Thursday, April 18, 2013

Antes de que me vaya

La ropa sucia, la pila de platos sin lavar, el refrigerador vacío, hambre, mucha hambre mal saciada, y llanto, del amargo, del que le corre el rímel y se lo deja pegado a las mejillas, del que hace que la garganta sepa a sal. La televisión hablando, diciendo esto y aquello, saturándolo todo de esmerada estupidez, de entusiasmo deprimente. Estela está sola en casa, junto con las moscas, los síntomas de una decepción amorosa; el pelo en desorden, los restos del color que hace tres meses saturaban de buganvilia sus uñas, una planta muerta, y el bebé de la vecina que no deja de llorar, como ella, Estela. El aire está viciado y embadurna las paredes de gris melancolía. Se resfriaron las ventanas y se les empañó la cara, al baño le dio dolor de muelas y no quiso tragar más lo que acostumbraba, a la alfombra de la entrada le duele la cabeza por ese lodo seco y lleno de hojas muertas, y el ropero vomitó y lo dejó todo regado de textiles colores por el suelo. ¡Que se calle ese maldito bebé! Quieran las doscientas colillas de cigarro que desbordan al cenicero sobre el buró transformarse en diminutos gusanos y carcomerle el alma a mordiscos a Estela. -¡Pero Estela mujer!...- dice la tía Nidia que está de incómoda visita. -Ya componte mija, báñate, ponte algo, échate perfumito y háblale a la Lety que está pregunte y pregunte por ti.- Y le lava los platos, y le saca la basura, y le tiende la cama, y la satura de atenciones. Y haciendo que los platos choquen al guardarlos apresura -Píntate los labios, ponte bonita, tanto muchacho guapo por ahí y tú aquí encerrada.- No es Estela la que fastidiada ofende a su tía y la saca de mal modo de su casa, sino esa mugre depresión que la hace decir cosas que en realidad ni siente. -Ay mijita, que tristeza verte así, pero allá tú- Y los minutos como bacterias se aparean y engendran las horas que corrompen al día y lo hacen atardecer. Unos pasos en la escalera, alguien que se detuvo justo frente a su puerta, el óvalo de cristal amarillo y adornado con ridículos patrones florales enmarca una silueta, suena el timbre. Es un hombre, al parecer de la misma altura que Iván y que trae una camisa verde limón como la que ella le regaló hace 5 meses en su cumpleaños. Se acelera su corazón y también sus pasos hacia la puerta. La abre y es él. Iván ha vuelto, tiene ese ridículo peinado de copete engomado y en su muñeca izquierda su reloj de los Transformers. Iván Iván, nunca dejarás de ser un gran niño- ¿En son de paz? ¿Para reclamar algo? Pero Iván sonríe, se acerca a ella y la besa, ojalá se hubiera lavado los dientes antes de abrirle la puerta. No hay palabras, se las lleva el viento, en éste caso el viento viciado del que hablábamos. El bebé de la vecina por fin se ha callado. Ojalá que su madre lo haya electrocutado. Estela lo toma de la mano y lo lleva a la habitación, Estela se promete que llamará a la tía Nidia, se disculpará con ella y le agradecerá haberle tendido la cama. Y el amor se hace, contenido por tres meses desesperados, surge tierno, dulce y espontáneo, se eleva e invade esta habitación, ahora aquella, envuelve con su manto las revistas del librero, los retratos del pasillo, los cojines en el sofá, como una nube que todo lo abarca, como el genio maravilloso de una lámpara. Y los tres deseos se conceden, y aún más, para el rencuentro de los enamorados no hay restricciones que valgan, la atmósfera es cálida pero de boreales colores, el amor se propaga por el edificio entero como un incendio que devora en segundos los árboles de un bosque en otoño; la vida vuelve a serlo, hasta la planta muerta ha sacado de no sé dónde un pequeño retoño, la fotosíntesis no sólo la produce la luz del Sol, también la del amor. Y la noche engulle todo el edificio y lo sumerge en entrañas hechas de silencio y de paz. Sólo los autos en la avenida respiran. Iván queda dormido después de hacer el amor, como siempre, como en los viejos tiempos, y a pesar de que ni una sola palabra se ha dicho ya se dijeron más de mil, todas ellas positivas, todas ellas alentadoras. Por fin el cenicero se ve liberado de las doscientas colillas y se le prepara para una nueva carga. Este cigarrillo, el que Estela ahora fuma, va para agradecer el regreso de Iván. La televisión no se ha callado por días enteros, es hora de cerrarle ese obsceno hocico electrónico. Y es así, que cuando Estela busca el control en las partes íntimas del sofá que en un corte informativo se da a conocer un accidente ocurrido. Luces de sirena intermitentes golpean media cara del reportero, detrás de él una grúa y decenas de hombres que ayudan a sacar un auto rojo del fondo del río que está cerca del departamento donde Iván se había mudado. Una parte del borde del puente hace falta, se ha despedazado con el mortal impacto. Queda claro, el auto perdió la dirección, chocó contra el muro de contención y cayó al río. Pero mira, el auto es idéntico al de Iván, la grúa tira y lo saca lentamente del río. Y más desconcertante aún, las placas del auto comienzan con los mismos tres números que el auto de Iván, de las letras siguientes Estela no se acuerda. Lleno de plantas acuáticas la grúa lo deposita a un costado del río. Y el reportero -Ya tenemos información del cuerpo encontrado dentro del vehículo, el cadáver fue identificado como el joven de 25 años Iván Dueñas, repito, Iván Dueñas es al parecer, la única persona que perdió la vida en este trágico accidente…- Una mano automática cubre la boca abierta de Estela, demasiadas casualidades, las piernas tiemblan, pero es que no puede ser, el estómago recibe el golpe de un litro de ácido bombeado desde su hiel y un enjambre de abejas ha incrustado su panal en la cabeza de Estela. Y el reportero como echando limón a la herida –…Expertos forenses dicen que el cuerpo de este joven llevaba por lo menos 36 horas en el río, en su pantalla puede ver la identificación encontrada en la cartera de éste joven.- Las rodillas de Estela impactan sobre la alfombra, -Es imposible, es imposible dios mío- pero la imagen contundente aparece enseguida en la pantalla, y Estela a punto de desmayar. Es el cuerpo sin vida de Iván llevado por dos bomberos, su camisa verde limón completamente mojada y en su muñeca izquierda su reloj de los Transformers. ¿Cómo pueden las piernas de Estela llevarla a su habitación? ¿Cómo su voluntad ha vencido el miedo a lo que no se entiende y la ha dirigido a donde ha dejado a Iván dormido? Enciende la luz y las cobijas y las sábanas están revueltas, pero Iván no está. Detrás de la cama, nada, en el baño, tampoco. ¡Iván!, ¡Iván! Gracias a la perfección con la que el cuerpo humano está diseñado Estela pierde el conocimiento.

La tía Nidia que todo lo ha perdonado, su mamá, Lety, su papá, también el tío Clemente, todos están ahí a su lado; Lety, que sonsacada por la tía Nidia fue a visitar a Estela se preocupó cuando nadie respondió a la puerta después de repetidos intentos. Que en cualquier otra ocasión hubiera pensado que Estela se estaba bañando, pero siendo que se encontraba en ese estado tan depresivo sin pensarlo buscó ayuda, que al poco rato se encontró al vecino que había sido mecánico de aviones, y que él fue el que forzó la puerta del departamento, que ay Dios mío, que casi le da un infarto a ella también, tan sólo para encontrar a Estela inconsciente en el suelo de su habitación. -Hiciste lo correcto mijita- celebra la tía Nidia, en tu caso yo hubiera hecho lo mismito. Y ya, recuperándose, Estela les pregunta por Iván. A veces el silencio también es una mala respuesta. Y Estela llora. -Lo sé todo, Iván está muerto, el accidente en el puente, su auto en el río, pero si él estaba conmigo, las placas comenzaban con los mismos números, había llegado, de los demás números no me acordaba, nos habíamos besado, lo sacaron todo mojado al pobre, habíamos hecho el amor, pero en las noticias lo mostraban todo, y traía la camisa verde limón que le regalé, el coche estaba lleno de enredaderas, se acuerdan de ella, segura de que estaba en el cuarto dormido, mostraron en la pantalla su identificación, pero no podía ser ella pensaba… Que se calme dice el doctor, -necesita descansar, ha sido una noticia muy dura para la niña-.

Tres semanas después Estela no es la misma, no quiso volver a su departamento ni dormir en su cama, no quiere estar sola, sus padres la han recibido con los brazos abiertos de nuevo en su casa. -Te ayudaremos a sacar tus cosas y a vender ese departamento. Sí, lo prometemos, menos la cama-. Y Estela poco a poco se siente mejor, se obliga a creer que todo fue culpa del estrés emocional, de la depresión tan fuerte, de la medicina que estaba tomando, de la falta de sueño y alimentos sanos. Pero Estela se siente extraña, pide que la acompañen, precisamente ese día un mes exacto después de lo ocurrido con Iván, a la clínica del centro. Que es la mejorcita, que ahí yo conozco al doctor y es muy bueno dice su mamá. Le toman el pulso, le checan los reflejos, la vista, el oído, finalmente le hacen pruebas de sangre y de orina. El doctor sale de su laboratorio después de unos minutos con un objeto blanco y plástico en la mano y una cara sonriente. -¿No es una recaída verdad doctor?- Una sonrisa de bigote profesional. –No, que va, usted lo que tiene querida es que tiene un mes de embarazo-.

El pequeño Julio Dueñas ya tiene 5 años, es igual a su padre, o a lo que fue de él. Iván nunca se lo hubiera imaginado. Estela sabe que fue Iván el que la visitó esa noche, quizá para despedirse de ella, quizá para darle lo que ella tanto había deseado de él. La familia de Estela sabe que la chica no miente pues los acontecimientos concuerdan, o quizá particularmente en este caso porque no concuerdan. La tía Nidia explica, -Sea pues Dios como tú lo mandas, Julito nació a partir de tu presencia divina, tal y como lo hiciste con tu hijo Jesucristo-. Se persigna, pero hay opiniones más burdas, como la del tío Clemente, que a pesar de que nadie pida su opinión nunca faltan. –Sólo hay algo peor que ser hijo de puta, y eso es ser hijo de fantasma- ¡Ay por Dios Clemente! Que deje de decir tonterías comanda la tía Nidia.

Saturday, February 16, 2013

La Caravana de la Excomunión

Ya están aquí. Hizo a un lado la cortina con una rugosa mano distinguida con un gran anillo, contrastante tanto en color como en constitución, como una moneda de plata sobre un montón de las cenizas que dejó la combustión de un papel quemado. Después, se asomó por la ventana. Su cuerpo se estremeció, sus entrañas se retorcieron y su corazón se tambaleó como una gelatina flácida. Tragó saliva. Mire Cardenal, miles de jóvenes ahí abajo gritando, insultando, mostrando su insolente irreverencia. Mantenga la calma Santo Padre. La calma la calma. Un enorme avión pasó e interrumpió el flujo constante del pensamiento con el rugido de sus motores, como un gran bostezo divino, como un dios que está en el cielo y que invisible se aclara la garganta. El Santo padre, o sea el Papa, es un ser muy débil, no por su avanzada edad o por su delicada salud, sino por la ignorancia que se le ha desarrollado a partir de una mente mediocre, por su falta de bondad, de real y tangible compasión. La santidad que se le atribuye es una farsa. La de sus predecesores también lo ha sido a lo largo de los siglos. El lo sabe, los demás lo saben, él sabe que los demás lo saben y viceversa. Es una farsa retroalimentándose cínicamente, una serpiente hambrienta tragándose a sí misma, El Cardenal permanece de pié detrás de Su Santidad, se limpia las gafas con la orilla de un atuendo blanquísimo. Y con voz que intenta aparentar firmeza asegura, No hay de qué preocuparse Padre mío, todo está arreglado. La fuerza pública solo se encargará de contener la multitud, no habrá violencia, los encabezados de los periódicos de la tarde y los temas de los noticieros de mañana están ya escritos, ya sea a nuestro favor o bien omitiendo completamente lo sucedido. Nada se sabrá, o tan sólo se sabrá una versión muy disminuida del asunto, un reflejo muy pálido de la realidad. El Papa tiene aún los ojos calvados en la multitud de jóvenes, con ira y desprecio los espía a través de una ventana en la parte alta del edificio. Su Mirada puede salir de la ventana pero a su vez, ninguna mirada puede regresar, está resguardado tras un velo cristalino pero ahumado. El Santo Padre contempla la burla. Un joven de pelo largo orina sobre un afiche del Papa, sobre su propia imagen, sobre él mismo en una pose que parece la de un político en campaña; los jóvenes que lo rodean lo celebran frenéticamente, y la meada sobre el afiche se vuelve un pequeño festejo colectivo. Sobre el hombro del Papa el Cardenal vislumbra lo sucedido al otro lado de la ventana y califica: Sacrilegio, blasfemia. Una chica con las tetas al aire estrella un crucifijo contra el suelo, las astillas vuelan y se esparcen hacia todos lados en un big bang de escala humana, las puntas de madera caen al suelo como un gran juego de palillos chinos y enseguida se patean, se pisotean, se escupen; el Cristo que del crucifijo pendía no es más que un montón de polvo de cerámica y pintura esparcido sobre el suelo de la plaza de San Pedro. Polvo eres y en polvo te convertirás ¿no es cierto? El Papa no siente su fe ofendida, no la tiene, ésta no es. Él mismo desmiente en su pensar y en su qué hacer lo que todas las mañanas profesa, hace mucho tiempo que dejó de ser esclavo de la doctrina bimilenaria que ahora encabeza, aunque al abrir los ojos era ya demasiado tarde para rectificar el camino y cambiar una profesión que le había otorgado tanto el poder económico como el reconocimiento de sus allegados. Desde hace mucho que Su Santidad se tiene secretamente a sí mismo, no como un líder o guía espiritual, sino como un hombre de negocios o mejor dicho, como una pieza en el ajedrez de los intereses políticos y económicos. Su mano de ceniza colmada con el anillo que parece un abejorro africano posado en sus dedos relaja la fuerza con la que apretaba la cortina. Ante la observación constante y pendiente de la inocente violencia de los jóvenes el Papa recuerda su propia juventud; también desenfrenada, también irreverente. Una leve sonrisa estira casi imperceptiblemente los músculos de alrededor de su boca, los agrietados labios se arquean un poco, por un minuto él deja de ser el hombre poderoso que es y se transforma en un chico más dentro de la multitud de jóvenes. Ahora él es parte de su tierno desenfreno, de su inconciencia colectiva, de su ganas de cambiar el mundo, de sus deseos de encontrar una verdad más palpable, menos esclavizante. Alguien toca la puerta. Quién es pregunta el Cardenal. Soy yo Su Eminencia. La mente del Papa viaja en un tris de la abstracción a lo concreto y su voz ronca encerrada de nuevo en esa habitación hace eco, Hazlo pasar. Adelante Monseñor, El Cardenal pregunta ¿Qué es precisamente lo que pretende esta manada de locos? Y bueno su Eminencia, lo que se nos informó es que hace unos meses un grupo pequeño de jóvenes se formó en México, uno de los países más fieles a Nuestra Sagrada Iglesia, un grupo insignificante de no más de una decena de jóvenes revoltosos con pancartas, Al parecer, poco a poco el grupo creció y se manifestó aún más fuerte alcanzando las primeras apariciones en los medios públicos locales. Se hizo llamar ¨La Caravana de la Excomunión¨ y comenzó lo que llamaron una “antiperegrinación” desde el centro del país hasta el Vaticano. Su propósito es claro y representa una afrenta cínica y directa hacia la Santa Iglesia. No desean más que obtener por escrito un documento oficial de la Santa Sede declarándolos excomulgados de la Iglesia Católica. ¿Cuál es la razón Monseñor? Explíquese. Mire Su Santidad, Su Eminencia, quizá deseen ver algunas imágenes. Unas cuantas fotos pasan entre manos, una leyenda estampada en la camisa de un joven “A mí nadie me preguntó a quién quería como dios”, una manta en lo alto de una manifestación “Yo no comulgo con violadores de niños”, la caricatura de un periódico subversivo “A dios rogando y al Papa pagando”, el grafiti escrito en las paredes de una iglesia “Se violan niños a domicilio, informes con el Padre” En fin Su Santidad, tan sólo quieren un documento en donde se les excomulgue de la Santa Iglesia. El índice y el pulgar sosteniendo la barbilla de un rostro incrédulo y desaprobador. Mire lo que dice este diario de Londres, Y un recorte de periódico con algunas líneas sobresaliendo con marca-textos “Hasta hace unas décadas una excomunión de la Iglesia Católica representaba un castigo supremo ante dios y ante la sociedad, ahora, para éste grupo de jóvenes, tan sólo significa la obtención de la libertad, el desapego de una organización que califican de inquisidora, abusiva y criminal. Uno de los muchos líderes de la “antiperegrinación” explica: Nos bautizaron de bebés, cuando uno carece completamente de conciencia, y años después en nuestra infancia, nos hicieron hacer la Comunión cuando nuestras mentes no estaban aún capacitadas para decidir qué hacer y qué no. Otro de los cabezas del grupo afirma: A uno se le pide mayoría de edad para casarse sin consentimiento de los padres, ¿Por qué la mayoría de edad no se pide también para aceptar a un dios?” El marca-textos acaba ahí aunque el artículo continúa hasta el final del recorte. ¿Para qué quiere más detalles Su Eminencia? Llegaron a pie, en autos, en aviones desde todo el mundo, y lo que desean es conseguir por escrito la dicha excomunión, y para lograr su objetivo han venido realizando todo tipo de actividades sacrílegas y ofensivas a la Iglesia y a su Santo Padre el Papa desde su partida en México, ofensivas a usted Mi Santidad. Yo lo califico como una especie de broma masiva. Su Santidad reflexiona dando la espalda a Monseñor y al Cardenal y regresando la vista a la ventana. Ahí afuera dos jóvenes homosexuales se besan apasionadamente en medio de una multitud que los aplaude. Él, como líder de la Iglesia Católica no puede hacer quedar mal a toda la organización, a todo el aparato fraudulento. Él y todos los demás saben bien que la institución va en constante declive, cae por su propio peso, se pudre desde adentro. El Papa voltea hacia sus súbditos y da la simple y sencilla orden de no hacer nada, de tomarlo todo como desfile que pasa frente a la casa. Se cansarán y terminarán por irse. Quizá estarán un día, una semana, quizá el grupo más persistente durará un mes, a ese pequeño grupo lo podremos expulsar sin dificultad de la Santa Sede. Y ahora déjenme a solas y regresen a sus tareas. Lo que usted ordene Su Santidad. Un par de labios besan el anillo. Es para preguntarse como la ceniza de la que están hechas sus manos no se queda en sus bocas. La puerta de la habitación se cierra, el Papa, como un niño espiando a su hermana mayor desvestirse, lanza nuevamente la mirada a través de los cristales oscuros y los fija en tan exótica multitud. Ahora, conscientemente maravillado por la cuantiosa y desquiciada multitud de jóvenes de todo el mundo, los dejará divertirse. Secretamente, se divertirá él mismo con ellos el resto de la tarde. No borrará por horas la primera sonrisa sincera que ahora marca su cara y que la hace tan inocente y sincera como cuando tenía 15 años. El Santo Padre, con todo y sus manos de ceniza, regresará en el tiempo y será joven de nuevo, por lo menos hasta que acabe el día. En un momento dado pensará: Por fin la juventud del mundo se intenta quitar el velo impuesto hace decenas de generaciones atrás, cuando la humanidad misma era un niño, inocente, frágil y vulnerable. Por fin desean recobrar su libertad y su cordura. Desde atrás de la ventana les dará la bendición. Amen.

Sunday, December 23, 2012

Chagall 5.0

Le parece a Tito que lo que brilla a través del tarro de cerveza es el reflejo de su sonrisa. Está tan enamorado de ella el pobre. Sus colegas se ríen de él a sus espaldas. Ya ha comenzado a ver hacia el infinito, en su mano izquierda su tarro a la mitad con espuma derramada en los costados, los ojos de Tania, ahora una oreja que de la cascada de cabellos negros se le escapa, la mesa con sobrepoblación de fritangas y envases con diferentes niveles de alcohol en sus entrañas, su cuello blanco y la constelación de lunares en su pecho. Tania. Su blusa de flores abierta en el pecho. Tania, su voz de nena entremezclada con chilliditos agudos. Tania. Como es posible, se pregunta, que tenga la suerte de estar con una chica así. Ya te estás acalambrando Tito, despiértate hombre. Una palmada brusca en su espalda acaba con su ejercicio de entregada admiración. Prendido, se podría decir que esta. No borracho, pero con suficiente alcohol en la sangre como para sentirse flotar. Ya nos vamos mi amor. Y Tito se pavonea en silencio de que ese "mi amor" está dirigido a él. Vean todos que yo, Tito, soy el hombre de esta mujer de ensueño. Echa para adelante los hombros, se arregla el cuello de la camisa, mira su fino reloj en un brazo peludo. Cuando quieras mi vida. Tania se pone su chamarra mientras continua su conversación con Alma, los gemelos se hacen bromas pesadas, se tiran moronas de comida y cerillos quemados. Parecen niños ríe Adelaida. Tito se echa a la boca un puñito de botanas más. Tania llega hasta él, le da un beso y con diestras manos le abre de un jalón la bragueta. Que haces dice Tito con risa nerviosa, Ve hacia un lado y hacia el otro, Tania, pero qué estás haciendo. Nadie lo mira, pero Tania con la atención en otro lado manipula dentro de su bragueta y libra los obstáculos hasta su pene. Tania, que te pasa, repite Tito, pero Tania sigue mirando para otro lado y escuchando los chismes de Alma, Las manos de Tito intentan detener las de Tania, pero ella se aferra a su cometido. Los gemelos se dan puñetazos en los hombros, Adelaida muerta de la risa jala a uno de ellos del brazo, Tania con la mano bien firme en el pene de Tito lo saca de la bragueta y jalándolo le dice: Vamos mi amor. Creerlo sería demasiado, pero la inercia que conllevan los influjos del alcohol, o el enamoramiento que siente por Tania, lo hacen, como animal amaestrado, obedecer. Se levantan de la mesa, dos hombres en la barra de al lado siguen su plática; motocicletas al parecer. Adelaida dejó la propina, Alma abraza por la espalda a uno de los gemelos, el otro le hace cosquillas por detrás a Adelaida, Tania lleva a Tito del pene como se lleva a un niño de la mano, a un perro de la cadena, de la forma más natural, como si fuera lo cotidiano, lo que todas las novias hacen, lo normal, ¿lo es? ¿En dónde estamos? ¿Qué horas son? Para nadie es extraño mas que para Tito. Estoy seguro que no bebí demasiado, y mira no más de tres envases de cerveza vacíos en el lugar donde estaba sentado. Ya tiene el pene caliente y tieso dentro de la mano de Tania, ella jala delicadamente y simplemente lo guía hasta la puerta de salida. Nadie mira, a nadie le importa. En la salida, el mundo se despide. Hasta mañana, estudias para el examen de química, Para que estudiar dice un gemelo, si a mi lado estará Roberta. Todos ríen menos Tito que tan solo hace una mueca. Cómo te aprovechas de esa pobre campirana dice Adelaida, sabes que se le van los ojos por ti. Adiós Alma, adiós Tania, cuídate Tito, Tito gruñe, pero nadie observa, nadie quiere observar o a nadie le importa. Unos parten para un lado de la calle, los otros para el otro. Ya es de noche, los comercios aledaños han cerrado. Hace un frío que se acrescenta con cada fluctuación de un viento voluble. La cortina de la tienda de la esquina se cierra también, y su dueño con el periódico bajo un brazo y una bolsa de pan en la mano se aleja silbando por la calle. Una bolsa de plástico flota haciendo espirales en la calle, A mi casa cariño dice ella, flota como un animal perdido en la calle buscando comida. Los gemelos y las chicas se han subido a los autos y han arrancado ya, uno de ellos se despide desde la ventana del auto al pasar. Una poderosa ráfaga de viento hace tambalear a Tito, levanta la falda de Tania, ella ríe divertida. El viento jala fuertemente a Tito, un placentero dolor en su pene, de repente el viento lo levanta del suelo y lo jala hacia el cielo, el pene, bien sostenido por Tania sale de la bragueta de Tito como mascada de la manga de un payaso y tan alto como un edificio de tres pisos el ascenso de Tito se detiene. Te amo, estoy loca por ti. Tania le grita desde abajo sosteniendo su larguísimo pene. Él es un globo, lleno de gas ligerísimo, contoneándose con el viento, sintiendo un placer delicioso en el vientre y el cuerpo entero. La lógica no se busca y por ende no se encuentra. Y yo estoy loco por ti le contesta Tito a todo pulmón. Tania tira del globo humano y Tito avanzando lentamente ve las calles vacías desde las alturas, las ventanas de las casas con las luces prendidas, un perro le ladra, una niña lo saluda. Nunca había estado tan enamorado de una mujer.

Friday, December 14, 2012

Ella y Tú

Sólo quedan Ella y tú. Las demás han sido eliminadas. Mira al público envuelto de destellos en esa nube eléctrica, mira cómo las observan, los ojos, las lentes, mira como ya han escogido a su favorita. Los jueces escriben, hacen anotaciones, deliberan, eso parece, eso intentan que parezca. Tu corazón late muy fuerte, seguro el de Ella también. Es hermosa, más hermosa que tú, y su sonrisa brilla con cada relámpago de luz digital. Quizá Ella piense lo mismo acerca de ti, es una buena persona. Tienes que mirar al frente y seguir sonriendo, te dijeron que era parte de las reglas del certamen, pero quieres voltear y mirarla, saborear detenidamente el resplandor que emerge de sus ojos, acercarte más a ella, más, aún más, hasta que sus pestañas se ensortijen con las tuyas y sientas su cálida y acelerada respiración chocando con la tuya y haciendo remolinos invisibles entre las dos; quieres tomarle la mano, sentir su pulso, apretarla fuerte y distinguir en sus cuencos los latidos de su corazón. Es tu amiga, te lo demostró, eres su amiga, se lo hiciste saber, y ahora están al final de la competencia, sólo una de las dos será la reina de la belleza. Sólo quedan Ella y tú. El nombre de su país en una banda brillante sobre su pecho, el nombre del tuyo de la misma calidad y en la misma posición, tan diferentes países el uno del otro, el de ella frío y conservador, el tuyo cálido, luminoso y alegre. La conductora tiene ya el sobre en la mano, el público calla. Antes que nada observa rápidamente su cuello, tan sólo de reojo, ahora vuelve a ver al frente, no se te olvide sonreír, ¿te diste cuenta? está bañado con una película fina de tibio sudor, sus orejas son tan finas y delicadas, la conductora se aclara la voz, las luces del escenario te ciegan. –Y nuestra nueva reina de belleza 2013 es…- Quizá Ella, quizá tú, o las dos. La conductora dice su nombre y su país, la multitud grita, tú sonríes y aplaudes, no necesitas fingir, genuinamente idolatras, al igual que todos, su belleza, su carisma. Alguien le entrega un ramo de rosas enorme. Espontáneamente te acercas a su oído y en secreto le haces saber lo que piensas. –Te lo mereces, tú eres la más bella- Ella te voltea a ver, sus ojos turquesa se fijan en los tuyos. Siente ahora como los alaridos parecen desaparecer, como el tiempo parece detenerse, como tu corazón parece sumergirse en un frío baño de endorfinas. Ella deja caer las rosas al suelo, te toma de las manos, acaricia tus dorsos con sus pulgares, sin dejar de verte te dice -Pero yo te amo-. Las otras concursantes han salido a felicitarla, Ella y tú están ahora rodeadas de todas ellas, la separan de ti, la abrazan, la felicitan, tú te quedas inmóvil. Ahora no puedes hablar, se te escapó la voz, se te congeló la mirada, se te reventaron de un golpe todas las venas. No sabes cómo sucede, pero Ella se logra zafar de las demás y regresa a ti, te toma de los brazos, de la cara, del cuello y ahora, Ella y tú se están besando. Abrieron al máximo los ojos, se taparon la boca con ambas manos, el movimiento dejó de serlo, se calló la gente, el público, las otras concursantes, el narrador tuvo un ataque de parálisis lingual, el otro se desmayó. Las que ahora narran la historia, cuentan el cuento, dirigen la acción, son las luces del escenario que con potentes haces las empuja una contra la otra y las amarra en un etéreo fulgor. Lo demás está en silencio, sumergido en oscuridad, sólo quedan Ella y tú.

Sunday, November 11, 2012

El Purgatorio

Debería de haber un cagadero comunitario, con escusados en círculo sin puertas ni paredes, donde uno platique mientras caga, sería una especie de terapia en grupo, como para darse cuenta de que todo el mundo es vulnerable. La caga colectiva debería ser un ejercicio practicado por políticos, enemigos acérrimos y entre conocidos como método para eliminar viejos rencores. La caga colectiva sería una práctica mucho más honesta y eficaz que darse la paz durante la misa en una iglesia.

Como Dios

Ella es como dios, está ahí pero no la ves, está ahí pero nunca habla contigo, no te hace preguntas ni te da las respuestas, no te reconforta ni te alienta, quizá te quiere, quizá te odia, sabe que existes pero ha decidido ignorarte por completo; está ahí te dicen, en este planeta dando vueltas y vueltas junto contigo alrededor del Sol, en silencio, siempre en silencio. Tú la amas, pero ella está muy lejos de ti y no tiene Facebook.

Friday, October 26, 2012

La flauta que el burro tocó

Pasó la cuerda por detrás del tronco cartilaginoso de un cactus grisáceo. El animal cansado exhaló bruscamente. Apretó la cuerda alrededor del cactus y lastimó un costado del que lentamente chorreó un líquido limpio, transparente, viscoso. El burro sacudió la cabeza, la cuerda le jaló el brazo y una espina le rasgó el dorso de la mano; maldijo, al cactus, a su madre, al burro. Se puso de pié de un salto, le dio una patada en el vientre para descargar la ira y el burro se tiró con fuerza para atrás, el cactus resistió el cimbrón. Se calmó, se lamió la mano, la apretó contra la manga de su camisa donde una figura rasgada se imprimió con rojo, farfullando se puso en cuclillas nuevamente y terminó de hacer el nudo, con la otra mano sacó del costal sobre el lomo del burro la soga y la lona con la que se protegería esa noche. Estaba a la mitad del camino, llevaba dos días; terminar de cruzar las montañas, rodear Las Avellanas, atravesar el barranco, si el puente estaba aún en buenas condiciones faltaban otros dos. El burro meneó la cola para espantarse los insectos nocturnos y luego olisqueó entre las piedras. Él juntó las ramas grandes que servirían de sostén a un improvisado refugio, y las pequeñas que servirían de combustible a un fuego efímero, para cocinar, para calentarse, Que dure por lo menos mientras pasa la noche. El burro encontró tres, quizá cuatro hierbajos entre las rocas que arrancó y masticó. Unas cuantas fibras vegetales, altas y jugosas, se asomaban detrás de una piedra grande, blanca y mineral, cubierta de diminutos destellos metálicos propiciados por luz de Luna; el burro intentó alcanzarlas pero la soga que lo ataba al cactus lo impidió. Chispas crujientes se elevaron desde un fuego incipiente que habría de calentar el guiso, El burro cerró por tres segundos sus ojos, los abrió, nuevamente los cerró, Semillas blancas en una salsa roja, Liberado el animal de la tensión del camino parecía sentirse cómodo con el fuego calentándole uno de sus costados, Ya comenzaba a liberar ese olor de chiles silvestres mezclados con tomate. El burro estornudó. La cena fue corta, él se picó los dientes con uñas negras y afiladas para sacarse las basuritas, se ayudó con una espina, como la que le rasgó la mano, la Luna se había sentado en un fulgurante pedestal nebular; escupió, se sacó las botas, Aquí no lloverá, las nubes van hacia el occidente, el agua caerá sobre el camino del que vengo. Se acostó debajo del tendido, se cubrió con el poncho de algodón, acomodó la cabeza sobre una cobija doblada en cuatro, se durmió. Las patas delanteras del burro se doblaron, las traseras después, sus ojos se mantuvieron cerrados, los de él también. El fuego es el único que quedaba despierto, el burro suspiró, con una sinuosa danza de luz y calor hizo que las sombras bailaran a su rededor, sobre la quijada del burro y la superficie mineral de la gran piedra blanca, sobre la lona del refugio de su amo quien también suspiró. Quién de estos dos es la bestia se preguntó a crujidos el fuego. El burro abrió los ojos, ¡alerta!, ¿una serpiente, un escorpión, algún coyote o algún ladrón?, No, tan sólo la luz que, después de viajar 30 segundos desde la Luna hasta la Tierra, se impactó directamente en uno de sus enormes globos oculares, el burro fijó un costado de la cabeza hacia arriba y miró la Luna, Un milagro que muchos no reconocerían como tal; un burro jamás mira hacia el cielo y mucho menos sus astros, animales como el burro están destinados a mirar toda su vida hacia abajo, lo de arriba simplemente no existe. El roncaba, la mano fuera del poncho con el dorso rasgado sobre su vientre, la otra sirviéndole de almohada, Sin dejar de observar la Luna el burro se levantó, y entonces entendió, una nube de ignorancia velándole el entendimiento se disipó. Supo entonces lo que era la Luna, de lo que estaba constituida y de dónde provenía su luz, recordó el Sol y el día, sintió el viento y apreció los arbustos y matas oscilando suavemente, comprendió el mismo fenómeno de la luz bañando el paisaje nocturno que lo rodeaba, miró a su amo, supo su nombre y supo quién era, Su mano rasgada, la herida de hace una hora, su madre, una buena mujer, su padre, un borracho que lo golpeaba cuando era niño, Supo a dónde iba y de donde venía, Un burro, la cuerda atada a su cuello, supo que había sido puesta por él para impedir que se perdiera durante la noche, Recordó su voz y emuló los vocablos con los que lo llamaba. Maldito burro, burro estúpido, bestia de mierda. Miró sus cuatro patas, su constitución física, sintió dolor y cansancio, sintió el calor del fuego y enseguida lo contempló entendiendo claramente su porqué. Yo soy, yo soy un burro, Después, el burro supo que sabía, que entendía y que era capaz de analizar con inteligencia todo lo que lo rodeaba. Quiso escapar, huir de ahí, deseó poder hablar, quiso explicar lo que le estaba sucediendo, se tiró con fuerza del cactus que lo ataba, pataleó, quiso expresar su descontento, pero sin cuerdas vocales humanas que propulsaran palabras coherentes sólo resonaron poderosos rebuznos. El se incorporó, miró al rededor, nada pasaba, en tres pasos se aproximó al burro y le soltó un contundente puñetazo en la quijada. Cállate pinche burro estúpido. Dolor significativo y consciente, luego el olvido, la neblina en sus ojos, una marea confusa en su cabeza, él regresó al tendido a dormir, el burro se quedó inmóvil por un buen tiempo, luego arrancó un par de hierbajos más y los masticó por minutos en la más perfecta y anestésica inconsciencia.

Thursday, October 4, 2012

La historia de este mesias


Un reflejo cóncavo, adherido a la membrana de sus pupilas, el del Sol que se acerca a su ocaso tras las montañas. La mano que sobre su piel se desplaza, la cáscara blanda de una oscura nuez del bosque, que recorre los valles y crestas de su vejez hecha piel. Las yemas suavemente sobre los diversos pliegues y accidentes que construyen la superficie de ese desierto accidentado, el de la orografía dérmica que la constituye. Son arrugas de dolor, tristeza y cansancio, ahí se guardaron las incertidumbres, ahí se esculpieron los fracasos, las frustraciones y los enojos, se registraron los miedos, se cincelaron las penas, pero también se barnizaron del amor y sus derivados, se embadurnaron de esperanzas, alegrías y felicidades. La vida ha sido buena con ella y con los que ella ama. Él la ha acompañado a lo largo de su camino y se siente satisfecha, se siente infinitamente bendecida y sus labios en voz baja gracias, mil gracias. Su presencia ha sido inapreciable; el camino ha sido largo y difícil, pero su continuo e incondicional apoyo la han hecho siempre salir avante. En la puesta de sol, también en la de su vida, ella se siente feliz y triunfadora, ahora más que nunca confía en Él y lo siente más cerca que nunca; siente su presencia en el aire, en la hierba que pisa, en los árboles que con el movimiento de sus hojas la arrullan, en el agua que delicadamente limpia sus agrietadas manos hechas de canela tostada, en los ojos de sus hijos, y en los de los hijos de sus hijos. Ella suspira y admira el paisaje que en la vida le fue concedido. Su bello país amurallado de verdes montañas. Un pequeño pedazo de tierra apartado del mundo entero y rodeado de simplicidad, de sencillez, de humildad, de gente buena. A sus espaldas está su hogar, guardando hasta en la más pequeña grieta del madero más escondido los fantasmas de felicidad hechos de hermosos recuerdos condensados por décadas. La vieja puerta que tantas veces se ha abierto para recibir a los queridos y para proteger del entorno a los amados, las ventanas por las que los ojos verdes, ahora cafés, ahora grandes o pequeños se han asomado al exterior para ver la lluvia caer, la nieve lentamente descender, las hojas de los árboles balancearse elegantemente o girar como bailarinas al bajar. Los arbustos y las flores que su hombre, el hombre de su vida ha sembrado y con dedicado esmero ha cuidado. Y sus labios en voz baja Mi amado, el gran sabio del imperio, mi querido, que tanto bien ha traído a este mundo. Las habitaciones, escenarios de las más bellas fantasías infantiles, luego de las más obstinadas impaciencias adolescentes y más tarde, de la más sosegada y sabia madurez. Y todo esto es gracias a Él, a su amor infinito, a su bondad eterna. El sol se ha escondido ya tras las montañas, el viento ahora le lame la cara con mil lenguas frías; y sus pies, como en un rito silencioso aprendido de memoria, la llevan dentro de su hogar. La puerta, aquella de la que ya hablamos, se cierra una vez más rechinando con gratitud la dulzura con la que se le trata; ella camina hacia donde está Él. Su imagen descansa entre dos veladoras que ella enciende con devoción; su imagen aparece bañada de dorada luz de vela; su puño al frente, su larga capa roja desplegada a sus espaldas, un riso de su negro cabello obstruyendo una blanca y orgullosa frente, y detrás de Él, el azul perfecto de un cielo brillante y profundo, casi tanto como sus poderosos y bondadosos ojos, envuelve Su bendita figura. Su pose es ésta imagen es la tradicional, la representación clásica que se utiliza en cientos de miles (quizá más) de altares, esculturas, retratos y demás imágenes de su persona desde hace apenas 40 años. Él, es el salvador del mundo en turno, Él, es el mesías del año 2440. Y ella, a sus 91 años de edad, con sabiduría lo ama.  

Está garabateado en algunos códices primitivos, probablemente fue una guerra o una serie de ellas la que acabó con el mundo conocido del 2055. Una hipótesis contraria dice que fue una gran catástrofe natural, o la combinación de múltiples catástrofes relacionadas entre sí al mismo tiempo; el terremoto, quizá, que desencadena otro de mayor magnitud y éste que produce tsunamis que ahogan las ciudades de todo el mundo, y que a su vez chocan contra olas de lava provenientes de cientos de volcanes reactivados con el movimiento tectónico de placas. La hipótesis que todo lo unifica dice que, en efecto fueron catástrofes naturales, pero provocadas tecnológicamente como armas de guerra fabricadas con potentes emplazamientos electromagnéticos. Sea lo que haya sido, el mundo colapsó, los sobrevivientes (menos del 11 porciento de la población de ese momento) se despidieron en unos cuantos días de todo, de la tecnología, de la industria y sus beneficios, de las telecomunicaciones, de los medios de transporte, del uso del dinero y de las corporaciones internacionales, de los gobiernos y la política, de los territorios y las nacionalidades; olvidaron todo, hasta los dioses en quienes confiaban, a quienes oraban y hacían escuchar sus peticiones, por quienes se sentían protegidos y aliviaban sus dolores. Se olvidaron de la religión, de las religiones; todo volvió a ser igual que 2000 años atrás; las necesidades fueron de nuevo cubiertas de la forma más rudimentaria. Para comer, siembra o toma la comida de los árboles, las plantas y los animales alrededor, para protegerte de la intemperie mata un animal y cúbrete con su piel gruesa, amarra también a tus pies algún material protector, para defenderte del enemigo afila piedras y palos, construye fortificaciones con rocas apiladas y corónalas con ramas de arbustos espinosos, para comunicarte habla, grita, gruñe o has señas. Para conseguir una mujer o conservar un hombre pelea, prepárate para matar y también para morir en cualquier momento en manos del más fuerte, del más capaz. A esto estás condenado por haber destruido el mundo, por lo menos el mundo moderno. Sin embargo, el sentido gregario del hombre no cambió, por lo que al pasar del tiempo las personas formaron tribus, y las tribus comunidades, las comunidades se aunaron en grandes pueblos, los pueblos pasaron a ser ciudades y de todas las ciudades juntas se formaron imperios. Como consecuencia prevista nuevas guerras surgieron, ninguna tan mortífera como la que quedó atrás, también olvidada al pasar de cuatro siglos; de todos los nuevos imperios formados sobre la faz de una nueva Tierra surgió uno que resultó ser el dominante, el imperio alfa, el que logró controlar a sus adversarios al final de las cuentas, el que se extendió más y cubrió con sus bárbaras leyes y costumbres los territorios conquistados. Después de la destrucción masiva 400 años antes, también las lenguas cambiaron, nuevas torres de Babel revolvieron las palabras y las esparcieron por el mundo restante, se le dio a unos y otros una mezcla de diferentes tintes y matices guturales, de palabras nuevas y palabras muy viejas, de términos compuestos con la mezcla de diferentes lenguas anteriores a la devastación, y el imperio dominante, a pesar de todo lo logrado, de todos los territorios bajo su control, no pudo entonces estar satisfecho con la plena unificación de los pueblos conquistados.

Más de 2000 años atrás, quizá cien años antes de la gran devastación, había un niño de cara triste y seria; sus rasgos: una gran colección de misterios infantiles, como un almacén de primitivas frustraciones personales, como una pronta simulación de la actitud facial que deberá adoptar casi por el resto de su vida; su cuerpo, un conjunto de prematuros tejidos adiposos; él es el chico que no juega con los demás, el que se mantiene en un rincón durante los minutos de descanso en el colegio, el que casi nunca habla con otros niños y mucho menos con las chicas. Él es el único hijo de una pareja disfuncional de ricos ciudadanos del mundo, el que vive en un piso muy alto de un edificio muy moderno, al que le compraron todos los juguetes del almacén pero nunca le dijeron que lo amaban. La mitad de los juguetes permaneció en sus empaques, el niño de cara triste también se guardó en silencio por largas horas, envuelto en el rugido distante de una gigantesca ciudad a sus pies. La ventana, la gran ventana en el lujoso departamento en el que habita, es al parecer su única amiga; es a través de ella que los ojos se le escapan y con infantil curiosidad se clavan en distintos puntos de la ciudad muy alejados el uno del otro.  Ahí hay un auto rojo frenando en un semáforo, detrás de él lo alcanzan al detenerse un auto blanco, otro verde, un camión del servicio postal y un taxi como el que lo trajo a casa esta tarde. En otro punto de la ciudad hay una señora paseando a un perro, y en parque un anciano dándole de comer a las aves. Las metálicas entrañas de un estacionamiento coleccionan autos en cinco pisos, y un túnel engulle con voracidad al tren que va hasta el centro financiero. Las vidas de todo el mundo a sus pies, juntas y al mismo tiempo separadas, dispersas, cada quién siguiendo reglas de convivencia que los habilitan para vivir uno con el otro pero al mismo tiempo intentando evitarse lo más posible; ahí abajo están todas las aflicciones reunidas, todos los odios y las tristezas, todas las viejas gritonas, todos los chicos que golpean a otros para robarles su dinero o por simple gusto, todos los padres alcohólicos y los histéricos, también están los policías y la gente que usa traje y corbata y camina muy de prisa, los que trabajan en las fábricas y en las construcciones, las chicas bonitas del colegio, aquella que es especialmente hermosa y que ni siquiera sabe que él existe. Un suspiro sirve de punto y aparte sicológico a la concientización de su desventura. Ahora, si sigue con la mirada el boulevard que se extiende desde sus pies hasta el horizonte y cuenta 14 calles encontrará en un costado un diminuto letrero amarillo con letras rojas, es la tienda de comics; hace tiempo que la divisó y memorizó su localización en el enrejado urbano, regularmente la visita y compra unas cuantas revistas, quizá cinco, quizá diez; el dueño lo conoce bien, y aunque lo saluda cada vez que entra a su tienda lo hace sin mucho entusiasmo, la primera vez lo hizo pero recibió por respuesta del chico una mueca semi-amarga; ahora sabe bien que él no es un niño que sonría, que hable con los demás, que le guste la compañía. Siempre va sólo y revisa una por una cientos de historietas. El hombre de acero, “Superman”, le ha dado en qué pensar, en qué desbordar su imaginación, en qué vaciar sus deseos reprimidos; sobre todo cuando su mente se pierde en el horizonte de la ciudad imaginando que como él puede volar, que como él puede atravesar con los ojos todas la paredes, todos los muros de todas las casas y los edificios, que tal como él lo hace puede llegar en segundos a cualquier punto de la ciudad y salvar a una indefensa mujer de un par de asaltantes, o levantar un auto con una sola mano y liberar a una pequeña niña atrapada debajo, que con sus ojos puede derretir el metal y reconstruir en un instante las vías de un tren a punto de descarrilarse, pero sobre todo que es libre, que nada ni nadie lo aflige, que nada ni nadie lo detiene, que es admirado por los buenos y temido por los malos, que viene de muy lejos, de otro planeta, que no tiene padres, que es feliz.     

En el centro de la más poderosa ciudad las autoridades del nuevo imperio emergente se reunieron, dialogaron sobre el entonces desunido territorio conquistado, se levantaron sesiones y se discutió para encontrar posibles soluciones a ésta problemática; se optó por hacer llamar a los sabios de la época para exponerles el problema. –Por la fuerza hagan que todo el imperio obedezca- dijo uno de los sabios poniéndose de pié y agitando fuertemente el puño agregó: -Siembren de calamidad los caminos y las plazas, los ríos, los mares y los bosques hasta que por miedo se haga lo que se les ordena hacer. Castigo ejemplar a aquél que decida obstinarse a no cumplir nuestros mandatos.– -Pero el imperio ya está conquistado, tan sólo se mantiene hablando en su propia lengua y por lo tanto obedeciendo sólo a sus líderes locales, algunos pueblos aún conquistados se reúsan a veces a pagar el tributo impuesto. El problema es la lengua, eso crea una brecha entre ellos y nosotros. – respondió la autoridad. – El problema no es la lengua – interrumpió un segundo sabio – Los miembros de las sociedades se conquistan con las armas, pero sus corazones y voluntades se conquistan de una forma más sutil y elegante. - -Cuál es dicha forma sabio señor- preguntó con cierto cinismo la autoridad mayor. La junta se pospuso para una semana después. El sabio prometió hacer traer desde su pueblo en un cargamento la solución, la forma de arreglar el problema de la mejor forma, sin más derramamiento de sangre, sin pérdida inútil de soldados. La fecha de la siguiente sesión se fijó y las autoridades, los hombres de confianza y los sabios fueron nuevamente requeridos en el palacio principal para ese día.

El niño no se olvidó de sus historietas, pero las historietas sí se olvidaron de él, cayó enfermo, sus glóbulos rojos iban en constante disminución. Leucemia, la enfermedad pegada a su cuerpo como la uña a la carne. El niño en el hospital recibió a sus padres, un día uno, otro día el otro, pero nunca juntos, también recibió regalos, muchos otros que también corrieron la suerte de permanecer en sus cajas por siempre. La indiferencia, la apatía, son también un tipo de enfermedad. 40 historietas del hombre de acero apiladas sobre el buró son el único aliento que éste enfermo puede tener, todas y cada una meticulosamente envueltas en una bolsa plástica y ordenadas de la edición 1 a la 40. El niño toma una, la lee, deja volar su mente y la regresa intacta a la bolsa de plástico; así le enseñaron a ser, meticuloso, ordenado, cuadrado. El niño muere sin importarle mucho a nadie, los padres dejan caer algunas lágrimas pero son sustituidas inmediatamente por asuntos importantes pendientes. El niño nunca tuvo el papel de vínculo familiar, los padres se vieron nada más que para firmar algunos documentos en presencia de algún juez. La habitación se limpió, se abrieron las cortinas y se dejó al sol hacer su labor revitalizante, se aspiró, se sacudió y se acomodó, también se impregnó con esencia de pino, o de vainilla, o de alguna flor exótica, y a la habitación sí se le dio de alta para recibir al siguiente paciente, quizá otro moribundo, con alguna otra historia, con otros familiares que quizá lloren más a su paciente. ¿Y las historietas?, ¿qué fue de ellas?, se les colocó en una caja y se le entregó a su madre. –Tenga señora, los objetos de su hijo-, -Gracias doctor-, -tan sólo algunas revistas y la ropa con la que entró al hospital. Lo siento mucho.- -¿Eso es todo?- - si señora, tan sólo firme aquí de recibido-. La madre del niño camina sola por un pasillo largo del hospital, entró hace unos días llevando a su hijo de la mano, hoy sale con tan sólo una caja que será depositada en un rincón del inmenso departamento, será en poco tiempo olvidada. La pareja, desde un principio disfuncional, se desintegrará por completo, ella se quedará con el apartamento y un nuevo tipo de armonía tendrá lugar en el apartamento, otras fiestas y reuniones, mucha gente, otros hombres, otros amantes, un hombre predilecto, risas, más risas, después llanto y sólo llanto, mucho alcohol, más amantes, éstos menos duraderos que los anteriores, flores exóticas en lujosos floreros que se traen y que en días mueren, flores un día radiantes y después irremediablemente marchitas, como la vida de ella, como un cerebro separado del resto del cuerpo flotando en una bañera con alcohol, como un cuerpo separado de su cerebro caminando sin saber a dónde, mirando sin saber qué, besando sin saber a quién, muriendo, lentamente muriendo. Y la caja guardada lo seguirá siendo, con o sin polvo, su contenido intacto por años, quizá décadas. El hombre de acero atrapado en una caja. La ciudad que se ve a través de la ventana no es la misma, ahora está más sucia, tiene cicatrices de aerosol en sus paredes, tiene arrugas en su concreto, está plagada de individuos nocivos, que la escupen, que la ensucian, que le orinan las entrañas. Nadie observa ya a través de la ventana. Uno de los amantes será también un experto ladrón, se desplazará suavemente por la casa, con facilidad seducirá a la dama que la habita, y con dedicado esmero corromperá una a una las puertas en su interior, encontrará las llaves y sigilosamente revisará los contenidos de todos los compartimentos, de todos los cajones, de todos los muebles. Este amante se topará un día de frente con la caja, con curiosidad morbosa revisará su contenido, las 40 historietas verán después de muchos años la luz amarillenta de las habitaciones humanas.  El ladrón sabe su valor, no el sentimental, sino su valor en dinero contante y sonante. Las historietas son ahora, décadas después de haber sido compradas, clásicos de éste tipo de ediciones infantiles y valen, todas juntas, unas cuántas decenas de millones de dólares. Sin dificultad serán extraídas de la casa y transportadas hasta la puerta de un joven y rico coleccionista, se le venderán por la mitad de su precio y tanto para el ladrón como para el coleccionista, esto representará un jugoso negocio. Las 40 historietas del hombre de acero, tal y como el genio de lámpara, regresarán después de cumplir varios deseos a éste y a aquél, a una prisión que parece eterna; ésta vez la prisión será un cubo de metal reforzado con mil capas y encriptado con un complejo código.  Ni Superman, con todo y su visión de rayos-X, pueden ver a través de los muros que ahora lo guardan para un futuro incierto.       

Cuatro hombres de palacio cargan una pesada caja de metal hacia la sala de juntas; es evidentemente un objeto anterior a la gran devastación. El sabio los guía por los largos pasillos y el personal del palacio mira curiosamente la gran caja de metal. En la sala de juntas la lista completa de invitados se ha tachado, no ha faltado nadie al requerimiento de la autoridad suprema, todos han llegado desde muy distintos y lejanos lugares del imperio y están reunidos en silencio esperando tan sólo la llegada del gran sabio con la solución prometida. Se abre la puerta y los guardias hacen entrar al sabio. La gran caja se metal se pone sobre una suerte de mesa ante la vista sorprendida de todos. –Sabio ciudadano, qué es lo que nos has traído- Simplemente para causar expectativa e incrementar la importancia propia y la del objeto sobre la mesa el sabio hace una introducción. –Hace un tiempo se me informó del descubrimiento de un objeto particularmente curioso en mi pueblo, esto es común para mí, pues bien saben que se me informa de todos los objetos de antes de la devastación que son de pronto encontrados, y bien, se me hizo asistir al lugar donde el objeto había sido desenterrado y vi por primera vez esta especie de caja que hoy les he traído y que ahora pueden observar frente a ustedes sobre la mesa, se me había dicho que era un objeto extraño parecido a un gran cubo de metal, el objeto, fuese lo que fuese, me sería confiado, como todos los demás, para su estudio y almacenamiento. Afortunadamente para mí, el consejo de sabios en mi pueblo me había designado unos meses antes como el encargado de recuperar e investigar los objetos desenterrados de antes de la devastación- -Porqué no se me informó de éste descubrimiento antes que nada- interrumpió con un cierto grado de enojo la autoridad suprema. –Porque, señor…- explicó el sabio, -muchas veces nos encontramos con objetos similares de antes de la devastación y la mayoría de veces no son más que máquinas antiguas rotas o utensilios diversos del uso cotidiano de la gente de antes de la devastación. Todos estos objetos son almacenados, clasificados y evaluados para una futura investigación. Los pedazos de máquina que hemos encontrado son demasiado complejos para nuestro entendimiento, son pedazos de metal muy diminutos unidos a un material transparente y a otro que parece una resina de árbol flexible pero no pegajosa y que no es fácil de romper. Se hace un reporte de los objetos encontrados y después se envía ante su presencia para su conocimiento, el proceso de encontrar un objeto hasta enviar el reporte a usted puede llevarnos unos 25 ciclos, y ésta caja que tienen hoy ustedes ante su presencia no tiene más de 15 ciclos conmigo, además de que logré sólo hasta después de 7 ciclos verificar su contenido.- -Está usted diciendo señor sabio que éste cubo de metal se abre- -Así es autoridad suprema, tan pronto como vi el objeto me di cuenta de que se trataba de lo que las gentes de antes de la devastación llamaban una ¨caja fuerte¨, y que utilizaban para guardar sus objetos de más valor. Para abrirla utilicé varias herramientas con resultados negativos, hasta que hice una mezcla de algunas sustancias con el polvo explosivo que desarrollaron hace tiempo sus hombres del extremo norte del imperio, fue así que la puerta de ésta ¨caja fuerte¨ por fin cedió. Cuando pude ver lo que estaba en el interior me quedé estupefacto, yo había intuido que las gentes de antes de la devastación tenían formas muy avanzadas para guardar sus memorias, pero nunca me imaginé tener en mis propias manos evidencia de alguno de éstos artilugios. Por supuesto mantuve esto en completo secreto e informé a las personas que habían encontrado el cubo de metal y a los soldados que me habían ayudado a transportarlo, que se trataba de otro objeto misterioso sin uso aparente, informé que, como los demás, sería clasificado y almacenado para su futuro estudio.- –Basta de rodeos. Muéstrenos de inmediato el contenido sabio señor-  El sabio se acercó a la caja fuerte y tirando un poco de una manija retorcida pegada en el centro sobre un círculo con varias inscripciones, uno de sus costados se abrió. La mesa entera de invitados se levantó de sus asientos como compitiendo por ser el primero que veía el contenido de dicha caja. El sabio sacó ocho paquetes que contenían cinco almanaques cada uno, cada paquete estaba envuelto con el material parecido a la resina de árbol encontrado en otros objetos desenterrados pero éste era transparente y muy fino, más delgado y liviano que las hojas de los árboles. Con delicadeza, el sabio sacó los primeros cinco almanaques del primer paquete y los distribuyó a los asistentes siendo el primero la autoridad suprema. La conmoción fue lo que el sabio se esperaba, estar ante la presencia de las memorias de la gente de antes de la devastación era algo magnífico. Los asistentes vieron con detenimiento cada una de las páginas de los almanaques, palparon su textura, olieron el extraño aroma que se desprendía de cada página, gozaron en extremo los nítidos y brillantes colores con los que estaban diseñados y sobre todo, se maravillaron con la perfecta representación gráfica de los cuerpos y los objetos, éstos almanaques eran un ojo puesto el pasado, más de 400 años atrás, justo en el centro de la vida de las gentes de antes de la devastación.  Los asistentes contemplaron y manipularon los antiguos objetos con detenimiento y en silencio de murmullos y páginas que se doblan. –Antes de que la autoridad suprema me hiciera llamar…- interrumpió el silencio el sabio –me di a la tarea de transcribir algunos de los textos que vienen en cada una de las viñetas de estas ilustraciones, los copié con esmero intentando no distorsionar su contenido en el proceso, la transcripción fue llevada a algunos de los especialistas del imperio en letras y números de antes de la devastación, y dos días después me dijeron que el texto que les había enviado a descifrar era proveniente de algún tipo de historia o relato de el hombre que ven aquí, el recuento de las acciones y virtudes de éste hombre supremo, de alguien que, en el mundo de antes de la devastación, se daba a la tarea de salvar, proteger y cuidar a la humanidad completa de cualquier tipo de infortunio que pudieran tener, al parecer éste hombre supremo tenía una especie de poderes que ningún otro hombre tenía, poseía los sentidos más agudos superando quizá los de las bestias salvajes, las fuerzas más inmensurables, capaz de levantar pesadas cargas con una sola mano, una rapidez que le permitía parecer estar en varios lugares al mismo tiempo y señores, como pueden ver en las ilustraciones, éste hombre magnífico tenía la capacidad de volar.- Tras una larga pausa el sabio agregó: -Sin embargo, señores míos, no se precipiten a conclusiones erróneas, pues también dentro de lo descifrado por los especialistas se encontró la palabra ¨historieta¨, que al parecer era nada más y nada menos que un almanaque para los niños, creado con el único objetivo de divertirlos, de desarrollar su imaginación, de mantenerlos entretenidos. Por lo tanto deduje que éstos almanaques, por increíble que les parezca y a pesar de la gran calidad con la que están elaborados, no son más que invenciones, cuentos de niños, falacias, éste hombre supremo no es más que la creación de una mente imaginativa.- –¿Daban estos almanaques tan laboriosamente elaborados a los niños?-  rompió el monólogo del sabio uno de los asistentes a la junta. –Sí, y también por difícil que sea entenderlo, sé que éste tipo de almanaques eran fáciles de producir y se intercambiaban por un valor no muy alto, éstas representaciones gráficas que a nosotros nos sorprenden y que ni el dibujante más experto de todo nuestro imperio podría llegar a copiar eran obra cotidiana, y eran superados por representaciones gráficas aún más perfectas y elaboradas incluso con máquinas construidas para capturar imágenes, algo así como un ojo-máquina capaz de dibujar sobre un lienzo la imagen que a uno se le presenta a los ojos. Es increíble la capacidad tecnológica a la que llegaron las gentes de antes de la devastación. – La audiencia quedó en coma, los asistentes se petrificaron en profundos pensamientos e imaginaciones, los ojos perdidos en las texturas de las paredes, en los patrones de diseño de la mesa y los muebles para distraer la vista y diseñar en sus mentes las máquinas que para cada uno, podría haber hecho las veces de un ojo mecánico y al mismo tiempo un hábil dibujante. La autoridad suprema tosió y las imaginaciones se desvanecieron de nuevo en la sala de juntas. El resto de los asistentes le pusieron atención y la autoridad suprema entrelazó los dedos de sus manos sobre la mesa y mirando fijamente al sabio le preguntó: –Todo esto es sorprendente sabio señor, pero mi pregunta es, ¿cómo puede esto ser la solución a la situación de desunificación en la que se encuentra mi imperio, es acaso algo que yo no haya visto o algo que aún no sepa de estos almanaques que usted me viene a traer aquí, hay algún hechizo o encantamiento escrito en ellos que yo pueda utilizar sobre mis gentes, qué es lo que usted ve que yo aún no alcanzo a ver?, Le pido sabio señor, que su respuesta sea contundente y plena, que no queden dudas sobre una idea bien planteada y posible de llevarse a cabo, recuerde que el objetivo de ésta junta es encontrar una solución a la desunificación del imperio y no para presumir sus capacidades como investigador del mundo antes de la devastación.-  El sabio, de muchas formas incómodo con la aclaración de la autoridad suprema, consiguió reunir toda su paciencia, hacer gala de la sabiduría que se le atribuía y comenzó su discurso con gran ecuanimidad. –Señor mío, el interés que usted tiene por lograr la unificación del imperio es también mi interés, por lo tanto, el tiempo que usted ha depositado en mi es infinitamente apreciado, por consiguiente, me sé con la responsabilidad de ocuparlo de la mejor forma posible para satisfacer sus deseos, que estando yo a su completo servicio, pasan también a ser los míos. Desde hace no menos de tres siglos, tan sólo un siglo después de la gran devastación, cuando la gente se asentó nuevamente en lugares bien establecidos, comenzaron nuevamente las actividades agrícolas y el desarrollo de pequeñas poblaciones fue constante, cuando la primera generación de sobrevivientes hubo ya desaparecido y sus hijos comenzaron a retomar lo aprendido de sus padres, las deidades locales comenzaron a aparecer. Uno de los rasgos distintivos del ser humano, de antes o después de la devastación, es creer en un ser superior a él. Como usted sabe, la creencia en un ser de esta naturaleza conlleva múltiples beneficios para el creyente, quien, seguro del poder absoluto de su deidad, le hace partícipe de todos sus deseos y anhelos, lo pone a cargo de la resolución de sus problemas y aflicciones, recibe amor incondicional a cambio de la propia alabanza y los tributos que la deidad pueda requerir. Una deidad es una almohada ideológica sobre la que se recuesta una mente atribulada y consiente de que por sí sola, no es capaz de realizar todo lo que se propone. Una deidad de éste tipo es un fiel y poderoso aliado en contra de todo y de todos; responde a los ruegos, se conmueve ante las súplicas y es infinitamente bondadoso si uno sigue las reglas que su persona pueda imponer; de lo contrario, de no obedecer a la deidad, de desdeñarla o de incumplir los preceptos de su doctrina uno se arriesga a padecer los más temibles dolores, a sufrir las más terribles maldiciones por la eternidad. – El sabio hizo una pausa, respiró profundamente, exhaló lentamente y supo que la autoridad suprema sabía ya hacia donde iba el discurso, y lo que es más, parecía estarle agradando la propuesta que comenzaba a dibujarse. El sabio, tomó un poco de agua de la mitad de una cáscara seca de algún tipo de coco, la depositó suavemente sobre la mesa y prosiguió. – La solución que yo le ofrezco mi señor, es quizá la que usted se ha imaginado ya. La invención de una deidad que sea tan poderosa y tan maravillosa que sea reconocida por todos como la deidad suprema, como la fuente y la causa de todo, como la salvación y el camino único, como el depósito de todo el amor incondicional y como la amenaza más grave en caso del incumplimiento de sus demandas. -  El sabio tomó uno de los almanaques de la mesa, lo levantó ante la vista de todos y con el índice grueso y poderoso que sólo un sabio puede tener señaló al hombre supremo que ahí se mostraba. -Para unificar a su imperio señor, usted tiene que  presentarlo a Él, a la deidad que dio su vida por salvarnos a todos de la gran devastación de hace 400 años. No importa si esto no es cierto, usted lo hará cierto; no importa si la gente nunca antes lo vio, ante su poderosa imagen lo verá y lo creerá todo, se doblegará ante su gran poder y su infinita bondad y se postrará a sus pies dispuesto a hacer todo lo necesario por agradarle. Usted puede decir que la historia de ésta deidad no comienza hoy, sino que comenzó hace 400 años cuando con su infinita fuerza y poder nos salvó de la muerte durante la gran devastación a pesar de estar a punto de fallecer por nuestra causa, después de salvarnos, éste ser supremo se alejó volando y se perdió en el cielo infinito, desde donde ahora nos ve y nos vigila. Él señor, puede fácilmente pasar como el hijo de Dios. O bien, como Dios mismo hecho carne y hueso. Las pruebas señor, las evidencias que usted necesita para convencer al imperio y al mundo entero de esta nueva verdad está al alcance de su mano sobre esta mesa. Trate usted estos almanaques como los libros sagrados, modifique los textos a conveniencia y añada sus propios preceptos, reglas y disposiciones a seguir, difunda su imagen y su historia, levante monumentos y erija templos de adoración.  En unas cuántas décadas el imperio y su historia habrá cambiado para siempre; los habrá quienes duden o rechacen la nueva religión, habrá quien investigue y ponga en tela de juicio su veracidad, pero para ese entonces el cambio será irreversible y la gente estará dispuesta a morir por éste Dios si es necesario. Usted así será el creador del Creador, el que reviva al Salvador, el que derrame su luz sobre este mundo y sobre todo, el rey de un imperio unificado.

El rico coleccionista, nuevo dueño de las primeras 40 publicaciones del hombre de acero, de Superman, guardará con celo la caja fuerte en donde fueron depositadas. La almacenará en un lugar seguro y secreto, dejará al tiempo hacer su parte, como se hace con los vinos finos, se le dejará reposar y añejar, con esto, el vino será más delicioso, su aroma más penetrante y su calidad inigualable. Esas 40 historietas de Superman valdrán el doble de aquí en 15 o 20 años. El coleccionista sonríe y se felicita por su excelente compra, le pide al vendedor mantenerse al tanto de alguna nueva adquisición que pudiera interesarle y en seguida, reprende su que-hacer cotidiano. Al pasar de cada década el coleccionista revisará el precio estimado de su colección de revistas del hombre de acero, y celebrará su acierto. El valor de las historietas irá en aumento exponencial, por lo que el coleccionista, siempre acaudalado y con todo lo que el hombre de antes de la devastación pudiera desear, no necesitará ponerlas a la venta, por el contrario, dejará pasar aún más el tiempo, tres, cuatro, cinco décadas. A sus ochenta años el coleccionista está maravillado del valor actual de esas revistas, sabe que su vida no dará para mucho más y estará decidido a ponerlas a la venta en los meses por venir. Sin embargo, será precisamente en esos meses por venir que tendrá lugar la gran devastación. El fenómeno natural, político o tecnológico que hará que el mundo moderno colapse y casi la totalidad de sus habitantes perezca. La gran división que separará la historia de la civilización humana en un ¨antes¨ y un ¨después¨ de la gran devastación.  Superman, a unos cuantos meses de salir por fin de su metálica prisión, quedará sin tal esperanza. Ahora mismo, fuera de la caja fuerte, se escuchan ya las potentes explosiones que habrán de acabar con éste mundo, la caja fuerte se balancea, luego se mueve fuertemente y choca contra otros objetos, un golpe seco la abolla de un costado y la hunde en una especie de abismo, cae a salvo en un montón de tierra quizá, que la ha salvado de la destrucción completa, cientos de objetos caen ahora desde arriba y la cubren, apagan el sonido, la dejan totalmente aislada y olvidada. La caja fuerte es ahora una cápsula del tiempo que llevará al hombre de acero intacto a 400 años en el futuro. Será hasta que unos cuantos excavadores de la era después de la devastación se topen con ella, hasta que un gran sabio logre con alguna especie de pólvora vencer su poderosa cerradura, que Superman verá de nuevo la luz del día.
  
Han pasado 40 años desde que el gran rey, la autoridad suprema de éste imperio dio a conocer al Mesías de hoy, en la actualidad, a 440 años después de la gran devastación, el nuevo imperio está completamente unificado bajo esta deidad. Hay cientos, quizá miles de templos dedicados a su adoración, hay millones de imágenes que penden de ventanas, puertas y muros, hay esculturas y representaciones artísticas para alabarlo y glorificarlo. Hay estudiantes de la fe que estudian y aprenden a dibujarlo, a moldearlo en barro y a pulirlo en madera. Hay músicos que lo hacen mil cantos y poetas que lo convierten en hermosas palabras. Hay festividades y varios días al año especialmente dedicados a Él. Los niños juegan a ser cómo Él, se dejan caer un rizo del cabello sobre su frente y fingen volar, los adultos lo adoran de mil formas distintas. Todo el mundo sabe que Él existió desde siempre y que está atentamente observando desde los cielos, a donde se fue después de salvarnos. Se le llama el Superman, el hombre de acero, pero también se le llama El hijo de Dios, el Salvador, el Mesías.

Durante las semanas subsecuentes a la reunión en donde el sabio develó el contenido de la caja fuerte, los presentes fueron poco a poco asesinados por la autoridad suprema. Era imperante mantener el secreto. Sólo el sabio conservó la vida salvado por la valía de su sabiduría. Fue necesario seguir sus consejos para dar a conocer al nuevo mesías, era necesaria su presencia para garantizar el buen funcionamiento del plan, y para evitar cualquier contratiempo, también para dar la cara ante cualquier situación imprevista o interrogante popular, fue el sabio quien dio mil discursos sobre cómo fue que los almanaques sagrados fueron entregados al rey en lo alto de una montaña, sobre cómo el hijo de Dios le encomendó en persona llevar la verdad a su imperio, sobre cómo fue que el hijo de Dios nos salvó a todos de la gran devastación a pesar de poner en riesgo su vida, sobre cómo después de salvarnos subió al cielo de donde ahora nos mira, sobre porqué la fe de ésta y solamente ésta deidad debe ser celebrada y sus preceptos acatados. El sabio siguió al pié de la letra las instrucciones de la autoridad suprema so pena de muerte, de él o de sus familiares cercanos. Tres décadas después el rey, la autoridad suprema del imperio fue asesinada. El secreto de lo que sucedió 30 años atrás en aquella junta de consejo quedó solamente en manos del sabio quien vio, no sólo como inútil sino también como perjudicial, la revelación de la verdad. La gente tiene hoy su Mesías y vivirá en relativa paz basando sus vidas en sus preceptos quizá por 20 siglos más. No es necesario destruir la fantasía popular, sería cruel e inhumano. Quince años después, en su lecho de muerte, el sabio reposa y respira con dificultad en la cama de una habitación bien iluminada. De sus paredes cuelgan las imágenes de El Superman y a su lado descansa una especie de biblia con sus imágenes y preceptos. Los doctores se le acercan, hablan con el sabio y le dicen, tenga fe en Él que lo está esperando en el cielo. El sabio queda por horas callado naufragando en un mar de ideas y recuerdos. Su esposa viene a su mente, su pequeña casa escondida en un valle, los momentos gratos que pasó ahí. Los árboles que él plantó en la entrada, sus hijos, sus nietos. Varios doctores y enfermeras entran en su habitación y lo encuentran balbuceando. Sabio señor, cómo está, cómo se encuentra, le tocan la frente, una enfermera le soba tiernamente las manos. En voz áspera el sabio responde Bien, tan sólo un poco curioso sobre lo que ha de ser, sobre lo que ha de pasarme. Otra enfermera cambia las flores del rincón. El doctor sostiene fuertemente su mano. La fe mi sabio señor, debe mantener la fe, no deje que su estado físico destruya la fe. El agua de las flores anteriores huele mal, la hacen cambiar. Dicen que así fueron las últimas palabras del sabio: La fe no se crea ni se destruye, sólo se transforma, se adapta, se adecúa a las nuevas condiciones de la civilización en curso, y se le da el rostro adecuado para su presentación ante la gente. 

Monday, September 17, 2012

El velorio de Emilio

Si te asomas lo verás, estará ahí dentro seguro. Te parecerá aún vivo así vestido con ese traje de gala y con las flores en el pecho, como si respirara, como si su vientre se inflara y desinflara continuamente, muy lento, no tanto como para que no sea distinguido, pero lo suficiente como para que te cagues de miedo. Me duelen los pies dice el joven Orestes. Son los zapatos dice el capitán, su papá. En un par de horas te acostumbrarás, son tan sólo para que estés presentable en el funeral. ¿Y el ataúd lo dejarán así, abierto? Si, toda la noche, lo estarán llorando. Una anciana vestida de negro pasa sollozando lentamente a su lado. Pase usted doña Elba. En voz quebrada doblemente, por tristeza y por vejez: gracias capitán. Un pie que apenas se levanta y otro que inevitablemente ya se arrastra se alejan por la alfombra roja que dirige al ataúd. Y si eres afortunado y cuando te acerques todo está en completo silencio lo podrás escuchar. El capitán se espanta una abeja de la oreja, seguro que se metió con las flores que trajeron. El joven Orestes mueve los dedos de los pies dentro de su fino calzado negro mientras piensa. Luego, acomodándose el cuello de la corbata ladea la cabeza hacia el capitán y le pregunta en voz queda: ¿Por qué lo quiso así?. El capitán se afila los bigotes. Era un tipo muy necio y con ideas muy extravagantes, una vez le pregunté: Emilio, ¿por qué no se deja de tonterías y vuelve a escribir con la mano derecha?, Porqué la perderé en unos años y tengo que acostumbrarme a usar la izquierda. Oigan a éste, tan seguro de perder esa mano está. No se ría capitán, yo se porqué se lo digo. Y bien que lo sabía, pues él mismo se la cortaría al cumplir los 26. ¿Por qué lo hiciste Emilio? Estás loco, se te metió el diablo. Porque en éste mundo todos sufren por algo, todos guardan algún dolor, alguna desesperanza, y yo, elijo por lo menos ejercer mi derecho de escoger cuál será mi dolor, y he escogido perder una mano. Entonces estaba loco de remate papá. Que no me digas papá en público, dime mi capitán. Entonces se le había zafado un tornillo mi capitán. Así parecía ser, pero por otro lado todas sus extravagancias se alineaban siguiendo un cierto patrón, sus ideas parecían tener estructura, sus actos al fin de cuentas parecían estar estudiados milimétricamente y sustentados en sabiduría. Ahora hay silencio en el recinto, la abeja camina confiada en la espalda del capitán sin que éste se de cuenta; sólo el crujir del cuero de los zapatos del joven Orestes se escuchan. Ya se me entumieron los pies capitán. Mejor que así se queden, mejor que sientas que no están a que te duelan, como la mano de Emilio. ¿Y qué es lo que el muerto está escuchando mi capitán? Una de esas obras clásicas y larguísimas, un montón de violines y arpas y flautas y violoncelos o violas o como les llamen, una voz femenina creo, música tan extravagante como él, repetida la misma canción una y otra vez, los audífonos bien apretados sellándole los oídos y el volumen al máximo, el IPod en la solapa, así pidió que lo enterraran. Tres metros abajo, el ataúd con lujoso forro blanco de satín abullonado, la oscuridad, la tierra que le cae encima, primero golpeando directamente sobre el ataúd y aplastando las flores y luego volviéndose cada vez más imperceptible. Como si alguien lo escuchara desde dentro. El muerto con los audífonos en los oídos y la música sonando, una y otra vez la misma melodía hasta que la batería muera, preparándole, asegurándole, él decía, un camino placentero hacia el más allá. Una especie de rito mi capitán. Si, algún tipo de ritual mortuorio Egipcio adaptado a nuestra era por medio de un elemento tecnológico moderno. ¡Shhh! Haga silencio mi capitán. El sacerdote ha levantado las dos manos. Oremos hermanos.

Friday, August 3, 2012

La malparida

Ésta es la suya, y aquí tiene la suya, son pesadas, sí, pero igual tienen que ponérselas; huele a azufre, que si así huele imagínese cómo se ve. Amanda se la pone, Rodrigo también, y si se me cae, asegúrese de sujetarla bien por detrás, más les vale y no se les caiga. Pues miras para el suelo mensa, dice Rodrigo y Amanda, ay bueno ya. Amanda y Rodrigo entran con las pesadas gafas de soldador bien puestas, las manos aún sujetándolas, como para asegurarse de que no se caerán a la mitad del camino. Una decena de personas más hace lo mismo. Por aquí, pregunta Amanda y el guía, no a su derecha, y que camine de frente, hacia donde está el letrero. ¨Medusa¨ dice ahí, es un letrero rojo que brilla en la oscuridad, como el de ¨salida¨ en un cine. El olor a azufre incrementa, la oscuridad lo es cada vez más. El guía abre con un interruptor una pesada cortina roja. Detrás un enorme y grueso cristal, como una gigantesca pecera sin peces. Detrás del cristal rocas, y ramas, y tierra, y un muro altísimo alrededor con una reja hasta arriba, Dónde está, no la veo, expectantes los ojos detrás de las gafas buscan con afán su objetivo, las ramas secas, y las grises piedras frías y muertas, y las cadenas y los desperdicios óseos quebrados, todo bañado en tenue luz roja de prostíbulo. Está ahí, en el fondo señala uno, reacomodo súbito de posiciones, los cuellos estirándose lo más posible sobre el hombro del de enfrente, detrás de un arbusto de rocas secas está la Medusa, la mera mera, la vieja horrenda con la cabeza llena de serpientes, ya la vi ya la vi, está caminando la cabrona, ya nos vio ya nos vio, es toda gris la puta, sus ojos brillan ya viste, hasta se me revuelven las tripas, sigue avanzando, viene para acá, se está acercando a nosotros, desde atrás del público un ¡shhh!, y desde el frente un callado: pinche vieja mamona, y ahora en voz baja, en voz de aire rosando los tejidos guturales, Ay Rodrigo, no mames, vámonos de aquí, y Rodrigo, ahora te aguantas collona, estuviste chingue y chingue de venir aquí ahora te jodes. Y la Medusa caminando lento, como robotizada, como haciendo una diabólica rutina de taichí. Se llena la recámara de silencio, ojos de Medusa de un lado del vidrio, ojos de público del otro, los primeros preguntándose porqué no causa efecto su mirada sobre las víctimas, los segundos diciéndose unos a los otros, pero cómo está fea la malparida, ya abrió la boca, Amanda y Rodrigo también, está jadeando, y se acerca aún más al cristal, lentamente pone sus manos extendidas sobre la superficie, uñas largas, llagas profundas, piel gris de plastilina seca, el público se echa atrás inconscientemente, el guía baja el interruptor y la cortina se cierra lentamente, el público intenta obtener los últimos segundos de la horrenda visión, cuando se cierra por fin la cortina, el público se da por satisfecho. La viste, siento que se me metió en el alma, esta noche no podré dormir, cuál es el que sigue, Rodrigo saca el mapa, Amanda echa sobre él un halo dorado de luz artificial de lámpara de bolsillo, y Rodrigo sigue la ruta con un torcido dedo. Es el cíclope, en la parte superior del mapa se puede leer: Zoológico Nacional de Bestias Mitológicas.

Tuesday, June 12, 2012

Tratado invidente sobre la publicidad

Caminaba inmune al entorno por las calles. La sombra que de él se desprendía se había extendido hasta cubrir la totalidad: su amplio y nocturno universo. Había aprendido a amar lo que no estaba ahí para él; en vez de un consecuente temor a lo desconocido logró hacer las paces con el misterio de lo que, desde hace mucho, le era negado. Él era un ciego, y como prisionero en cárcel que cubre una larga condena y que con el tiempo se hace sabio, el ciego había aprendido a tolerar el silencio, a contar las horas y guardar el tiempo en su cabeza haciéndola un exacto reloj biológico, a reconocer su propia voz y a alimentarse de sonidos cada vez más nítidos y descriptivos; sembró una y otra semilla de tal o cual pensamiento o idea, y éstas hicieron blanco en tierra fértil produciendo rápidos y exuberantes frutos. Al pasar del tiempo, las semillas de pensamiento se convirtieron primordialmente en colores vagos poblando como neblina difusa la oscuridad, después se transformaron en luz de velas irradiando un poco más de claridad revelando formas más definidas y colores más intensos, pero aún tenue y fácilmente extinguible por el viento, pero muy poco después el caudal de pensamientos en su cabeza se transformó en potentes lámparas con incandescente luz chorreándose sobre imágenes precisas a todo color y de movimiento continuo. Las visiones en su mente llegaron a entrelazarse rápidas como tropicales enredaderas que, provistas de nutrientes infinitos, suben las cuestas de los árboles, de los muros, las rejas, los postes y cualquier pendiente a su paso con extrema velocidad; tal como si a la ciudad de Río la invadiera de repente el exuberante Amazonas y la ahogara en verde esmeralda y esencias clorofílicas. Caminaba invulnerable bien digo, porque los gritos de la publicidad no lo llamaban a él, no decían su nombre ni tiraban de las mangas de su camisa o pantalones; las luces que chillaban intermitentes por la calle no llamaban de ninguna forma su atención. Nada estaba ahí para él, nada tenía el poder de ocupar su mente y distraerla de visiones mucho más originales y placenteras. El ciego así, se evitaba la dura pena de caer presa de formas y colores vacíos. “Disculpen que yo vea más que ustedes” se decía el ciego pensando en los demás, en los que tienen ojos, en los que ven pero tienen la vista atrofiada. “Sea mi ceguera un antídoto a las letras e imágenes que enajenan como plaga las mentes de los demás; que se adhieren como líquenes sobre las rugosas superficies de los cerebros y lo ahogan sin remedio en una marea de basura icónica; sea mi ceguera la muralla China que defiende mi mente y que la permite concentrarse en una dulce meditación que me resulta benéficamente analgésica”. Y es que sólo el ciego, entre la multitud de los ciudadanos de aquella villa, caminaba aún por las calles de una ciudad infinitamente más bella. Para él las flores del jardín aún llenaban de colores la avenida, la pintura de los edificios estaba intacta y emitía una luz fulgurante rebotada por un Sol omnipresente, los balcones estaban llenos de amantes, plantas y pequeñas mesas con sillas para tomar el té, leer o jugar dominó, ajedrez o cualquier otro deporte intelectual. Habiendo construido este mundo de formas, luz y movimiento a partir de oscuros cimientos éste ciego se sentía un héroe y experimentaba una cierta afinidad con Narciso; un vínculo desdibujado de familiaridad; siempre gastando su tiempo en él mismo y adorándose, aquél por decisión propia mirando su reflejo en el espejo, y éste por la condición de su ceguera contemplando la sabiduría acumulada en la caverna oscura de su mundo. En fin, el ciego aprendió a exprimirse el fruto de la autoestima encima y empaparse de los beneficios de ella. A pesar de su condición física capaz de bloquear los embates del entorno, el ciego no dejó de percibir información del exterior,  leer y de alimentarse también del código escrito, pero en el mundo del braille no existe la publicidad. Las sensibles manos, que expertas en descifrar hoyos, muescas y demás accidentes en las superficies van directo al grano de la literatura. Queda, como responsabilidad del lector, escoger el tipo de lectura preferible, pero resulta más fácil separarse de la basura y evitar las distracciones. La publicidad en braille sería ridícula e impráctica, muy deficiente dada la naturaleza de un mercado restringido y de una minoría que en la sociedad se toma como intrascendente. Los ciegos, no marcan la diferencia en éste mundo, en esta civilización visual, y por lo tanto no hay publicidad para ellos que sea relevante. No hay diferentes tipografías en braille más allá de hoyos o relieves, y los colores simplemente no existen, así que el producto no está estilizado ni adornado, y queda a cargo del lector el crear las imágenes adecuadas que den sentido gráfico a lo leído y produzcan el humano efecto de la imaginación.


Un día, así tan iluminado y radiante como todos los demás, nuestro ciego, que se ha vuelto un poco nuestro a partir de que hemos descubierto un poco de su mundo y explicado sus procederes mentales, caminando sobre las baldosas de ladrillo rojo, más intenso para él que para los demás, y sin percibirlo sino hasta después de un largo minuto, comenzó de repente a flotar a la altura de las copas de los árboles. Inmerso en una especie de torbellino de ideas, imágenes y bienestar experimentó un placer absoluto, un amor desbordante por todo y todos los que lo rodeaban, una alegría suprema y estable alcanzada por años de contemplación y sabia paciencia. Su cuerpo se sintió de pronto más ligero, su corazón en extremo fuerte y saludable, su cabeza inmersa en el éxtasis de la ecuanimidad. Por instantes lo entendió todo, lo supo todo, se esclarecieron todos los misterios y se resolvieron todos los enigmas, el cosmos infinito se volvió sondable y todo fue tan fácil de entender. El ciego, suspendido sobre las cabezas de gente que creía estar viendo un milagro, sobre señoras que habían dejado caer al suelo sus bolsos llenos de comida recién comprada para persignarse tres o cuatro veces, sobre perros que frenéticos ladrando se jaloneaban las correas de las cercas a las que los habían atado, sobre los jóvenes que se cayeron de las bicicletas al dejar de ver al frente y fijar la vista arriba y de un auto que chocó contra una banquita del parque, se dijo en voz baja a sí mismo pero en voz fuerte al Universo. Precisamente porque no lo veo es que lo creo, porque mis ojos me blindan y me protegen de la realidad, porque lo que se vuelve verdadero es lo que yo sé, porque las leyes físicas del Universo están a mi merced, porque a las almas de este mundo les pido sincero perdón y les doy las más honestas gracias, porque lo amo y los amo a todos.


Unas gaviotas pasaron volando rápidamente, un semáforo se puso en verde, un tomate dejó por fin de rodar al chocar contra la banqueta del otro lado de la calle, una pareja de novios se apretó muy fuerte de las manos y el ciego lentamente descendió y puso los pies suavemente sobre el suelo; la gente lo miró como el adolescente que por primera vez conoce el milagro de ver a una mujer desnuda frente a él invitándolo a unírsele; las señoras desconfiadas recogieron sus tomates de suelo, un joven levantó su bici y se sacudió los pantalones, los perros recibieron un regaño de sus dueños para hacerlos callar, un conductor impaciente sonó su bocina para que el de enfrente avanzara. El ciego, en un delicioso letargo, continuó su camino por la ciudad más hermosa de éste planeta, la gente se olvidó de él y él se acordó de que a una cuadra de ahí lo esperaban sus amigos a comer.