoberto. Y los niños asustados intentarán portarse bien y hacer sus tareas. Sus amigos le dejarán por completo de hablar, menos el Cucaracha y el Moribundo que ahora se la querrán coger y le pellizcarán las nalgas en el mercado de la plaza (actividad vagamente familiar para ella), otros miembros de la tropa alcoholisáurica también cambiarán de la noche a la mañana, no por la metamorfosis sino por miedo de ella, así la sociedad se reciclará y se llenará de nuevos cristianos y deportistas, hombres amables y atentos con las mujeres, considerados con su prójimo, compasivos con otros seres vivos, primero por miedo, luego por convicción, todo con el fin de revertir las severas lecciones de una posible metamorfosis. Sin embargo no todo habrá cambiado para Amanda (antes Rigoberto), quedará el aprendizaje de lo que fue, las lecciones de la experiencia pasada, un punto de vista que entiende e incluye al punto de vista ajeno. Cambiará sus identificaciones personales y a base de continuas reflexiones se volverá tolerante y un poco más sabia. Y ahí va por la calle la chica de la que un día él se burló, ahora ella la mira con mueca llena de malicia e hipócritamente se persigna. Un tiempo después la gente chismorreará, La muchachita esa, la que se la pasaba en la iglesia disque rezando, la muy hipócrita y resbalosa esa que le encantaba que él Rigoberto se la echara al plato, -cuando se juntaban esos dos no me dejaban dormir- se quejará una viejita, Le tocó la metamorfosis y se acaba de convertir en un viejo calvo y panzón que gusta de toquetear a los muchachos del barrio. Los caminos del señor son misteriosos y no están pavimentados.
Thursday, April 24, 2014
Contradicción de farsas
Contradicción de farsas. La presentadora de noticias del noticiario estelar de un canal predominante. Su maquillaje, la primera farsa, que pretende hacerla ver natural, fresca, jovial y atractiva, impregnada de belleza clásica, respetable, digna de confianza, encantadoramente conservadora, de consumada belleza intelectual; Así pues, ésta noche las noticias de la tarde a cargo de un ángel sofisticado. La segunda farsa, (la que impide la total efectividad de la primera) la indignación del ángel ante la noticia de un horrendo crimen, gestos de infinita desaprobación y verborrea escandalizada ante un video que se repite y se repite (y se repite). La realidad; una mujer caucásica a mediados de sus 40 frustrada por relaciones sentimentales infructuosas y deprimida por la aparición excesiva de várices en las piernas; espera la pausa ansiosamente para salir a fumar un cigarro.
Saturday, April 19, 2014
Paradise Found
Y las velas, y los rezos, y estar de pié, y ahora sentado, y ahora párate de nuevo, y los cánticos ridículos, y todo eso, todo, todo, toditito se puede ir a la mierda. ¡A la misa no! Advierte desde ya Leobardo. Y además, los pinches niñitos, sobrinitos de no sé quién, primitos de no sé quién correteándose por ahí como pendejos, y el disque pastor haciéndose el santo, el simpatiquito y el muy sabio, ¡nel! ¿Verdad Silvina, que a mí nunca me ha gustado ir a las misas? Ya déjenlo en paz al pobrecito, si no quiere ir a la misa que no vaya y ya. A la fiesta iré, y nada más para conocer viejas. ¿El vaso medio vacío o medio lleno? Pero no me pidan milagros. Te pasas pinche Bardo, ya ni porque es la boda de tu primo dice El Orejón. Y además, el wey es un primo lejano, de esos que de pronto le saltan a uno de no sé dónde; y de repente un día en una reunión familiar de esas de cuando alguien se muere me salió el cabrón de la nada. Mira Bardo, te presento a Julián Estrada, nieto de Amanda tu tía-abuela, la sobrina de tu bisabuelo Alfonso, ¿Alfonso? Si, el General Alfonso Urrieta cuñado de Catita. Ah Catita, si si, de Catita. ¿Hijo de Amanda? ¡Hijo de la Chingada que! Mucho gusto, Leobardo Zúñiga. Y su sonrizota de aparecido en el momento justo, de ya te presentaron conmigo y ya te chingaste. Pero eso sí. Estás invitado ¿eh? y Perdona que no te dé invitación ¿eh?, pero pues no te conocía jaja. Pues si verdad ¡jaja! Pero ya te escribí la dirección aquí en esta servilleta. Hay que seguirle la corriente luego a estos pendejos, uno no sabe cuándo podría uno necesitar de ellos. ¿El vaso medio vacío o medio lleno? Y aquí está la información de la mesa de regalos. Y el muy cabrón trague y trague bocadillos de paté de pato. Bueno Bardo, primo cercano o no una boda es una boda, te echas un bailazo y te tragas todo lo que veas para desquitar esa freidora. Si Bardito, directo a la langosta compa. Gracias Silvina, gracias pinche Orejón. Los compañeros de oficina, una especie de alter-ego colectivo, un montón de espejos que delatan las distintas condiciones de uno mismo en momentos diferentes de mediocridad. Un montón de otros yo. Y llega el día, y durante la hora de la misa Leobardo se viste con calma y se felicita por no haber asistido, y se imagina a la bola de pendejos ahí en la iglesia Santa Nosequémadres, y se felicita nuevamente con una sonrisa a muecas mientras se arregla la corbata. En su coche el GPS nuevo, a ver, a ver… Destino, Colonia, Calle, P-A-R-A-O no, no, I-S-O “Paraíso”, “Lomas del Paraíso”. Número: S/N. ¿Colonia otra vez? Bueno, Héroes de… ¡ahí está! Se tardó un rato en “encontrar destino” pero ya, y bueno, hasta el GPS se tarda en encontrar destinos en países como México donde los destinos para casi todos son un tanto inciertos. Y en su cumpleaños pasado. ¡Que lo abra! ¡que lo abra! Ay gracias mamá, ¿qué es? jaja. Es un GPS Bardito, para que no te me pierdas. Si, para que no te andes metiendo donde no se debe. Jaja. Pinche Orejón tan cagado ¿no? En el camino Franz Ferdinand es el copiloto. 10 kilómetros fuera de la ciudad y das vuelta a la derecha, 20 kilómetros fuera de la ciudad hasta la glorieta, 30 kilómetros fuera de la ciudad y cruzas San Nosequéchingados y sigues de frente por la desviación de la izquierda, vas a ver una fábrica de huevos con muchas vacas. ¡Pero si las vacas no ponen huevos! Pues no sé tú, pero es de huevos y hay vacas, ¿qué le vamos a hacer no mi Bardo? Las instrucciones pendejas de El Orejón no se comparan al poder de orientación de mi nuevo GPS. 25 minutos para llegar a destino por la izquierda. Y las casitas, y la chosas, y las vaquitas flacas flacas, Y, 10 minutos para llegar a destino por la izquierda. Y ¿qué lugar para celebrar una boda no? me pregunto si los demás invitados no se perderán. Franz Ferdinand ruje y ruje. Y, cinco minutos para llegar a destino por la izquierda. Y ¡ah cabrón, un zorro atropellado! No era un zorro era un pinche perro, no, no, era un zorro me cae. Y, dos minutos para llegar a destino por la izquierda. Que raro, por aquí no se ve nada, Lomas del Paraíso se lee en el GPS, pero aquí no veo ningún paraíso, las lomas sí pero el paraíso no. Llegando a destino por la izquierda. ¿Aquí? ¿en medio de la carretera? ¿en medio de la nada? Y Leobardo se baja de su Jetta gris con salpicadera colgante. Se estira el traje, se lo desarruga un poco. Pero aquí no se ve nada, ni se escucha fiesta nada, ¡pinche GPS! ¿El vaso medio vacío o medio lleno? ¡Lleno! ¡lleno! ¡el vaso medio lleno! Reitera Leobardo y se intenta convencer de seguir la actitud adecuadamente positiva, positivamente adecuada. Una repentina frustración lo traiciona. ¡Lleno de mierda! ¡El vaso, el pinche vaso lleno, pero lleno de mierda cabrón, llenitito de mierda, hasta el tope, desbordando de cagada el pinche vaso culero! Y Leobardo se jalonea los canosos pelos y sentado en el cofre de su Jetta se llena las nalgas de mosquitos muertos embarrados en el camino. Está a punto de llorar, ¡Quiere llorar, quiere llorar! Y se acuerda de El Orejón contanto chistes crueles de Pepito. Entre los árboles una luz extraña que no combina con el resto del paisaje. Una luz como artificial, como que no la puede producir nada que no sea humano. Y Leobardo abre los ojillos mediocres que tiene y estira el cuello, se sale del acotamiento y pisa la hierba, las matas secas, algunas con esas espinitas mamonas que se le quedan pegadas a uno en el pantalón y que luego no sé cómo le aparecen a uno hasta en los wevos. Un coche verde con las luces encendidas, está chocado de frente contra un árbol, es un Pontiac Sunfire, de esos color pasta de dientes marca “Comercial Mexicana”, de esos que nadie quiere ni regalados, una tartana ganapanera como dice El Orejón pues. ¡No mames! una vieja ahí adentro, de cara contra la bolsa inflable, el airbag para que me entiendas Silvina, y con un hilito de sangre corriéndole por la cien, Y se quejaba, ¡Ay, ay, ayúdenme! No mames, y fue entonces cuando le ayudaste ¿no Bardo? ¡Claro! Señora, señora, ¿me escucha, me entiende? Y la señora, Sí, ayúdeme, ayúdeme por favor, Y como puede la ayuda a colocarla de nuevo contra el respaldo del asiento, y luego luego llama a la ambulancia que llega como en 15 minutos, Hasta eso rápido los cabrones, La suben y le hacen las primeras preguntas. Y el otro paramédico ¿La conoce? Pues no pero… ¡Acompáñenos! Leobardo le calla el hocico a Franz Ferdinand, cierra el Jetta, le pone la alarma, aquí no le pasa nada. Y Bardo se trepa a la ambulancia. Primeros auxilios y la mujer se queja pero parece que está bien, Una sirena endemoniada recalcitra sobre sus cabezas, Una pierna bastante lastimada pero que asegura el paramédico está en buen estado y se salvará sin problemas. La mujer instintivamente toma a Leobardo de la mano y le sonríe. Gracias jóven, ¿Porqué le dicen “joven” a uno si ya está bastante ruco? No se preocupe señora, Y no es muy señora como quién dice, tiene como 15 años menos que él, unos 35 diría él. Y hasta está guapa la mujer. Ahhhh, canijillo, dice Silvina. ¿Qué andaba haciendo por ahí señor? pregunta el paramédico, ¿es familiar de ella? No, no, la encontré por casualidad, estaba buscando una dirección, la boda de mi primo en Lomas del Paraíso. ¡Uy! pero eso está muy lejos señor, como a una hora de aquí, estaba bien perdido don. Fue un milagro la verdad, un milagro que la encontrara digo. La paciente tose y luego se ríe. Mira, accidentada pero contenta, no se me ría mucho señora, tranquilita ahí. Leobardo pregunta, Disculpe señora pero ¿qué le da risa? Que usted estaba buscando Lomas del Paraíso y me encontró a mí, ¿Y eso qué tiene de gracioso señora? me parece hasta increíble que esté bromeando así en las condiciones que está, fue un verdadero milagro encontrarla, un pelito y... Saque por favor mi licencia de mi bolso del pantalón, pero con cuidadito. Leobardo la mira extrañado, Sí, sí, ándele, sáquela y lea mi nombre. Leobardo con cuidado mete la mano al bolsillo izquierdo del pantalón de la señora, saca una cartera negra y atiborrada de cosas, le abre el cierre que se atasca un poco con una liga. Un papel de baño manchado de labial, un brillo de uñas, tarjetas de presentación de abogados y al fin, su licencia, ¿Su licencia señora? ¿Quiere que lea su licencia? Si, lea mi nombre. Leobardo queda en shock metafísico. “María del Paraíso Solís Castaño”. Leobardo nunca fue a la boda de su primo a Lomas del Paraíso pero el GPS le ayudó a encontrar las Lomas, y también el Paraíso. María del Paraíso es ahora su segunda esposa y literalmente es el amor de su vida. ¿Pero cómo hay así historias verdad? dice Silvina con voz filosófica. Unos meses después de casarse Leobardo con María del Paraíso regresa la nueva pareja a buscar el lugar exacto donde la había encontrado. Leobardo pone en su GPS las mismas instrucciones que puso aquél día. “Lomas del Paraíso” pero esta vez el GPS lo guía hasta un lugar completamente diferente, a la entrada de una especie de rancho que tiene un letrero en la entrada “Salón de Eventos Lomas del Paraíso”. Silvina concluye: Y es así como Bardito encontró el paraíso, gracias al GPS que le regaló su mamá ¿verdad Bardito? Chiaaale, Opina el pinche mamón de El Orejón Samarripa.
Sunday, February 16, 2014
Mariangela
Me vas a hacer llorar. Si, pero sabes que no es por lastimarte. Lo menos que quiero es hacerte daño. Ella tiene los ojos del color de la miel de maple. Bueno, pero sólo lloraré un poco. Gracias, en verdad te lo agradezco, sabes que tus lágrimas son especiales. Y si tú levantas un poco su blusa, la tomas de la cintura y le tocas suavemente el ombligo con los pulgares, quizá baste con leves roces circulares, ella tendrá una mezcla de cosquillas y placer, después comenzará automáticamente a llorar, lágrimas enormes brotarán de sus ojos y resbalarán lentamente por sus rosadas mejillas; lágrimas dulces y chiclosas, lágrimas de miel de maple. Mira, te estás manchando la blusa, por favor Mariangela, procura llorar sobre mis hot cakes.
Thursday, December 12, 2013
Jazmín y la lámpra maravillosa
La muy puta de Jazmín, que durante una noche de extremo calor mientras dormía dijo entre sueños y entre sábanas de satín que se cogería al fakir sobre una cama de púas.
Su mano bien firme sobre el miembro de Aladín. Éste entredormido no la había escuchado, o no la había querido escuchar; pero su mano dormida se las había arreglado como serpiente que se desliza entre la hierba para buscar su miembro y con fuerza envolverlo, apretarlo, poseerlo. Y de su boca la tibia saliva que hubiera servido para escupirle y lubricarlo o para llevarse un chorro al culo y prepararlo, chorreaba descendiendo por sus mejillas hasta mojar la sábana mientras balbuceaba ordenanzas obsenas de ser penetrada. Ella sabía muy bien donde guardaba él la lámpara. Este Aladín hijo mío es de character débil había dicho una vez su madre, Aladín había recordado su infancia por un segundo mientras Jazmín lo tenía bien sujeto del palo y deliraba. El muy pendejo se había creído que no sólo había escondido bien la lámpara sino que no había razón alguna para que nadie, y mucho menos su fiel y amada esposa Jazmín la buscara. ¡De ninguna manera, esa lámpara está bien segura! Se había mentido él mismo. Tendrá que crecer y aprender a las malas a su madre en su cabeza. ¿Acaso no lo tenía ella todo? ¿No vivía ella en un palacio de dimensiones exacerbadas y colmada de lujos indescriptibles? ¿No tenía en su jardín la colección de todas las flores de la India y de más allá? ¿ Y los perfumes más exquisitos, las alhajas más caras y deslumbrantes y decenas de súbditos a su completo servicio? La muy puta de Jazmín, que a los 9 años se untaba miel en la vagina para que una cabra pequeña la lamiera. Ya te lo decía tu madre Aladín, Para una princesa como Jazmín la ambición jamás es suficiente, siempre hay algo más que deba ser poseído, algún territorio más que deba ser explorado, un alma más que deba ser capturada por su belleza. Y tanto es así que un día que Aladín había salido de cacería a los lejanos bosques del sur del reino Jazmín había entrado a la habitación donde estaba la lámpara, y la curiosidad mató más que tan sólo a un gato, la llave de plata ya estaba entre sus tetas espolvoreadas con brillantina dorada. Sabía perfectamente dónde estaba. La muy puta de Jazmín, que a pesar de no haber cometido adulterio organizaba orgías entre doncellas y guardias y desde un balcón veía y se masturbaba. Abrió con facilidad el cerrojo y ahí la vió envuelta, en el mismo trozo de seda con los patrones de elefantes blancos y rojos que recordaba a la perfección, la sacó con cuidado evitando cualquier
tipo de roce con el fin de no anticipar la salida del genio.
La caída del Sol, el retorno de Aladín a palacio, sus ayudantes que al bajar se hacen cargo de su caballo, lo hacen descansar, lo limpian, lo alimentan. Y Aladín que extenuado se quita de una a una las herramientas de cacería. Jazmín, ¡querida! y Jazmín que no contesta. Dónde se ha metido, no lo sabemos señor, pero la vimos hace no más de dos horas entrar a la habitación principal. ¿Querida, Jazmín, estás ahí? los pasos acelerados de Aladín, Es un muchacho muy noble, temo que me lo van a lastimar, y Aladín que la puerta está cerrada, que no me contesta, ¿se habrá hecho daño? Dos de sus guardias más cercanos le ayudan a forzar la cerradura de la puerta. ¡Jazmín, Jazmín!, el cerrojo de la puerta que finalmente cede y una cortina blanca y larga que ondea suavemente con el viento que entra por la ventana. Por acá señor, detrás de la mesa señor. Y el guardia cubriéndose la boca y mirando al suelo. Aladín y sus piernas que flaquean. Jazmín tirada en el suelo completamente desnuda, las piernas abiertas y con la punta de la lámpara bien encajada en el coño. La muy puta de Jazmín, que después de tomar la lámpara y colocarla suavemente en el suelo se había quitado el velo, luego la túnica y demás prendas interiores, también la manta de seda que cubría sus partes más íntimas, las que sólo conocía Aladín, y alzando la lámpara había visto su hermoso cuerpo reflejado en su superficie metálica. ¿La puerta estaba bien cerrada? sí, bien y firmemente se aseguró. Y primero el reflejo de su cara, distorsionada por el metal pero también por un deseo extremo, más abajo el reflejo de sus senos perfectos, luego su ombligo, ahora pequeño como un puntito y ahora más grande como una rodaja de naranja. Juega con el reflejo de la lámpara Jazmín, como la inocente niña que no eres. Después sus pelos ensortijados, de los que una vez había cortado unos cuantos y se los había hecho llegar en un sobre a su guardia favorito. Se había recostado boca arriba y se había insertado la punta de la lámpara en el coño, las piernas bien abiertas, y su sexo chorreando líquidos calientes, como un géiser de magma incandescente. Frotó la lámpara y liberó al genio al interior de sus entrañas. Una esencia vaporosa y fría, tan fría que parecía líquida y tan líquida que parecía eléctrica. Cientos de miles de deseos hechos realidad al mismo tiempo en su coño, un colmillo de elefante embistiendola fuertemente, las lenguas de 5000 bestias felinas lamiéndole el clítoris, el poder de una cascada entera cayéndole sobre la vagina. La lámpara maravillosa, el miembro viril por excelencia, y sus ojos se llenaron de lava, y una estrella explotó en su clítoris derritiéndolo como un bombón al fuego. Los ojos en blanco por dos, tres, cuatro, diez segundos, los ojos en blanco por siempre. Días después de que Aladín desapareció fue necesario frotar la vagina del cadáver como si fuera la lámpara misma para liberar al genio de sus entrañas, al parecer el genio se rehusaba tajantemente a salir en esta ocasión de ahí.
Tuesday, October 22, 2013
Ying Yang
Los tejados
hechos de lámina y concreto caliente, muros de ladrillos ennegrecidos y
pinturas que hace mucho dejaron de ser brillantes, bordeados de varillas
dobladas, tejados habitados por elementos varios que los adornan, destellos irregulares
propios de pedazos viejos de cristal cansados de ser traslúcidos, cuerdas que
ancianas muestran sus filamentos, llantas que alguna vez giraron y giraron y
que ahora almacenan agua estancada en sus panzas de hule, estanques fértiles de
mosquitos que también adoran desfilar en carnavales. Allá un costal con madera
y clavos, más allá un zapato rojo de mujer harto de bailar samba. Los tenedores
oxidados que en algún momento fueron robados, el balón de fútbol que entró mil
veces en porterías fabricadas con un par de piedras. Los tejados de las favelas
de Rio en la tarde de un viernes. La gente regresa a sus casas, niños de ojos
brillantes se corretean en sus laberintos multicolores, ancianas que acarrean
bolsas medio vacías de víveres, el hocico de una moto que rezonga en la lejanía.
Y las nubes que se aproximan son como hielos que caen en un sartén caliente, y lo
enfrían de golpe, y lo hacen más fresco y más habitable para los rítmicos seres
que ahí tocó vivir. Algo de comer, una siesta y una fiesta, o dos, o tres, o
mil, seguramente más noche, pero por lo mientras que se enfríe el sartén, que
descansen los pies fatigados de caminar, los hombros de cargar cajas o las
manos de hacer tareas exasperantes. Dos gatos en el tejado, nada más importa,
uno blanco restregándose el lomo contra la superficie, otro negro que sentado
en el borde de una barda sigue con interés el movimiento de su cola. El blanco
permanece inmóvil meneando la cola sobre el concreto caliente, el negro decide
bajar a jugar con ella, el blanco sin inmutarse permite al negro jugar con
ella, el negro en una de esas salta sobre la panza del blanco y éste se queja,
se muerden las patas y las orejas, se persiguen, se alcanzan y se revuelcan enérgicos
en la superficie caliente del tejado, todo es juego, todo es parte de lo que de
un amigo se puede tolerar; cansados ya se lamen las cabezas, y entrecerrando
los ojos y estirando las patas, dos gatos ronroneantes quedan en dormidos en
una maraña blanca y negra, negra y blanca, con la cola de este por allá, con
las patas del otro por acá, en un círculo casi perfecto de simetría bicolor.
Una niña de tres los había observado por una ventana, ríe y señala la escena a
su mamá. –Sí hija sí, los gatitos- ¡Miau! dice la hija y ríe entonces la mamá
cargando a su hija y llevándola a la mesa a comer. Un Ying Yang natural se ha
formado, qué importa si es con gatos. Una brisa diurna, cálida y con esencias
de mar menea los pelos del cuerpo de los pequeños felinos, el blanco aún
dormido tan sólo sacude una oreja, el negro sin abrir los ojos se cubre con la
pata los bigotes; y de pronto, en ese mismo momento pero a miles de kilómetros
de ahí cerca de Berlín, un hombre negro y una mujer blanca que finalmente
vencieron los prejuicios de sus familias y de la sociedad han decidido casarse
y se dan un beso apasionado. En un pueblo de Rusia, sentado en la mesa de una
pequeña cocina, un genio matemático grita de felicidad al haber encontrado el
patrón de movimiento que rige a ambos, los astros en el cosmos y los átomos que
forman la materia. En una costa de la Nueva Zelanda un hombre de 30 años que
perdió a su padre en la guerra de Vietnam firma los documentos que completan el
proceso de adopción de un niño que perdió al suyo en un accidente ferroviario
en Chile. En un punto de la frontera entre Estados Unidos y México una señora
estadounidense cruza las aduanas en una camioneta repleta de ropa y alimentos con
destino a una comunidad muy pobre del norte de México. En un poblado de
Tanzania un hombre moribundo y sordo de nacimiento tiene la certeza de estar
escuchando por primera vez las olas del mar que rompen contra la playa y una
sensación de extrema felicidad lo acompaña en su partida. Unas cuantas gotas de
lluvia han caído ya sobre los tejados de las favelas de Rio, primero uno y
luego el otro los gatos se han levantado y han buscado el refugio más cercano.
La tarde cae sobre una mitad del mundo, el Sol sale por el horizonte de la otra
mitad. Siempre sutiles y completamente desapercibidos son los mecanismos de
equilibrio que gobiernan los eventos más afortunados de este planeta.
Thursday, April 18, 2013
Antes de que me vaya
La ropa sucia, la pila de platos sin lavar, el refrigerador vacío, hambre, mucha hambre mal saciada, y llanto, del amargo, del que le corre el rímel y se lo deja pegado a las mejillas, del que hace que la garganta sepa a sal. La televisión hablando, diciendo esto y aquello, saturándolo todo de esmerada estupidez, de entusiasmo deprimente. Estela está sola en casa, junto con las moscas, los síntomas de una decepción amorosa; el pelo en desorden, los restos del color que hace tres meses saturaban de buganvilia sus uñas, una planta muerta, y el bebé de la vecina que no deja de llorar, como ella, Estela. El aire está viciado y embadurna las paredes de gris melancolía. Se resfriaron las ventanas y se les empañó la cara, al baño le dio dolor de muelas y no quiso tragar más lo que acostumbraba, a la alfombra de la entrada le duele la cabeza por ese lodo seco y lleno de hojas muertas, y el ropero vomitó y lo dejó todo regado de textiles colores por el suelo. ¡Que se calle ese maldito bebé! Quieran las doscientas colillas de cigarro que desbordan al cenicero sobre el buró transformarse en diminutos gusanos y carcomerle el alma a mordiscos a Estela. -¡Pero Estela mujer!...- dice la tía Nidia que está de incómoda visita. -Ya componte mija, báñate, ponte algo, échate perfumito y háblale a la Lety que está pregunte y pregunte por ti.- Y le lava los platos, y le saca la basura, y le tiende la cama, y la satura de atenciones. Y haciendo que los platos choquen al guardarlos apresura -Píntate los labios, ponte bonita, tanto muchacho guapo por ahí y tú aquí encerrada.- No es Estela la que fastidiada ofende a su tía y la saca de mal modo de su casa, sino esa mugre depresión que la hace decir cosas que en realidad ni siente. -Ay mijita, que tristeza verte así, pero allá tú- Y los minutos como bacterias se aparean y engendran las horas que corrompen al día y lo hacen atardecer. Unos pasos en la escalera, alguien que se detuvo justo frente a su puerta, el óvalo de cristal amarillo y adornado con ridículos patrones florales enmarca una silueta, suena el timbre. Es un hombre, al parecer de la misma altura que Iván y que trae una camisa verde limón como la que ella le regaló hace 5 meses en su cumpleaños. Se acelera su corazón y también sus pasos hacia la puerta. La abre y es él. Iván ha vuelto, tiene ese ridículo peinado de copete engomado y en su muñeca izquierda su reloj de los Transformers. Iván Iván, nunca dejarás de ser un gran niño- ¿En son de paz? ¿Para reclamar algo? Pero Iván sonríe, se acerca a ella y la besa, ojalá se hubiera lavado los dientes antes de abrirle la puerta. No hay palabras, se las lleva el viento, en éste caso el viento viciado del que hablábamos. El bebé de la vecina por fin se ha callado. Ojalá que su madre lo haya electrocutado. Estela lo toma de la mano y lo lleva a la habitación, Estela se promete que llamará a la tía Nidia, se disculpará con ella y le agradecerá haberle tendido la cama. Y el amor se hace, contenido por tres meses desesperados, surge tierno, dulce y espontáneo, se eleva e invade esta habitación, ahora aquella, envuelve con su manto las revistas del librero, los retratos del pasillo, los cojines en el sofá, como una nube que todo lo abarca, como el genio maravilloso de una lámpara. Y los tres deseos se conceden, y aún más, para el rencuentro de los enamorados no hay restricciones que valgan, la atmósfera es cálida pero de boreales colores, el amor se propaga por el edificio entero como un incendio que devora en segundos los árboles de un bosque en otoño; la vida vuelve a serlo, hasta la planta muerta ha sacado de no sé dónde un pequeño retoño, la fotosíntesis no sólo la produce la luz del Sol, también la del amor. Y la noche engulle todo el edificio y lo sumerge en entrañas hechas de silencio y de paz. Sólo los autos en la avenida respiran. Iván queda dormido después de hacer el amor, como siempre, como en los viejos tiempos, y a pesar de que ni una sola palabra se ha dicho ya se dijeron más de mil, todas ellas positivas, todas ellas alentadoras. Por fin el cenicero se ve liberado de las doscientas colillas y se le prepara para una nueva carga. Este cigarrillo, el que Estela ahora fuma, va para agradecer el regreso de Iván. La televisión no se ha callado por días enteros, es hora de cerrarle ese obsceno hocico electrónico. Y es así, que cuando Estela busca el control en las partes íntimas del sofá que en un corte informativo se da a conocer un accidente ocurrido. Luces de sirena intermitentes golpean media cara del reportero, detrás de él una grúa y decenas de hombres que ayudan a sacar un auto rojo del fondo del río que está cerca del departamento donde Iván se había mudado. Una parte del borde del puente hace falta, se ha despedazado con el mortal impacto. Queda claro, el auto perdió la dirección, chocó contra el muro de contención y cayó al río. Pero mira, el auto es idéntico al de Iván, la grúa tira y lo saca lentamente del río. Y más desconcertante aún, las placas del auto comienzan con los mismos tres números que el auto de Iván, de las letras siguientes Estela no se acuerda. Lleno de plantas acuáticas la grúa lo deposita a un costado del río. Y el reportero -Ya tenemos información del cuerpo encontrado dentro del vehículo, el cadáver fue identificado como el joven de 25 años Iván Dueñas, repito, Iván Dueñas es al parecer, la única persona que perdió la vida en este trágico accidente…- Una mano automática cubre la boca abierta de Estela, demasiadas casualidades, las piernas tiemblan, pero es que no puede ser, el estómago recibe el golpe de un litro de ácido bombeado desde su hiel y un enjambre de abejas ha incrustado su panal en la cabeza de Estela. Y el reportero como echando limón a la herida –…Expertos forenses dicen que el cuerpo de este joven llevaba por lo menos 36 horas en el río, en su pantalla puede ver la identificación encontrada en la cartera de éste joven.- Las rodillas de Estela impactan sobre la alfombra, -Es imposible, es imposible dios mío- pero la imagen contundente aparece enseguida en la pantalla, y Estela a punto de desmayar. Es el cuerpo sin vida de Iván llevado por dos bomberos, su camisa verde limón completamente mojada y en su muñeca izquierda su reloj de los Transformers. ¿Cómo pueden las piernas de Estela llevarla a su habitación? ¿Cómo su voluntad ha vencido el miedo a lo que no se entiende y la ha dirigido a donde ha dejado a Iván dormido? Enciende la luz y las cobijas y las sábanas están revueltas, pero Iván no está. Detrás de la cama, nada, en el baño, tampoco. ¡Iván!, ¡Iván! Gracias a la perfección con la que el cuerpo humano está diseñado Estela pierde el conocimiento.
La tía Nidia que todo lo ha perdonado, su mamá, Lety, su papá, también el tío Clemente, todos están ahí a su lado; Lety, que sonsacada por la tía Nidia fue a visitar a Estela se preocupó cuando nadie respondió a la puerta después de repetidos intentos. Que en cualquier otra ocasión hubiera pensado que Estela se estaba bañando, pero siendo que se encontraba en ese estado tan depresivo sin pensarlo buscó ayuda, que al poco rato se encontró al vecino que había sido mecánico de aviones, y que él fue el que forzó la puerta del departamento, que ay Dios mío, que casi le da un infarto a ella también, tan sólo para encontrar a Estela inconsciente en el suelo de su habitación. -Hiciste lo correcto mijita- celebra la tía Nidia, en tu caso yo hubiera hecho lo mismito. Y ya, recuperándose, Estela les pregunta por Iván. A veces el silencio también es una mala respuesta. Y Estela llora. -Lo sé todo, Iván está muerto, el accidente en el puente, su auto en el río, pero si él estaba conmigo, las placas comenzaban con los mismos números, había llegado, de los demás números no me acordaba, nos habíamos besado, lo sacaron todo mojado al pobre, habíamos hecho el amor, pero en las noticias lo mostraban todo, y traía la camisa verde limón que le regalé, el coche estaba lleno de enredaderas, se acuerdan de ella, segura de que estaba en el cuarto dormido, mostraron en la pantalla su identificación, pero no podía ser ella pensaba… Que se calme dice el doctor, -necesita descansar, ha sido una noticia muy dura para la niña-.
Tres semanas después Estela no es la misma, no quiso volver a su departamento ni dormir en su cama, no quiere estar sola, sus padres la han recibido con los brazos abiertos de nuevo en su casa. -Te ayudaremos a sacar tus cosas y a vender ese departamento. Sí, lo prometemos, menos la cama-. Y Estela poco a poco se siente mejor, se obliga a creer que todo fue culpa del estrés emocional, de la depresión tan fuerte, de la medicina que estaba tomando, de la falta de sueño y alimentos sanos. Pero Estela se siente extraña, pide que la acompañen, precisamente ese día un mes exacto después de lo ocurrido con Iván, a la clínica del centro. Que es la mejorcita, que ahí yo conozco al doctor y es muy bueno dice su mamá. Le toman el pulso, le checan los reflejos, la vista, el oído, finalmente le hacen pruebas de sangre y de orina. El doctor sale de su laboratorio después de unos minutos con un objeto blanco y plástico en la mano y una cara sonriente. -¿No es una recaída verdad doctor?- Una sonrisa de bigote profesional. –No, que va, usted lo que tiene querida es que tiene un mes de embarazo-.
El pequeño Julio Dueñas ya tiene 5 años, es igual a su padre, o a lo que fue de él. Iván nunca se lo hubiera imaginado. Estela sabe que fue Iván el que la visitó esa noche, quizá para despedirse de ella, quizá para darle lo que ella tanto había deseado de él. La familia de Estela sabe que la chica no miente pues los acontecimientos concuerdan, o quizá particularmente en este caso porque no concuerdan. La tía Nidia explica, -Sea pues Dios como tú lo mandas, Julito nació a partir de tu presencia divina, tal y como lo hiciste con tu hijo Jesucristo-. Se persigna, pero hay opiniones más burdas, como la del tío Clemente, que a pesar de que nadie pida su opinión nunca faltan. –Sólo hay algo peor que ser hijo de puta, y eso es ser hijo de fantasma- ¡Ay por Dios Clemente! Que deje de decir tonterías comanda la tía Nidia.
La tía Nidia que todo lo ha perdonado, su mamá, Lety, su papá, también el tío Clemente, todos están ahí a su lado; Lety, que sonsacada por la tía Nidia fue a visitar a Estela se preocupó cuando nadie respondió a la puerta después de repetidos intentos. Que en cualquier otra ocasión hubiera pensado que Estela se estaba bañando, pero siendo que se encontraba en ese estado tan depresivo sin pensarlo buscó ayuda, que al poco rato se encontró al vecino que había sido mecánico de aviones, y que él fue el que forzó la puerta del departamento, que ay Dios mío, que casi le da un infarto a ella también, tan sólo para encontrar a Estela inconsciente en el suelo de su habitación. -Hiciste lo correcto mijita- celebra la tía Nidia, en tu caso yo hubiera hecho lo mismito. Y ya, recuperándose, Estela les pregunta por Iván. A veces el silencio también es una mala respuesta. Y Estela llora. -Lo sé todo, Iván está muerto, el accidente en el puente, su auto en el río, pero si él estaba conmigo, las placas comenzaban con los mismos números, había llegado, de los demás números no me acordaba, nos habíamos besado, lo sacaron todo mojado al pobre, habíamos hecho el amor, pero en las noticias lo mostraban todo, y traía la camisa verde limón que le regalé, el coche estaba lleno de enredaderas, se acuerdan de ella, segura de que estaba en el cuarto dormido, mostraron en la pantalla su identificación, pero no podía ser ella pensaba… Que se calme dice el doctor, -necesita descansar, ha sido una noticia muy dura para la niña-.
Tres semanas después Estela no es la misma, no quiso volver a su departamento ni dormir en su cama, no quiere estar sola, sus padres la han recibido con los brazos abiertos de nuevo en su casa. -Te ayudaremos a sacar tus cosas y a vender ese departamento. Sí, lo prometemos, menos la cama-. Y Estela poco a poco se siente mejor, se obliga a creer que todo fue culpa del estrés emocional, de la depresión tan fuerte, de la medicina que estaba tomando, de la falta de sueño y alimentos sanos. Pero Estela se siente extraña, pide que la acompañen, precisamente ese día un mes exacto después de lo ocurrido con Iván, a la clínica del centro. Que es la mejorcita, que ahí yo conozco al doctor y es muy bueno dice su mamá. Le toman el pulso, le checan los reflejos, la vista, el oído, finalmente le hacen pruebas de sangre y de orina. El doctor sale de su laboratorio después de unos minutos con un objeto blanco y plástico en la mano y una cara sonriente. -¿No es una recaída verdad doctor?- Una sonrisa de bigote profesional. –No, que va, usted lo que tiene querida es que tiene un mes de embarazo-.
El pequeño Julio Dueñas ya tiene 5 años, es igual a su padre, o a lo que fue de él. Iván nunca se lo hubiera imaginado. Estela sabe que fue Iván el que la visitó esa noche, quizá para despedirse de ella, quizá para darle lo que ella tanto había deseado de él. La familia de Estela sabe que la chica no miente pues los acontecimientos concuerdan, o quizá particularmente en este caso porque no concuerdan. La tía Nidia explica, -Sea pues Dios como tú lo mandas, Julito nació a partir de tu presencia divina, tal y como lo hiciste con tu hijo Jesucristo-. Se persigna, pero hay opiniones más burdas, como la del tío Clemente, que a pesar de que nadie pida su opinión nunca faltan. –Sólo hay algo peor que ser hijo de puta, y eso es ser hijo de fantasma- ¡Ay por Dios Clemente! Que deje de decir tonterías comanda la tía Nidia.
Saturday, February 16, 2013
La Caravana de la Excomunión
Ya están aquí. Hizo a un lado la cortina con una rugosa mano distinguida con un gran anillo, contrastante tanto en color como en constitución, como una moneda de plata sobre un montón de las cenizas que dejó la combustión de un papel quemado. Después, se asomó por la ventana. Su cuerpo se estremeció, sus entrañas se retorcieron y su corazón se tambaleó como una gelatina flácida. Tragó saliva. Mire Cardenal, miles de jóvenes ahí abajo gritando, insultando, mostrando su insolente irreverencia. Mantenga la calma Santo Padre. La calma la calma. Un enorme avión pasó e interrumpió el flujo constante del pensamiento con el rugido de sus motores, como un gran bostezo divino, como un dios que está en el cielo y que invisible se aclara la garganta. El Santo padre, o sea el Papa, es un ser muy débil, no por su avanzada edad o por su delicada salud, sino por la ignorancia que se le ha desarrollado a partir de una mente mediocre, por su falta de bondad, de real y tangible compasión. La santidad que se le atribuye es una farsa. La de sus predecesores también lo ha sido a lo largo de los siglos. El lo sabe, los demás lo saben, él sabe que los demás lo saben y viceversa. Es una farsa retroalimentándose cínicamente, una serpiente hambrienta tragándose a sí misma, El Cardenal permanece de pié detrás de Su Santidad, se limpia las gafas con la orilla de un atuendo blanquísimo. Y con voz que intenta aparentar firmeza asegura, No hay de qué preocuparse Padre mío, todo está arreglado. La fuerza pública solo se encargará de contener la multitud, no habrá violencia, los encabezados de los periódicos de la tarde y los temas de los noticieros de mañana están ya escritos, ya sea a nuestro favor o bien omitiendo completamente lo sucedido. Nada se sabrá, o tan sólo se sabrá una versión muy disminuida del asunto, un reflejo muy pálido de la realidad. El Papa tiene aún los ojos calvados en la multitud de jóvenes, con ira y desprecio los espía a través de una ventana en la parte alta del edificio. Su Mirada puede salir de la ventana pero a su vez, ninguna mirada puede regresar, está resguardado tras un velo cristalino pero ahumado. El Santo Padre contempla la burla. Un joven de pelo largo orina sobre un afiche del Papa, sobre su propia imagen, sobre él mismo en una pose que parece la de un político en campaña; los jóvenes que lo rodean lo celebran frenéticamente, y la meada sobre el afiche se vuelve un pequeño festejo colectivo. Sobre el hombro del Papa el Cardenal vislumbra lo sucedido al otro lado de la ventana y califica: Sacrilegio, blasfemia. Una chica con las tetas al aire estrella un crucifijo contra el suelo, las astillas vuelan y se esparcen hacia todos lados en un big bang de escala humana, las puntas de madera caen al suelo como un gran juego de palillos chinos y enseguida se patean, se pisotean, se escupen; el Cristo que del crucifijo pendía no es más que un montón de polvo de cerámica y pintura esparcido sobre el suelo de la plaza de San Pedro. Polvo eres y en polvo te convertirás ¿no es cierto? El Papa no siente su fe ofendida, no la tiene, ésta no es. Él mismo desmiente en su pensar y en su qué hacer lo que todas las mañanas profesa, hace mucho tiempo que dejó de ser esclavo de la doctrina bimilenaria que ahora encabeza, aunque al abrir los ojos era ya demasiado tarde para rectificar el camino y cambiar una profesión que le había otorgado tanto el poder económico como el reconocimiento de sus allegados. Desde hace mucho que Su Santidad se tiene secretamente a sí mismo, no como un líder o guía espiritual, sino como un hombre de negocios o mejor dicho, como una pieza en el ajedrez de los intereses políticos y económicos. Su mano de ceniza colmada con el anillo que parece un abejorro africano posado en sus dedos relaja la fuerza con la que apretaba la cortina. Ante la observación constante y pendiente de la inocente violencia de los jóvenes el Papa recuerda su propia juventud; también desenfrenada, también irreverente. Una leve sonrisa estira casi imperceptiblemente los músculos de alrededor de su boca, los agrietados labios se arquean un poco, por un minuto él deja de ser el hombre poderoso que es y se transforma en un chico más dentro de la multitud de jóvenes. Ahora él es parte de su tierno desenfreno, de su inconciencia colectiva, de su ganas de cambiar el mundo, de sus deseos de encontrar una verdad más palpable, menos esclavizante. Alguien toca la puerta. Quién es pregunta el Cardenal. Soy yo Su Eminencia. La mente del Papa viaja en un tris de la abstracción a lo concreto y su voz ronca encerrada de nuevo en esa habitación hace eco, Hazlo pasar. Adelante Monseñor, El Cardenal pregunta ¿Qué es precisamente lo que pretende esta manada de locos? Y bueno su Eminencia, lo que se nos informó es que hace unos meses un grupo pequeño de jóvenes se formó en México, uno de los países más fieles a Nuestra Sagrada Iglesia, un grupo insignificante de no más de una decena de jóvenes revoltosos con pancartas, Al parecer, poco a poco el grupo creció y se manifestó aún más fuerte alcanzando las primeras apariciones en los medios públicos locales. Se hizo llamar ¨La Caravana de la Excomunión¨ y comenzó lo que llamaron una “antiperegrinación” desde el centro del país hasta el Vaticano. Su propósito es claro y representa una afrenta cínica y directa hacia la Santa Iglesia. No desean más que obtener por escrito un documento oficial de la Santa Sede declarándolos excomulgados de la Iglesia Católica. ¿Cuál es la razón Monseñor? Explíquese. Mire Su Santidad, Su Eminencia, quizá deseen ver algunas imágenes. Unas cuantas fotos pasan entre manos, una leyenda estampada en la camisa de un joven “A mí nadie me preguntó a quién quería como dios”, una manta en lo alto de una manifestación “Yo no comulgo con violadores de niños”, la caricatura de un periódico subversivo “A dios rogando y al Papa pagando”, el grafiti escrito en las paredes de una iglesia “Se violan niños a domicilio, informes con el Padre” En fin Su Santidad, tan sólo quieren un documento en donde se les excomulgue de la Santa Iglesia. El índice y el pulgar sosteniendo la barbilla de un rostro incrédulo y desaprobador. Mire lo que dice este diario de Londres, Y un recorte de periódico con algunas líneas sobresaliendo con marca-textos “Hasta hace unas décadas una excomunión de la Iglesia Católica representaba un castigo supremo ante dios y ante la sociedad, ahora, para éste grupo de jóvenes, tan sólo significa la obtención de la libertad, el desapego de una organización que califican de inquisidora, abusiva y criminal. Uno de los muchos líderes de la “antiperegrinación” explica: Nos bautizaron de bebés, cuando uno carece completamente de conciencia, y años después en nuestra infancia, nos hicieron hacer la Comunión cuando nuestras mentes no estaban aún capacitadas para decidir qué hacer y qué no. Otro de los cabezas del grupo afirma: A uno se le pide mayoría de edad para casarse sin consentimiento de los padres, ¿Por qué la mayoría de edad no se pide también para aceptar a un dios?” El marca-textos acaba ahí aunque el artículo continúa hasta el final del recorte. ¿Para qué quiere más detalles Su Eminencia? Llegaron a pie, en autos, en aviones desde todo el mundo, y lo que desean es conseguir por escrito la dicha excomunión, y para lograr su objetivo han venido realizando todo tipo de actividades sacrílegas y ofensivas a la Iglesia y a su Santo Padre el Papa desde su partida en México, ofensivas a usted Mi Santidad. Yo lo califico como una especie de broma masiva. Su Santidad reflexiona dando la espalda a Monseñor y al Cardenal y regresando la vista a la ventana. Ahí afuera dos jóvenes homosexuales se besan apasionadamente en medio de una multitud que los aplaude. Él, como líder de la Iglesia Católica no puede hacer quedar mal a toda la organización, a todo el aparato fraudulento. Él y todos los demás saben bien que la institución va en constante declive, cae por su propio peso, se pudre desde adentro. El Papa voltea hacia sus súbditos y da la simple y sencilla orden de no hacer nada, de tomarlo todo como desfile que pasa frente a la casa. Se cansarán y terminarán por irse. Quizá estarán un día, una semana, quizá el grupo más persistente durará un mes, a ese pequeño grupo lo podremos expulsar sin dificultad de la Santa Sede. Y ahora déjenme a solas y regresen a sus tareas. Lo que usted ordene Su Santidad. Un par de labios besan el anillo. Es para preguntarse como la ceniza de la que están hechas sus manos no se queda en sus bocas. La puerta de la habitación se cierra, el Papa, como un niño espiando a su hermana mayor desvestirse, lanza nuevamente la mirada a través de los cristales oscuros y los fija en tan exótica multitud. Ahora, conscientemente maravillado por la cuantiosa y desquiciada multitud de jóvenes de todo el mundo, los dejará divertirse. Secretamente, se divertirá él mismo con ellos el resto de la tarde. No borrará por horas la primera sonrisa sincera que ahora marca su cara y que la hace tan inocente y sincera como cuando tenía 15 años. El Santo Padre, con todo y sus manos de ceniza, regresará en el tiempo y será joven de nuevo, por lo menos hasta que acabe el día. En un momento dado pensará: Por fin la juventud del mundo se intenta quitar el velo impuesto hace decenas de generaciones atrás, cuando la humanidad misma era un niño, inocente, frágil y vulnerable. Por fin desean recobrar su libertad y su cordura. Desde atrás de la ventana les dará la bendición. Amen.
Sunday, December 23, 2012
Chagall 5.0
Le parece a Tito que lo que brilla a través del tarro de cerveza es el reflejo de su sonrisa. Está tan enamorado de ella el pobre. Sus colegas se ríen de él a sus espaldas. Ya ha comenzado a ver hacia el infinito, en su mano izquierda su tarro a la mitad con espuma derramada en los costados, los ojos de Tania, ahora una oreja que de la cascada de cabellos negros se le escapa, la mesa con sobrepoblación de fritangas y envases con diferentes niveles de alcohol en sus entrañas, su cuello blanco y la constelación de lunares en su pecho. Tania. Su blusa de flores abierta en el pecho. Tania, su voz de nena entremezclada con chilliditos agudos. Tania. Como es posible, se pregunta, que tenga la suerte de estar con una chica así. Ya te estás acalambrando Tito, despiértate hombre. Una palmada brusca en su espalda acaba con su ejercicio de entregada admiración. Prendido, se podría decir que esta. No borracho, pero con suficiente alcohol en la sangre como para sentirse flotar. Ya nos vamos mi amor. Y Tito se pavonea en silencio de que ese "mi amor" está dirigido a él. Vean todos que yo, Tito, soy el hombre de esta mujer de ensueño. Echa para adelante los hombros, se arregla el cuello de la camisa, mira su fino reloj en un brazo peludo. Cuando quieras mi vida. Tania se pone su chamarra mientras continua su conversación con Alma, los gemelos se hacen bromas pesadas, se tiran moronas de comida y cerillos quemados. Parecen niños ríe Adelaida. Tito se echa a la boca un puñito de botanas más. Tania llega hasta él, le da un beso y con diestras manos le abre de un jalón la bragueta. Que haces dice Tito con risa nerviosa, Ve hacia un lado y hacia el otro, Tania, pero qué estás haciendo. Nadie lo mira, pero Tania con la atención en otro lado manipula dentro de su bragueta y libra los obstáculos hasta su pene. Tania, que te pasa, repite Tito, pero Tania sigue mirando para otro lado y escuchando los chismes de Alma, Las manos de Tito intentan detener las de Tania, pero ella se aferra a su cometido. Los gemelos se dan puñetazos en los hombros, Adelaida muerta de la risa jala a uno de ellos del brazo, Tania con la mano bien firme en el pene de Tito lo saca de la bragueta y jalándolo le dice: Vamos mi amor. Creerlo sería demasiado, pero la inercia que conllevan los influjos del alcohol, o el enamoramiento que siente por Tania, lo hacen, como animal amaestrado, obedecer. Se levantan de la mesa, dos hombres en la barra de al lado siguen su plática; motocicletas al parecer. Adelaida dejó la propina, Alma abraza por la espalda a uno de los gemelos, el otro le hace cosquillas por detrás a Adelaida, Tania lleva a Tito del pene como se lleva a un niño de la mano, a un perro de la cadena, de la forma más natural, como si fuera lo cotidiano, lo que todas las novias hacen, lo normal, ¿lo es? ¿En dónde estamos? ¿Qué horas son? Para nadie es extraño mas que para Tito. Estoy seguro que no bebí demasiado, y mira no más de tres envases de cerveza vacíos en el lugar donde estaba sentado. Ya tiene el pene caliente y tieso dentro de la mano de Tania, ella jala delicadamente y simplemente lo guía hasta la puerta de salida. Nadie mira, a nadie le importa. En la salida, el mundo se despide. Hasta mañana, estudias para el examen de química, Para que estudiar dice un gemelo, si a mi lado estará Roberta. Todos ríen menos Tito que tan solo hace una mueca. Cómo te aprovechas de esa pobre campirana dice Adelaida, sabes que se le van los ojos por ti. Adiós Alma, adiós Tania, cuídate Tito, Tito gruñe, pero nadie observa, nadie quiere observar o a nadie le importa. Unos parten para un lado de la calle, los otros para el otro. Ya es de noche, los comercios aledaños han cerrado. Hace un frío que se acrescenta con cada fluctuación de un viento voluble. La cortina de la tienda de la esquina se cierra también, y su dueño con el periódico bajo un brazo y una bolsa de pan en la mano se aleja silbando por la calle. Una bolsa de plástico flota haciendo espirales en la calle, A mi casa cariño dice ella, flota como un animal perdido en la calle buscando comida. Los gemelos y las chicas se han subido a los autos y han arrancado ya, uno de ellos se despide desde la ventana del auto al pasar. Una poderosa ráfaga de viento hace tambalear a Tito, levanta la falda de Tania, ella ríe divertida. El viento jala fuertemente a Tito, un placentero dolor en su pene, de repente el viento lo levanta del suelo y lo jala hacia el cielo, el pene, bien sostenido por Tania sale de la bragueta de Tito como mascada de la manga de un payaso y tan alto como un edificio de tres pisos el ascenso de Tito se detiene. Te amo, estoy loca por ti. Tania le grita desde abajo sosteniendo su larguísimo pene. Él es un globo, lleno de gas ligerísimo, contoneándose con el viento, sintiendo un placer delicioso en el vientre y el cuerpo entero. La lógica no se busca y por ende no se encuentra. Y yo estoy loco por ti le contesta Tito a todo pulmón. Tania tira del globo humano y Tito avanzando lentamente ve las calles vacías desde las alturas, las ventanas de las casas con las luces prendidas, un perro le ladra, una niña lo saluda. Nunca había estado tan enamorado de una mujer.
Friday, December 14, 2012
Ella y Tú
Sólo quedan Ella y tú. Las demás han sido eliminadas. Mira al público envuelto de destellos en esa nube eléctrica, mira cómo las observan, los ojos, las lentes, mira como ya han escogido a su favorita. Los jueces escriben, hacen anotaciones, deliberan, eso parece, eso intentan que parezca. Tu corazón late muy fuerte, seguro el de Ella también. Es hermosa, más hermosa que tú, y su sonrisa brilla con cada relámpago de luz digital. Quizá Ella piense lo mismo acerca de ti, es una buena persona. Tienes que mirar al frente y seguir sonriendo, te dijeron que era parte de las reglas del certamen, pero quieres voltear y mirarla, saborear detenidamente el resplandor que emerge de sus ojos, acercarte más a ella, más, aún más, hasta que sus pestañas se ensortijen con las tuyas y sientas su cálida y acelerada respiración chocando con la tuya y haciendo remolinos invisibles entre las dos; quieres tomarle la mano, sentir su pulso, apretarla fuerte y distinguir en sus cuencos los latidos de su corazón. Es tu amiga, te lo demostró, eres su amiga, se lo hiciste saber, y ahora están al final de la competencia, sólo una de las dos será la reina de la belleza. Sólo quedan Ella y tú. El nombre de su país en una banda brillante sobre su pecho, el nombre del tuyo de la misma calidad y en la misma posición, tan diferentes países el uno del otro, el de ella frío y conservador, el tuyo cálido, luminoso y alegre. La conductora tiene ya el sobre en la mano, el público calla. Antes que nada observa rápidamente su cuello, tan sólo de reojo, ahora vuelve a ver al frente, no se te olvide sonreír, ¿te diste cuenta? está bañado con una película fina de tibio sudor, sus orejas son tan finas y delicadas, la conductora se aclara la voz, las luces del escenario te ciegan. –Y nuestra nueva reina de belleza 2013 es…- Quizá Ella, quizá tú, o las dos. La conductora dice su nombre y su país, la multitud grita, tú sonríes y aplaudes, no necesitas fingir, genuinamente idolatras, al igual que todos, su belleza, su carisma. Alguien le entrega un ramo de rosas enorme. Espontáneamente te acercas a su oído y en secreto le haces saber lo que piensas. –Te lo mereces, tú eres la más bella- Ella te voltea a ver, sus ojos turquesa se fijan en los tuyos. Siente ahora como los alaridos parecen desaparecer, como el tiempo parece detenerse, como tu corazón parece sumergirse en un frío baño de endorfinas. Ella deja caer las rosas al suelo, te toma de las manos, acaricia tus dorsos con sus pulgares, sin dejar de verte te dice -Pero yo te amo-. Las otras concursantes han salido a felicitarla, Ella y tú están ahora rodeadas de todas ellas, la separan de ti, la abrazan, la felicitan, tú te quedas inmóvil. Ahora no puedes hablar, se te escapó la voz, se te congeló la mirada, se te reventaron de un golpe todas las venas. No sabes cómo sucede, pero Ella se logra zafar de las demás y regresa a ti, te toma de los brazos, de la cara, del cuello y ahora, Ella y tú se están besando. Abrieron al máximo los ojos, se taparon la boca con ambas manos, el movimiento dejó de serlo, se calló la gente, el público, las otras concursantes, el narrador tuvo un ataque de parálisis lingual, el otro se desmayó. Las que ahora narran la historia, cuentan el cuento, dirigen la acción, son las luces del escenario que con potentes haces las empuja una contra la otra y las amarra en un etéreo fulgor. Lo demás está en silencio, sumergido en oscuridad, sólo quedan Ella y tú.
Sunday, November 11, 2012
El Purgatorio
Debería de haber un cagadero comunitario, con escusados en círculo sin puertas ni paredes, donde uno platique mientras caga, sería una especie de terapia en grupo, como para darse cuenta de que todo el mundo es vulnerable. La caga colectiva debería ser un ejercicio practicado por políticos, enemigos acérrimos y entre conocidos como método para eliminar viejos rencores. La caga colectiva sería una práctica mucho más honesta y eficaz que darse la paz durante la misa en una iglesia.
Como Dios
Ella es como dios, está ahí pero no la ves, está ahí pero nunca habla contigo, no te hace preguntas ni te da las respuestas, no te reconforta ni te alienta, quizá te quiere, quizá te odia, sabe que existes pero ha decidido ignorarte por completo; está ahí te dicen, en este planeta dando vueltas y vueltas junto contigo alrededor del Sol, en silencio, siempre en silencio. Tú la amas, pero ella está muy lejos de ti y no tiene Facebook.
Friday, October 26, 2012
La flauta que el burro tocó
Pasó la cuerda por detrás del tronco cartilaginoso de un cactus grisáceo. El animal cansado exhaló bruscamente. Apretó la cuerda alrededor del cactus y lastimó un costado del que lentamente chorreó un líquido limpio, transparente, viscoso. El burro sacudió la cabeza, la cuerda le jaló el brazo y una espina le rasgó el dorso de la mano; maldijo, al cactus, a su madre, al burro. Se puso de pié de un salto, le dio una patada en el vientre para descargar la ira y el burro se tiró con fuerza para atrás, el cactus resistió el cimbrón. Se calmó, se lamió la mano, la apretó contra la manga de su camisa donde una figura rasgada se imprimió con rojo, farfullando se puso en cuclillas nuevamente y terminó de hacer el nudo, con la otra mano sacó del costal sobre el lomo del burro la soga y la lona con la que se protegería esa noche. Estaba a la mitad del camino, llevaba dos días; terminar de cruzar las montañas, rodear Las Avellanas, atravesar el barranco, si el puente estaba aún en buenas condiciones faltaban otros dos. El burro meneó la cola para espantarse los insectos nocturnos y luego olisqueó entre las piedras. Él juntó las ramas grandes que servirían de sostén a un improvisado refugio, y las pequeñas que servirían de combustible a un fuego efímero, para cocinar, para calentarse, Que dure por lo menos mientras pasa la noche. El burro encontró tres, quizá cuatro hierbajos entre las rocas que arrancó y masticó. Unas cuantas fibras vegetales, altas y jugosas, se asomaban detrás de una piedra grande, blanca y mineral, cubierta de diminutos destellos metálicos propiciados por luz de Luna; el burro intentó alcanzarlas pero la soga que lo ataba al cactus lo impidió. Chispas crujientes se elevaron desde un fuego incipiente que habría de calentar el guiso, El burro cerró por tres segundos sus ojos, los abrió, nuevamente los cerró, Semillas blancas en una salsa roja, Liberado el animal de la tensión del camino parecía sentirse cómodo con el fuego calentándole uno de sus costados, Ya comenzaba a liberar ese olor de chiles silvestres mezclados con tomate. El burro estornudó. La cena fue corta, él se picó los dientes con uñas negras y afiladas para sacarse las basuritas, se ayudó con una espina, como la que le rasgó la mano, la Luna se había sentado en un fulgurante pedestal nebular; escupió, se sacó las botas, Aquí no lloverá, las nubes van hacia el occidente, el agua caerá sobre el camino del que vengo. Se acostó debajo del tendido, se cubrió con el poncho de algodón, acomodó la cabeza sobre una cobija doblada en cuatro, se durmió. Las patas delanteras del burro se doblaron, las traseras después, sus ojos se mantuvieron cerrados, los de él también. El fuego es el único que quedaba despierto, el burro suspiró, con una sinuosa danza de luz y calor hizo que las sombras bailaran a su rededor, sobre la quijada del burro y la superficie mineral de la gran piedra blanca, sobre la lona del refugio de su amo quien también suspiró. Quién de estos dos es la bestia se preguntó a crujidos el fuego. El burro abrió los ojos, ¡alerta!, ¿una serpiente, un escorpión, algún coyote o algún ladrón?, No, tan sólo la luz que, después de viajar 30 segundos desde la Luna hasta la Tierra, se impactó directamente en uno de sus enormes globos oculares, el burro fijó un costado de la cabeza hacia arriba y miró la Luna, Un milagro que muchos no reconocerían como tal; un burro jamás mira hacia el cielo y mucho menos sus astros, animales como el burro están destinados a mirar toda su vida hacia abajo, lo de arriba simplemente no existe. El roncaba, la mano fuera del poncho con el dorso rasgado sobre su vientre, la otra sirviéndole de almohada, Sin dejar de observar la Luna el burro se levantó, y entonces entendió, una nube de ignorancia velándole el entendimiento se disipó. Supo entonces lo que era la Luna, de lo que estaba constituida y de dónde provenía su luz, recordó el Sol y el día, sintió el viento y apreció los arbustos y matas oscilando suavemente, comprendió el mismo fenómeno de la luz bañando el paisaje nocturno que lo rodeaba, miró a su amo, supo su nombre y supo quién era, Su mano rasgada, la herida de hace una hora, su madre, una buena mujer, su padre, un borracho que lo golpeaba cuando era niño, Supo a dónde iba y de donde venía, Un burro, la cuerda atada a su cuello, supo que había sido puesta por él para impedir que se perdiera durante la noche, Recordó su voz y emuló los vocablos con los que lo llamaba. Maldito burro, burro estúpido, bestia de mierda. Miró sus cuatro patas, su constitución física, sintió dolor y cansancio, sintió el calor del fuego y enseguida lo contempló entendiendo claramente su porqué. Yo soy, yo soy un burro, Después, el burro supo que sabía, que entendía y que era capaz de analizar con inteligencia todo lo que lo rodeaba. Quiso escapar, huir de ahí, deseó poder hablar, quiso explicar lo que le estaba sucediendo, se tiró con fuerza del cactus que lo ataba, pataleó, quiso expresar su descontento, pero sin cuerdas vocales humanas que propulsaran palabras coherentes sólo resonaron poderosos rebuznos. El se incorporó, miró al rededor, nada pasaba, en tres pasos se aproximó al burro y le soltó un contundente puñetazo en la quijada. Cállate pinche burro estúpido. Dolor significativo y consciente, luego el olvido, la neblina en sus ojos, una marea confusa en su cabeza, él regresó al tendido a dormir, el burro se quedó inmóvil por un buen tiempo, luego arrancó un par de hierbajos más y los masticó por minutos en la más perfecta y anestésica inconsciencia.
Thursday, October 4, 2012
La historia de este mesias
Un reflejo
cóncavo, adherido a la membrana de sus pupilas, el del Sol que se acerca a su
ocaso tras las montañas. La mano que sobre su piel se desplaza, la cáscara
blanda de una oscura nuez del bosque, que recorre los valles y crestas de su
vejez hecha piel. Las yemas suavemente sobre los diversos pliegues y accidentes
que construyen la superficie de ese desierto accidentado, el de la orografía
dérmica que la constituye. Son arrugas de dolor, tristeza y cansancio, ahí se
guardaron las incertidumbres, ahí se esculpieron los fracasos, las
frustraciones y los enojos, se registraron los miedos, se cincelaron las penas,
pero también se barnizaron del amor y sus derivados, se embadurnaron de esperanzas,
alegrías y felicidades. La vida ha sido buena con ella y con los que ella ama. Él
la ha acompañado a lo largo de su camino y se siente satisfecha, se siente
infinitamente bendecida y sus labios en voz baja gracias, mil gracias. Su
presencia ha sido inapreciable; el camino ha sido largo y difícil, pero su
continuo e incondicional apoyo la han hecho siempre salir avante. En la puesta
de sol, también en la de su vida, ella se siente feliz y triunfadora, ahora más
que nunca confía en Él y lo siente más cerca que nunca; siente su presencia en
el aire, en la hierba que pisa, en los árboles que con el movimiento de sus
hojas la arrullan, en el agua que delicadamente limpia sus agrietadas manos
hechas de canela tostada, en los ojos de sus hijos, y en los de los hijos de
sus hijos. Ella suspira y admira el paisaje que en la vida le fue concedido. Su
bello país amurallado de verdes montañas. Un pequeño pedazo de tierra apartado
del mundo entero y rodeado de simplicidad, de sencillez, de humildad, de gente
buena. A sus espaldas está su hogar, guardando hasta en la más pequeña grieta
del madero más escondido los fantasmas de felicidad hechos de hermosos
recuerdos condensados por décadas. La vieja puerta que tantas veces se ha
abierto para recibir a los queridos y para proteger del entorno a los amados,
las ventanas por las que los ojos verdes, ahora cafés, ahora grandes o pequeños
se han asomado al exterior para ver la lluvia caer, la nieve lentamente
descender, las hojas de los árboles balancearse elegantemente o girar como
bailarinas al bajar. Los arbustos y las flores que su hombre, el hombre de su
vida ha sembrado y con dedicado esmero ha cuidado. Y sus labios en voz baja Mi
amado, el gran sabio del imperio, mi querido, que tanto bien ha traído a este
mundo. Las habitaciones, escenarios de las más bellas fantasías infantiles,
luego de las más obstinadas impaciencias adolescentes y más tarde, de la más
sosegada y sabia madurez. Y todo esto es gracias a Él, a su amor infinito, a su
bondad eterna. El sol se ha escondido ya tras las montañas, el viento ahora le lame
la cara con mil lenguas frías; y sus pies, como en un rito silencioso aprendido
de memoria, la llevan dentro de su hogar. La puerta, aquella de la que ya
hablamos, se cierra una vez más rechinando con gratitud la dulzura con la que
se le trata; ella camina hacia donde está Él. Su imagen descansa entre dos
veladoras que ella enciende con devoción; su imagen aparece bañada de dorada
luz de vela; su puño al frente, su larga capa roja desplegada a sus espaldas,
un riso de su negro cabello obstruyendo una blanca y orgullosa frente, y detrás
de Él, el azul perfecto de un cielo brillante y profundo, casi tanto como sus poderosos
y bondadosos ojos, envuelve Su bendita figura. Su pose es ésta imagen es la
tradicional, la representación clásica que se utiliza en cientos de miles
(quizá más) de altares, esculturas, retratos y demás imágenes de su persona
desde hace apenas 40 años. Él, es el salvador del mundo en turno, Él, es el
mesías del año 2440. Y ella, a sus 91 años de edad, con sabiduría lo ama.
Está
garabateado en algunos códices primitivos, probablemente fue una guerra o una
serie de ellas la que acabó con el mundo conocido del 2055. Una hipótesis
contraria dice que fue una gran catástrofe natural, o la combinación de
múltiples catástrofes relacionadas entre sí al mismo tiempo; el terremoto,
quizá, que desencadena otro de mayor magnitud y éste que produce tsunamis que
ahogan las ciudades de todo el mundo, y que a su vez chocan contra olas de lava
provenientes de cientos de volcanes reactivados con el movimiento tectónico de
placas. La hipótesis que todo lo unifica dice que, en efecto fueron catástrofes
naturales, pero provocadas tecnológicamente como armas de guerra fabricadas con
potentes emplazamientos electromagnéticos. Sea lo que haya sido, el mundo
colapsó, los sobrevivientes (menos del 11 porciento de la población de ese
momento) se despidieron en unos cuantos días de todo, de la tecnología, de la
industria y sus beneficios, de las telecomunicaciones, de los medios de
transporte, del uso del dinero y de las corporaciones internacionales, de los
gobiernos y la política, de los territorios y las nacionalidades; olvidaron
todo, hasta los dioses en quienes confiaban, a quienes oraban y hacían escuchar
sus peticiones, por quienes se sentían protegidos y aliviaban sus dolores. Se
olvidaron de la religión, de las religiones; todo volvió a ser igual que 2000
años atrás; las necesidades fueron de nuevo cubiertas de la forma más
rudimentaria. Para comer, siembra o toma la comida de los árboles, las plantas
y los animales alrededor, para protegerte de la intemperie mata un animal y
cúbrete con su piel gruesa, amarra también a tus pies algún material protector,
para defenderte del enemigo afila piedras y palos, construye fortificaciones
con rocas apiladas y corónalas con ramas de arbustos espinosos, para
comunicarte habla, grita, gruñe o has señas. Para conseguir una mujer o
conservar un hombre pelea, prepárate para matar y también para morir en
cualquier momento en manos del más fuerte, del más capaz. A esto estás
condenado por haber destruido el mundo, por lo menos el mundo moderno. Sin
embargo, el sentido gregario del hombre no cambió, por lo que al pasar del
tiempo las personas formaron tribus, y las tribus comunidades, las comunidades
se aunaron en grandes pueblos, los pueblos pasaron a ser ciudades y de todas
las ciudades juntas se formaron imperios. Como consecuencia prevista nuevas
guerras surgieron, ninguna tan mortífera como la que quedó atrás, también
olvidada al pasar de cuatro siglos; de todos los nuevos imperios formados sobre
la faz de una nueva Tierra surgió uno que resultó ser el dominante, el imperio alfa,
el que logró controlar a sus adversarios al final de las cuentas, el que se
extendió más y cubrió con sus bárbaras leyes y costumbres los territorios
conquistados. Después de la destrucción masiva 400 años antes, también las
lenguas cambiaron, nuevas torres de Babel revolvieron las palabras y las
esparcieron por el mundo restante, se le dio a unos y otros una mezcla de
diferentes tintes y matices guturales, de palabras nuevas y palabras muy
viejas, de términos compuestos con la mezcla de diferentes lenguas anteriores a
la devastación, y el imperio dominante, a pesar de todo lo logrado, de todos
los territorios bajo su control, no pudo entonces estar satisfecho con la plena
unificación de los pueblos conquistados.
Más de 2000
años atrás, quizá cien años antes de la gran devastación, había un niño de cara
triste y seria; sus rasgos: una gran colección de misterios infantiles, como un
almacén de primitivas frustraciones personales, como una pronta simulación de
la actitud facial que deberá adoptar casi por el resto de su vida; su cuerpo,
un conjunto de prematuros tejidos adiposos; él es el chico que no juega con los
demás, el que se mantiene en un rincón durante los minutos de descanso en el
colegio, el que casi nunca habla con otros niños y mucho menos con las chicas.
Él es el único hijo de una pareja disfuncional de ricos ciudadanos del mundo,
el que vive en un piso muy alto de un edificio muy moderno, al que le compraron
todos los juguetes del almacén pero nunca le dijeron que lo amaban. La mitad de
los juguetes permaneció en sus empaques, el niño de cara triste también se
guardó en silencio por largas horas, envuelto en el rugido distante de una
gigantesca ciudad a sus pies. La ventana, la gran ventana en el lujoso
departamento en el que habita, es al parecer su única amiga; es a través de
ella que los ojos se le escapan y con infantil curiosidad se clavan en
distintos puntos de la ciudad muy alejados el uno del otro. Ahí hay un auto rojo frenando en un semáforo,
detrás de él lo alcanzan al detenerse un auto blanco, otro verde, un camión del
servicio postal y un taxi como el que lo trajo a casa esta tarde. En otro punto
de la ciudad hay una señora paseando a un perro, y en parque un anciano dándole
de comer a las aves. Las metálicas entrañas de un estacionamiento coleccionan
autos en cinco pisos, y un túnel engulle con voracidad al tren que va hasta el
centro financiero. Las vidas de todo el mundo a sus pies, juntas y al mismo
tiempo separadas, dispersas, cada quién siguiendo reglas de convivencia que los
habilitan para vivir uno con el otro pero al mismo tiempo intentando evitarse
lo más posible; ahí abajo están todas las aflicciones reunidas, todos los odios
y las tristezas, todas las viejas gritonas, todos los chicos que golpean a
otros para robarles su dinero o por simple gusto, todos los padres alcohólicos
y los histéricos, también están los policías y la gente que usa traje y corbata
y camina muy de prisa, los que trabajan en las fábricas y en las
construcciones, las chicas bonitas del colegio, aquella que es especialmente
hermosa y que ni siquiera sabe que él existe. Un suspiro sirve de punto y
aparte sicológico a la concientización de su desventura. Ahora, si sigue con la
mirada el boulevard que se extiende desde sus pies hasta el horizonte y cuenta
14 calles encontrará en un costado un diminuto letrero amarillo con letras
rojas, es la tienda de comics; hace tiempo que la divisó y memorizó su
localización en el enrejado urbano, regularmente la visita y compra unas
cuantas revistas, quizá cinco, quizá diez; el dueño lo conoce bien, y aunque lo
saluda cada vez que entra a su tienda lo hace sin mucho entusiasmo, la primera
vez lo hizo pero recibió por respuesta del chico una mueca semi-amarga; ahora sabe
bien que él no es un niño que sonría, que hable con los demás, que le guste la
compañía. Siempre va sólo y revisa una por una cientos de historietas. El
hombre de acero, “Superman”, le ha dado en qué pensar, en qué desbordar su
imaginación, en qué vaciar sus deseos reprimidos; sobre todo cuando su mente se
pierde en el horizonte de la ciudad imaginando que como él puede volar, que
como él puede atravesar con los ojos todas la paredes, todos los muros de todas
las casas y los edificios, que tal como él lo hace puede llegar en segundos a
cualquier punto de la ciudad y salvar a una indefensa mujer de un par de
asaltantes, o levantar un auto con una sola mano y liberar a una pequeña niña atrapada
debajo, que con sus ojos puede derretir el metal y reconstruir en un instante
las vías de un tren a punto de descarrilarse, pero sobre todo que es libre, que
nada ni nadie lo aflige, que nada ni nadie lo detiene, que es admirado por los
buenos y temido por los malos, que viene de muy lejos, de otro planeta, que no
tiene padres, que es feliz.
En el centro
de la más poderosa ciudad las autoridades del nuevo imperio emergente se
reunieron, dialogaron sobre el entonces desunido territorio conquistado, se
levantaron sesiones y se discutió para encontrar posibles soluciones a ésta
problemática; se optó por hacer llamar a los sabios de la época para exponerles
el problema. –Por la fuerza hagan que todo el imperio obedezca- dijo uno de los
sabios poniéndose de pié y agitando fuertemente el puño agregó: -Siembren de
calamidad los caminos y las plazas, los ríos, los mares y los bosques hasta que
por miedo se haga lo que se les ordena hacer. Castigo ejemplar a aquél que
decida obstinarse a no cumplir nuestros mandatos.– -Pero el imperio ya está
conquistado, tan sólo se mantiene hablando en su propia lengua y por lo tanto
obedeciendo sólo a sus líderes locales, algunos pueblos aún conquistados se
reúsan a veces a pagar el tributo impuesto. El problema es la lengua, eso crea
una brecha entre ellos y nosotros. – respondió la autoridad. – El problema no
es la lengua – interrumpió un segundo sabio – Los miembros de las sociedades se
conquistan con las armas, pero sus corazones y voluntades se conquistan de una
forma más sutil y elegante. - -Cuál es dicha forma sabio señor- preguntó con
cierto cinismo la autoridad mayor. La junta se pospuso para una semana después.
El sabio prometió hacer traer desde su pueblo en un cargamento la solución, la
forma de arreglar el problema de la mejor forma, sin más derramamiento de
sangre, sin pérdida inútil de soldados. La fecha de la siguiente sesión se fijó
y las autoridades, los hombres de confianza y los sabios fueron nuevamente
requeridos en el palacio principal para ese día.
El niño no se
olvidó de sus historietas, pero las historietas sí se olvidaron de él, cayó
enfermo, sus glóbulos rojos iban en constante disminución. Leucemia, la
enfermedad pegada a su cuerpo como la uña a la carne. El niño en el hospital
recibió a sus padres, un día uno, otro día el otro, pero nunca juntos, también
recibió regalos, muchos otros que también corrieron la suerte de permanecer en
sus cajas por siempre. La indiferencia, la apatía, son también un tipo de
enfermedad. 40 historietas del hombre de acero apiladas sobre el buró son el
único aliento que éste enfermo puede tener, todas y cada una meticulosamente
envueltas en una bolsa plástica y ordenadas de la edición 1 a la 40. El niño
toma una, la lee, deja volar su mente y la regresa intacta a la bolsa de
plástico; así le enseñaron a ser, meticuloso, ordenado, cuadrado. El niño muere
sin importarle mucho a nadie, los padres dejan caer algunas lágrimas pero son
sustituidas inmediatamente por asuntos importantes pendientes. El niño nunca
tuvo el papel de vínculo familiar, los padres se vieron nada más que para
firmar algunos documentos en presencia de algún juez. La habitación se limpió,
se abrieron las cortinas y se dejó al sol hacer su labor revitalizante, se
aspiró, se sacudió y se acomodó, también se impregnó con esencia de pino, o de
vainilla, o de alguna flor exótica, y a la habitación sí se le dio de alta para
recibir al siguiente paciente, quizá otro moribundo, con alguna otra historia,
con otros familiares que quizá lloren más a su paciente. ¿Y las historietas?,
¿qué fue de ellas?, se les colocó en una caja y se le entregó a su madre. –Tenga
señora, los objetos de su hijo-, -Gracias doctor-, -tan sólo algunas revistas y
la ropa con la que entró al hospital. Lo siento mucho.- -¿Eso es todo?- - si
señora, tan sólo firme aquí de recibido-. La madre del niño camina sola por un
pasillo largo del hospital, entró hace unos días llevando a su hijo de la mano,
hoy sale con tan sólo una caja que será depositada en un rincón del inmenso
departamento, será en poco tiempo olvidada. La pareja, desde un principio
disfuncional, se desintegrará por completo, ella se quedará con el apartamento
y un nuevo tipo de armonía tendrá lugar en el apartamento, otras fiestas y
reuniones, mucha gente, otros hombres, otros amantes, un hombre predilecto, risas,
más risas, después llanto y sólo llanto, mucho alcohol, más amantes, éstos
menos duraderos que los anteriores, flores exóticas en lujosos floreros que se
traen y que en días mueren, flores un día radiantes y después irremediablemente
marchitas, como la vida de ella, como un cerebro separado del resto del cuerpo
flotando en una bañera con alcohol, como un cuerpo separado de su cerebro
caminando sin saber a dónde, mirando sin saber qué, besando sin saber a quién,
muriendo, lentamente muriendo. Y la caja guardada lo seguirá siendo, con o sin
polvo, su contenido intacto por años, quizá décadas. El hombre de acero
atrapado en una caja. La ciudad que se ve a través de la ventana no es la
misma, ahora está más sucia, tiene cicatrices de aerosol en sus paredes, tiene
arrugas en su concreto, está plagada de individuos nocivos, que la escupen, que
la ensucian, que le orinan las entrañas. Nadie observa ya a través de la
ventana. Uno de los amantes será también un experto ladrón, se desplazará
suavemente por la casa, con facilidad seducirá a la dama que la habita, y con dedicado
esmero corromperá una a una las puertas en su interior, encontrará las llaves y
sigilosamente revisará los contenidos de todos los compartimentos, de todos los
cajones, de todos los muebles. Este amante se topará un día de frente con la
caja, con curiosidad morbosa revisará su contenido, las 40 historietas verán
después de muchos años la luz amarillenta de las habitaciones humanas. El ladrón sabe su valor, no el sentimental,
sino su valor en dinero contante y sonante. Las historietas son ahora, décadas
después de haber sido compradas, clásicos de éste tipo de ediciones infantiles
y valen, todas juntas, unas cuántas decenas de millones de dólares. Sin
dificultad serán extraídas de la casa y transportadas hasta la puerta de un joven
y rico coleccionista, se le venderán por la mitad de su precio y tanto para el
ladrón como para el coleccionista, esto representará un jugoso negocio. Las 40
historietas del hombre de acero, tal y como el genio de lámpara, regresarán
después de cumplir varios deseos a éste y a aquél, a una prisión que parece
eterna; ésta vez la prisión será un cubo de metal reforzado con mil capas y
encriptado con un complejo código. Ni
Superman, con todo y su visión de rayos-X, pueden ver a través de los muros que
ahora lo guardan para un futuro incierto.
Cuatro hombres
de palacio cargan una pesada caja de metal hacia la sala de juntas; es
evidentemente un objeto anterior a la gran devastación. El sabio los guía por
los largos pasillos y el personal del palacio mira curiosamente la gran caja de
metal. En la sala de juntas la lista completa de invitados se ha tachado, no ha
faltado nadie al requerimiento de la autoridad suprema, todos han llegado desde
muy distintos y lejanos lugares del imperio y están reunidos en silencio
esperando tan sólo la llegada del gran sabio con la solución prometida. Se abre
la puerta y los guardias hacen entrar al sabio. La gran caja se metal se pone
sobre una suerte de mesa ante la vista sorprendida de todos. –Sabio ciudadano,
qué es lo que nos has traído- Simplemente para causar expectativa e incrementar
la importancia propia y la del objeto sobre la mesa el sabio hace una
introducción. –Hace un tiempo se me informó del descubrimiento de un objeto
particularmente curioso en mi pueblo, esto es común para mí, pues bien saben
que se me informa de todos los objetos de antes de la devastación que son de
pronto encontrados, y bien, se me hizo asistir al lugar donde el objeto había
sido desenterrado y vi por primera vez esta especie de caja que hoy les he
traído y que ahora pueden observar frente a ustedes sobre la mesa, se me había
dicho que era un objeto extraño parecido a un gran cubo de metal, el objeto,
fuese lo que fuese, me sería confiado, como todos los demás, para su estudio y
almacenamiento. Afortunadamente para mí, el consejo de sabios en mi pueblo me
había designado unos meses antes como el encargado de recuperar e investigar
los objetos desenterrados de antes de la devastación- -Porqué no se me informó
de éste descubrimiento antes que nada- interrumpió con un cierto grado de enojo
la autoridad suprema. –Porque, señor…- explicó el sabio, -muchas veces nos
encontramos con objetos similares de antes de la devastación y la mayoría de
veces no son más que máquinas antiguas rotas o utensilios diversos del uso
cotidiano de la gente de antes de la devastación. Todos estos objetos son
almacenados, clasificados y evaluados para una futura investigación. Los
pedazos de máquina que hemos encontrado son demasiado complejos para nuestro
entendimiento, son pedazos de metal muy diminutos unidos a un material
transparente y a otro que parece una resina de árbol flexible pero no pegajosa
y que no es fácil de romper. Se hace un reporte de los objetos encontrados y
después se envía ante su presencia para su conocimiento, el proceso de
encontrar un objeto hasta enviar el reporte a usted puede llevarnos unos 25
ciclos, y ésta caja que tienen hoy ustedes ante su presencia no tiene más de 15
ciclos conmigo, además de que logré sólo hasta después de 7 ciclos verificar su
contenido.- -Está usted diciendo señor sabio que éste cubo de metal se abre-
-Así es autoridad suprema, tan pronto como vi el objeto me di cuenta de que se
trataba de lo que las gentes de antes de la devastación llamaban una ¨caja
fuerte¨, y que utilizaban para guardar sus objetos de más valor. Para abrirla
utilicé varias herramientas con resultados negativos, hasta que hice una mezcla
de algunas sustancias con el polvo explosivo que desarrollaron hace tiempo sus hombres
del extremo norte del imperio, fue así que la puerta de ésta ¨caja fuerte¨ por
fin cedió. Cuando pude ver lo que estaba en el interior me quedé estupefacto,
yo había intuido que las gentes de antes de la devastación tenían formas muy
avanzadas para guardar sus memorias, pero nunca me imaginé tener en mis propias
manos evidencia de alguno de éstos artilugios. Por supuesto mantuve esto en
completo secreto e informé a las personas que habían encontrado el cubo de
metal y a los soldados que me habían ayudado a transportarlo, que se trataba de
otro objeto misterioso sin uso aparente, informé que, como los demás, sería
clasificado y almacenado para su futuro estudio.- –Basta de rodeos. Muéstrenos
de inmediato el contenido sabio señor-
El sabio se acercó a la caja fuerte y tirando un poco de una manija
retorcida pegada en el centro sobre un círculo con varias inscripciones, uno de
sus costados se abrió. La mesa entera de invitados se levantó de sus asientos
como compitiendo por ser el primero que veía el contenido de dicha caja. El
sabio sacó ocho paquetes que contenían cinco almanaques cada uno, cada paquete
estaba envuelto con el material parecido a la resina de árbol encontrado en
otros objetos desenterrados pero éste era transparente y muy fino, más delgado
y liviano que las hojas de los árboles. Con delicadeza, el sabio sacó los
primeros cinco almanaques del primer paquete y los distribuyó a los asistentes
siendo el primero la autoridad suprema. La conmoción fue lo que el sabio se
esperaba, estar ante la presencia de las memorias de la gente de antes de la
devastación era algo magnífico. Los asistentes vieron con detenimiento cada una
de las páginas de los almanaques, palparon su textura, olieron el extraño aroma
que se desprendía de cada página, gozaron en extremo los nítidos y brillantes
colores con los que estaban diseñados y sobre todo, se maravillaron con la perfecta
representación gráfica de los cuerpos y los objetos, éstos almanaques eran un
ojo puesto el pasado, más de 400 años atrás, justo en el centro de la vida de
las gentes de antes de la devastación. Los
asistentes contemplaron y manipularon los antiguos objetos con detenimiento y
en silencio de murmullos y páginas que se doblan. –Antes de que la autoridad
suprema me hiciera llamar…- interrumpió el silencio el sabio –me di a la tarea
de transcribir algunos de los textos que vienen en cada una de las viñetas de
estas ilustraciones, los copié con esmero intentando no distorsionar su
contenido en el proceso, la transcripción fue llevada a algunos de los
especialistas del imperio en letras y números de antes de la devastación, y dos
días después me dijeron que el texto que les había enviado a descifrar era
proveniente de algún tipo de historia o relato de el hombre que ven aquí, el
recuento de las acciones y virtudes de éste hombre supremo, de alguien que, en
el mundo de antes de la devastación, se daba a la tarea de salvar, proteger y
cuidar a la humanidad completa de cualquier tipo de infortunio que pudieran
tener, al parecer éste hombre supremo tenía una especie de poderes que ningún
otro hombre tenía, poseía los sentidos más agudos superando quizá los de las
bestias salvajes, las fuerzas más inmensurables, capaz de levantar pesadas
cargas con una sola mano, una rapidez que le permitía parecer estar en varios
lugares al mismo tiempo y señores, como pueden ver en las ilustraciones, éste
hombre magnífico tenía la capacidad de volar.- Tras una larga pausa el sabio
agregó: -Sin embargo, señores míos, no se precipiten a conclusiones erróneas,
pues también dentro de lo descifrado por los especialistas se encontró la
palabra ¨historieta¨, que al parecer era nada más y nada menos que un almanaque
para los niños, creado con el único objetivo de divertirlos, de desarrollar su
imaginación, de mantenerlos entretenidos. Por lo tanto deduje que éstos
almanaques, por increíble que les parezca y a pesar de la gran calidad con la
que están elaborados, no son más que invenciones, cuentos de niños, falacias,
éste hombre supremo no es más que la creación de una mente imaginativa.- –¿Daban
estos almanaques tan laboriosamente elaborados a los niños?- rompió el monólogo del sabio uno de los
asistentes a la junta. –Sí, y también por difícil que sea entenderlo, sé que
éste tipo de almanaques eran fáciles de producir y se intercambiaban por un
valor no muy alto, éstas representaciones gráficas que a nosotros nos
sorprenden y que ni el dibujante más experto de todo nuestro imperio podría
llegar a copiar eran obra cotidiana, y eran superados por representaciones
gráficas aún más perfectas y elaboradas incluso con máquinas construidas para
capturar imágenes, algo así como un ojo-máquina capaz de dibujar sobre un
lienzo la imagen que a uno se le presenta a los ojos. Es increíble la capacidad
tecnológica a la que llegaron las gentes de antes de la devastación. – La
audiencia quedó en coma, los asistentes se petrificaron en profundos
pensamientos e imaginaciones, los ojos perdidos en las texturas de las paredes,
en los patrones de diseño de la mesa y los muebles para distraer la vista y
diseñar en sus mentes las máquinas que para cada uno, podría haber hecho las
veces de un ojo mecánico y al mismo tiempo un hábil dibujante. La autoridad
suprema tosió y las imaginaciones se desvanecieron de nuevo en la sala de
juntas. El resto de los asistentes le pusieron atención y la autoridad suprema
entrelazó los dedos de sus manos sobre la mesa y mirando fijamente al sabio le
preguntó: –Todo esto es sorprendente sabio señor, pero mi pregunta es, ¿cómo
puede esto ser la solución a la situación de desunificación en la que se
encuentra mi imperio, es acaso algo que yo no haya visto o algo que aún no sepa
de estos almanaques que usted me viene a traer aquí, hay algún hechizo o
encantamiento escrito en ellos que yo pueda utilizar sobre mis gentes, qué es lo
que usted ve que yo aún no alcanzo a ver?, Le pido sabio señor, que su
respuesta sea contundente y plena, que no queden dudas sobre una idea bien
planteada y posible de llevarse a cabo, recuerde que el objetivo de ésta junta
es encontrar una solución a la desunificación del imperio y no para presumir
sus capacidades como investigador del mundo antes de la devastación.- El sabio, de muchas formas incómodo con la
aclaración de la autoridad suprema, consiguió reunir toda su paciencia, hacer
gala de la sabiduría que se le atribuía y comenzó su discurso con gran
ecuanimidad. –Señor mío, el interés que usted tiene por lograr la unificación
del imperio es también mi interés, por lo tanto, el tiempo que usted ha
depositado en mi es infinitamente apreciado, por consiguiente, me sé con la
responsabilidad de ocuparlo de la mejor forma posible para satisfacer sus
deseos, que estando yo a su completo servicio, pasan también a ser los míos.
Desde hace no menos de tres siglos, tan sólo un siglo después de la gran devastación,
cuando la gente se asentó nuevamente en lugares bien establecidos, comenzaron
nuevamente las actividades agrícolas y el desarrollo de pequeñas poblaciones
fue constante, cuando la primera generación de sobrevivientes hubo ya
desaparecido y sus hijos comenzaron a retomar lo aprendido de sus padres, las
deidades locales comenzaron a aparecer. Uno de los rasgos distintivos del ser
humano, de antes o después de la devastación, es creer en un ser superior a él.
Como usted sabe, la creencia en un ser de esta naturaleza conlleva múltiples
beneficios para el creyente, quien, seguro del poder absoluto de su deidad, le
hace partícipe de todos sus deseos y anhelos, lo pone a cargo de la resolución
de sus problemas y aflicciones, recibe amor incondicional a cambio de la propia
alabanza y los tributos que la deidad pueda requerir. Una deidad es una
almohada ideológica sobre la que se recuesta una mente atribulada y consiente
de que por sí sola, no es capaz de realizar todo lo que se propone. Una deidad
de éste tipo es un fiel y poderoso aliado en contra de todo y de todos;
responde a los ruegos, se conmueve ante las súplicas y es infinitamente
bondadoso si uno sigue las reglas que su persona pueda imponer; de lo
contrario, de no obedecer a la deidad, de desdeñarla o de incumplir los
preceptos de su doctrina uno se arriesga a padecer los más temibles dolores, a
sufrir las más terribles maldiciones por la eternidad. – El sabio hizo una
pausa, respiró profundamente, exhaló lentamente y supo que la autoridad suprema
sabía ya hacia donde iba el discurso, y lo que es más, parecía estarle
agradando la propuesta que comenzaba a dibujarse. El sabio, tomó un poco de
agua de la mitad de una cáscara seca de algún tipo de coco, la depositó
suavemente sobre la mesa y prosiguió. – La solución que yo le ofrezco mi señor,
es quizá la que usted se ha imaginado ya. La invención de una deidad que sea
tan poderosa y tan maravillosa que sea reconocida por todos como la deidad
suprema, como la fuente y la causa de todo, como la salvación y el camino
único, como el depósito de todo el amor incondicional y como la amenaza más
grave en caso del incumplimiento de sus demandas. - El sabio tomó uno de los almanaques de la
mesa, lo levantó ante la vista de todos y con el índice grueso y poderoso que
sólo un sabio puede tener señaló al hombre supremo que ahí se mostraba. -Para
unificar a su imperio señor, usted tiene que presentarlo a Él, a la deidad que dio su vida
por salvarnos a todos de la gran devastación de hace 400 años. No importa si
esto no es cierto, usted lo hará cierto; no importa si la gente nunca antes lo
vio, ante su poderosa imagen lo verá y lo creerá todo, se doblegará ante su
gran poder y su infinita bondad y se postrará a sus pies dispuesto a hacer todo
lo necesario por agradarle. Usted puede decir que la historia de ésta deidad no
comienza hoy, sino que comenzó hace 400 años cuando con su infinita fuerza y
poder nos salvó de la muerte durante la gran devastación a pesar de estar a
punto de fallecer por nuestra causa, después de salvarnos, éste ser supremo se
alejó volando y se perdió en el cielo infinito, desde donde ahora nos ve y nos
vigila. Él señor, puede fácilmente pasar como el hijo de Dios. O bien, como
Dios mismo hecho carne y hueso. Las pruebas señor, las evidencias que usted
necesita para convencer al imperio y al mundo entero de esta nueva verdad está
al alcance de su mano sobre esta mesa. Trate usted estos almanaques como los
libros sagrados, modifique los textos a conveniencia y añada sus propios
preceptos, reglas y disposiciones a seguir, difunda su imagen y su historia,
levante monumentos y erija templos de adoración. En unas cuántas décadas el imperio y su
historia habrá cambiado para siempre; los habrá quienes duden o rechacen la
nueva religión, habrá quien investigue y ponga en tela de juicio su veracidad,
pero para ese entonces el cambio será irreversible y la gente estará dispuesta
a morir por éste Dios si es necesario. Usted así será el creador del Creador,
el que reviva al Salvador, el que derrame su luz sobre este mundo y sobre todo,
el rey de un imperio unificado.
El rico
coleccionista, nuevo dueño de las primeras 40 publicaciones del hombre de
acero, de Superman, guardará con celo la caja fuerte en donde fueron
depositadas. La almacenará en un lugar seguro y secreto, dejará al tiempo hacer
su parte, como se hace con los vinos finos, se le dejará reposar y añejar, con
esto, el vino será más delicioso, su aroma más penetrante y su calidad
inigualable. Esas 40 historietas de Superman valdrán el doble de aquí en 15 o
20 años. El coleccionista sonríe y se felicita por su excelente compra, le pide
al vendedor mantenerse al tanto de alguna nueva adquisición que pudiera
interesarle y en seguida, reprende su que-hacer cotidiano. Al pasar de cada
década el coleccionista revisará el precio estimado de su colección de revistas
del hombre de acero, y celebrará su acierto. El valor de las historietas irá en
aumento exponencial, por lo que el coleccionista, siempre acaudalado y con todo
lo que el hombre de antes de la devastación pudiera desear, no necesitará
ponerlas a la venta, por el contrario, dejará pasar aún más el tiempo, tres,
cuatro, cinco décadas. A sus ochenta años el coleccionista está maravillado del
valor actual de esas revistas, sabe que su vida no dará para mucho más y estará
decidido a ponerlas a la venta en los meses por venir. Sin embargo, será
precisamente en esos meses por venir que tendrá lugar la gran devastación. El
fenómeno natural, político o tecnológico que hará que el mundo moderno colapse
y casi la totalidad de sus habitantes perezca. La gran división que separará la
historia de la civilización humana en un ¨antes¨ y un ¨después¨ de la gran
devastación. Superman, a unos cuantos
meses de salir por fin de su metálica prisión, quedará sin tal esperanza. Ahora
mismo, fuera de la caja fuerte, se escuchan ya las potentes explosiones que
habrán de acabar con éste mundo, la caja fuerte se balancea, luego se mueve
fuertemente y choca contra otros objetos, un golpe seco la abolla de un costado
y la hunde en una especie de abismo, cae a salvo en un montón de tierra quizá,
que la ha salvado de la destrucción completa, cientos de objetos caen ahora
desde arriba y la cubren, apagan el sonido, la dejan totalmente aislada y
olvidada. La caja fuerte es ahora una cápsula del tiempo que llevará al hombre
de acero intacto a 400 años en el futuro. Será hasta que unos cuantos
excavadores de la era después de la devastación se topen con ella, hasta que un
gran sabio logre con alguna especie de pólvora vencer su poderosa cerradura,
que Superman verá de nuevo la luz del día.
Han pasado 40
años desde que el gran rey, la autoridad suprema de éste imperio dio a conocer
al Mesías de hoy, en la actualidad, a 440 años después de la gran devastación,
el nuevo imperio está completamente unificado bajo esta deidad. Hay cientos,
quizá miles de templos dedicados a su adoración, hay millones de imágenes que
penden de ventanas, puertas y muros, hay esculturas y representaciones
artísticas para alabarlo y glorificarlo. Hay estudiantes de la fe que estudian
y aprenden a dibujarlo, a moldearlo en barro y a pulirlo en madera. Hay músicos
que lo hacen mil cantos y poetas que lo convierten en hermosas palabras. Hay
festividades y varios días al año especialmente dedicados a Él. Los niños
juegan a ser cómo Él, se dejan caer un rizo del cabello sobre su frente y
fingen volar, los adultos lo adoran de mil formas distintas. Todo el mundo sabe
que Él existió desde siempre y que está atentamente observando desde los
cielos, a donde se fue después de salvarnos. Se le llama el Superman, el hombre
de acero, pero también se le llama El hijo de Dios, el Salvador, el Mesías.
Durante las
semanas subsecuentes a la reunión en donde el sabio develó el contenido de la
caja fuerte, los presentes fueron poco a poco asesinados por la autoridad
suprema. Era imperante mantener el secreto. Sólo el sabio conservó la vida
salvado por la valía de su sabiduría. Fue necesario seguir sus consejos para
dar a conocer al nuevo mesías, era necesaria su presencia para garantizar el
buen funcionamiento del plan, y para evitar cualquier contratiempo, también
para dar la cara ante cualquier situación imprevista o interrogante popular,
fue el sabio quien dio mil discursos sobre cómo fue que los almanaques sagrados
fueron entregados al rey en lo alto de una montaña, sobre cómo el hijo de Dios
le encomendó en persona llevar la verdad a su imperio, sobre cómo fue que el
hijo de Dios nos salvó a todos de la gran devastación a pesar de poner en
riesgo su vida, sobre cómo después de salvarnos subió al cielo de donde ahora
nos mira, sobre porqué la fe de ésta y solamente ésta deidad debe ser celebrada
y sus preceptos acatados. El sabio siguió al pié de la letra las instrucciones
de la autoridad suprema so pena de muerte, de él o de sus familiares cercanos.
Tres décadas después el rey, la autoridad suprema del imperio fue asesinada. El
secreto de lo que sucedió 30 años atrás en aquella junta de consejo quedó
solamente en manos del sabio quien vio, no sólo como inútil sino también como
perjudicial, la revelación de la verdad. La gente tiene hoy su Mesías y vivirá
en relativa paz basando sus vidas en sus preceptos quizá por 20 siglos más. No
es necesario destruir la fantasía popular, sería cruel e inhumano. Quince años
después, en su lecho de muerte, el sabio reposa y respira con dificultad en la
cama de una habitación bien iluminada. De sus paredes cuelgan las imágenes de
El Superman y a su lado descansa una especie de biblia con sus imágenes y
preceptos. Los doctores se le acercan, hablan con el sabio y le dicen, tenga fe
en Él que lo está esperando en el cielo. El sabio queda por horas callado
naufragando en un mar de ideas y recuerdos. Su esposa viene a su mente, su
pequeña casa escondida en un valle, los momentos gratos que pasó ahí. Los
árboles que él plantó en la entrada, sus hijos, sus nietos. Varios doctores y
enfermeras entran en su habitación y lo encuentran balbuceando. Sabio señor,
cómo está, cómo se encuentra, le tocan la frente, una enfermera le soba
tiernamente las manos. En voz áspera el sabio responde Bien, tan sólo un poco
curioso sobre lo que ha de ser, sobre lo que ha de pasarme. Otra enfermera
cambia las flores del rincón. El doctor sostiene fuertemente su mano. La fe mi sabio
señor, debe mantener la fe, no deje que su estado físico destruya la fe. El
agua de las flores anteriores huele mal, la hacen cambiar. Dicen que así fueron
las últimas palabras del sabio: La fe no se crea ni se destruye, sólo se
transforma, se adapta, se adecúa a las nuevas condiciones de la civilización en
curso, y se le da el rostro adecuado para su presentación ante la gente.
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